Cuando una ONG piensa en financiación, normalmente piensa en dinero. Y tiene sentido. Conseguir fondos sigue siendo una de las condiciones básicas para sostener programas, equipos, estructuras y servicios. Sin embargo, hay una realidad cada vez más visible en el ecosistema fundacional y filantrópico: no todo el valor que un donante institucional puede aportar a una organización social llega en forma de dinero.
A veces, lo que más ayuda a una entidad no es una subvención adicional, sino una cesión de espacios, una mentoría estratégica, formación de órganos de gobierno, apoyo en comunicación, acceso a redes, asesoría profesional, acompañamiento en procesos de cambio o una mejora tecnológica. En otras palabras: Aportaciones No Monetarias, o ANM.
Ese es el territorio que explora el estudio Filantropía de la confianza: más allá del apoyo monetario, elaborado por Diagram Consultores para la Asociación Española de Fundaciones.
El informe ofrece una primera radiografía de estas aportaciones en España, propone una taxonomía útil para ordenarlas y, sobre todo, abre una conversación estratégica sobre su enorme potencial para fortalecer a las ONG.

Mucho más que una ayuda complementaria
Durante mucho tiempo, las aportaciones no monetarias han quedado en un segundo plano. Se han entendido como apoyos puntuales, informales o complementarios. El estudio plantea, precisamente, que esa mirada se queda corta.
La propia AEF subraya en la introducción que estas aportaciones —desde la cesión de espacios y el voluntariado hasta la formación, el acompañamiento estratégico o el acceso a redes— pueden ser una herramienta poderosa para fortalecer a las organizaciones del Tercer Sector, incrementar su resiliencia y ampliar su impacto.
Y añade algo muy importante: hasta ahora estas aportaciones han estado poco visibilizadas, escasamente sistematizadas y, en muchos casos, no reconocidas como parte esencial del trabajo fundacional.
Esto cambia mucho la perspectiva. Porque si una fundación donante o una empresas puede ayudar a una ONG no solo con dinero, sino también con capacidades, conexiones, conocimiento, visibilidad o soporte organizativo, entonces el mapa de la colaboración se amplía de forma considerable.
Y eso tiene implicaciones muy prácticas para las organizaciones sociales.
Qué son exactamente las Aportaciones No Monetarias
El informe parte de una definición sencilla: las ANM son todos aquellos apoyos que no consisten en una transferencia directa de fondos a una entidad receptora.
A partir de ahí, el estudio avanza hacia una definición más precisa y adaptada al contexto español: las ANM son el conjunto de bienes y servicios que las instituciones donantes ofrecen a las entidades receptoras para incrementar su resiliencia, desarrollar su talento y competencias y facilitar un mayor acceso al ecosistema social, económico y ambiental en el que operan, con la finalidad de garantizar un impacto duradero.
La definición es importante porque desplaza el foco desde la lógica de la ayuda puntual hacia la lógica del fortalecimiento.
No hablamos solo de resolver una necesidad concreta.
Hablamos de ayudar a que una organización funcione mejor, se profesionalice, gane estabilidad, amplíe su impacto y se relacione con más inteligencia con su entorno.
Por qué este estudio resulta especialmente relevante para las ONG
Aunque el informe está orientado al mundo de las fundaciones donantes, su lectura es especialmente útil para las ONG por una razón muy clara: les permite identificar nuevas formas de apoyo que pueden resultar decisivas para su crecimiento y sostenibilidad.
Muchas organizaciones viven tensiones muy parecidas y necesitan:
- Mejorar sus procesos internos
- Cuidar y fortalecer a sus equipos
- Profesionalizar su gestión
- Ganar visibilidad
- Contar con una estrategia
- Medir mejor su impacto
- Acceder a nuevas redes
- Afrontar cambios tecnológicos
- …
Y estas necesidades no siempre se pueden financiar fácilmente a través de subvenciones y convocatorias.
Pero todo estos ejemplos de arriba pueden ser objeto de una donación no monetaria.
Y aquí el informe aporta una idea muy valiosa: en muchas ocasiones, estas contribuciones tienen un efecto más holístico que una ayuda económica puntual.
