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Novatos de la solidaridad

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elmundo

26-12-2011