Porque no solo financian una acción, sino que refuerzan la organización que hace posible esa acción.
Descárgate el estudio: Filantropía de la confianza: más allá del apoyo monetario
Una taxonomía que ayuda a ordenar las posibilidades
Uno de los grandes méritos del estudio es que no se limita a hablar de las aportaciones no monetarias de forma genérica, sino que las organiza en una taxonomía clara. Esto permite entender mejor qué tipos existen y qué pueden aportar en función del momento y las necesidades de cada organización.
1. Nivel operativo
Incluye aportaciones ligadas a la actividad diaria y a necesidades de funcionamiento directo, como:
- Voluntariado
- Cesión de espacios y bienes inmuebles
- Donación de bienes y servicios básicos
Este tipo de apoyo puede ser especialmente valioso para organizaciones pequeñas o locales, o para entidades que necesitan liberar recursos y reforzar su capacidad de acción en el corto plazo.
2. Capacidades de gestión
Incluye aportaciones dirigidas a mejorar las competencias organizativas y la profesionalización:
- Servicios profesionales
- Marketing y promoción
- Innovación, tecnología e I+D+i
- Estudios y asesorías técnicas
Aquí el valor es enorme para entidades sociales que ya tienen una actividad consolidada, pero necesitan avanzar en estructura, procesos, herramientas o visibilidad.
3. Nivel estratégico
Incluye apoyos orientados al liderazgo, la dirección y la relación con el ecosistema:
- Coaching y mentoring
- Networking y acceso a redes
- Fortalecimiento institucional
Estas aportaciones son especialmente valiosas para organizaciones que quieren escalar, mejorar su gobernanza, abrir nuevas alianzas o fortalecer su capacidad de adaptación y decisión.
Esta clasificación no es teórica. Ayuda a cualquier asociación o fundación a hacerse una pregunta muy útil: ¿qué tipo de apoyo no monetario sería más valioso para nosotros ahora mismo?
Qué revela la radiografía del estudio
El informe no solo define y clasifica. También ofrece una primera fotografía de cómo se están utilizando hoy estas aportaciones en España.
Entre los hallazgos más interesantes, destacan estos:
- El tamaño del presupuesto de la fundación donante no es un condicionante determinante para hacer aportaciones no monetarias
- Las fundaciones pequeñas tienden a focalizarse más en ámbitos geográficos cercanos, mientras que las grandes actúan con más frecuencia en todo el territorio o también fuera de España
- Las fundaciones grandes se orientan más al fortalecimiento institucional y a aportaciones de tipo estratégico o de gestión; las pequeñas se concentran más en apoyos operativos, como bienes y servicios
- La mayoría no ofrece un único tipo de apoyo, sino que combina varias modalidades
- Muchas aportaciones se dirigen a entidades de su zona, de su sector o que ya forman parte de su red
- La motivación principal para realizarlas es mejorar y ampliar el impacto social, fortaleciendo a las organizaciones y a sus equipos
Para las ONG, estos datos son muy útiles. Muestran que las aportaciones no monetarias no son una rareza, sino una práctica existente y con recorrido. Y sugieren, además, que muchas fundaciones están abiertas a explorar formas de colaboración más ricas y diversificadas.
La clave que lo explica todo: la confianza
Si hubiera que resumir el estudio en una sola expresión, probablemente sería esta: Filantropía de la Confianza.
El informe concluye que el gran motor actual de las aportaciones no monetarias en España es precisamente la confianza. Cuando existe una relación de confianza, las organizaciones receptoras se sienten más capaces de pedir apoyos que van más allá de la subvención.
Y, a su vez, las fundaciones donantes detectan mejor las necesidades reales de las entidades y ofrecen contribuciones más ajustadas y valiosas. Esta idea tiene mucha fuerza para las ONG. Porque muestra que las Aportaciones No Monetarias no dependen solo de tener una necesidad, sino también de la calidad de la relación con el donante.
Las ANM no son una prestación estándar. Funcionan mejor cuando hay escucha, diálogo, conocimiento mutuo y una cierta honestidad sobre lo que la organización necesita de verdad. Y aquí el informe toca un punto especialmente sensible: muchas entidades no siempre piden lo que más necesitan, sino lo que creen que el donante está dispuesto a escuchar.
Ese desajuste genera apoyos duplicados o poco pertinentes y reduce el potencial transformador de la colaboración.
Por eso, hablar de confianza es hablar también de una filantropía más madura, más abierta y más útil.
Qué posibilidades abren las aportaciones no monetarias para una ONG
Visto desde la práctica, este tipo de apoyos puede abrir oportunidades muy concretas para las organizaciones sociales.
Fortalecer la organización, no solo el proyecto
Una ayuda monetaria puede financiar una actividad.
Una donación no monetaria puede reforzar la organización que la hace posible. Esa diferencia es enorme.
Acceder a conocimiento y servicios difíciles de financiar
No todas las ONG pueden pagar asesoría jurídica, consultoría estratégica, apoyo en comunicación, tecnología o mentoring especializado.
Una aportación no monetaria puede poner esos recursos al alcance de entidades que los necesitan de forma crítica.
Ganar resiliencia
En tiempos de incertidumbre, la resiliencia organizacional importa mucho.
Las ANM pueden ayudar a mejorar estructuras, liderazgo, planificación y capacidad de adaptación.
Aumentar visibilidad e influencia
Apoyos en marketing, comunicación, networking o posicionamiento pueden ayudar a que una organización gane presencia, llegue a más aliados y refuerce su legitimidad.
Mejorar la calidad del impacto
Cuando una ONG mide mejor, organiza mejor su trabajo, fortalece a sus equipos o accede a nuevas redes, también mejora la calidad y sostenibilidad de su impacto.
Qué hace que una aportación no monetaria funcione de verdad
El informe es muy claro en este punto: no cualquier aportación genera automáticamente valor.
Su capacidad transformadora depende de varios factores:
- La complejidad del servicio ofrecido
- La madurez de la organización receptora
- El grado de adaptación a sus necesidades
- La capacidad de seguimiento y acompañamiento
Esto es muy relevante para las ONG. Porque ayuda a distinguir entre apoyos útiles y apoyos que, aunque bienintencionados, no encajan del todo.
Una buena donación no monetaria:
- Responde a una necesidad real
- Está bien definida
- Llega en el momento adecuado
- Tiene una lógica clara
- Se enmarca en una relación donde hay escucha y ajuste
Las recomendaciones del informe: una hoja de ruta útil
El estudio no se queda en el diagnóstico. Ofrece recomendaciones concretas para mejorar el diseño y desarrollo de estas aportaciones.
Entre las más relevantes destacan:
- Mejorar el conocimiento sobre el propósito y el valor agregado de las ANM
- Identificar mejor las capacidades propias de la fundación donante
- Comprender mejor las necesidades y el potencial de las organizaciones receptoras
- Entender también las necesidades del ecosistema en el que operan
- Diseñar estas aportaciones con más estructura y detalle
- Hacer seguimiento y evaluación
- Fomentar la colaboración entre fundaciones para evitar solapamientos y amplificar el impacto
Para las ONG, estas recomendaciones son también una llamada a posicionarse mejor en la conversación. A identificar lo que necesitan, a pedir mejor, a cultivar relaciones más abiertas.
Y a aprovechar estas formas de apoyo no como un “extra”, sino como una oportunidad estratégica.
Un informe para avanzar hacia una filantropía más completa
Este estudio constituye una aportación relevante para comprender mejor el valor de las donaciones no monetarias y su capacidad para fortalecer a las organizaciones del Tercer Sector. Su principal aportación no es solo conceptual, sino también práctica: ofrece un marco claro para identificar, ordenar y mejorar este tipo de apoyos, a partir de datos, experiencias y recomendaciones concretas.
Para las fundaciones donantes y las empresas, representa una oportunidad para revisar y enriquecer sus formas de colaboración. Para las ONG, abre nuevas posibilidades para pensar el apoyo recibido desde una perspectiva más amplia, más estratégica y más orientada al fortalecimiento institucional.
En ambos casos, invita a avanzar hacia una filantropía más integral, basada en la confianza, la escucha y el impacto duradero.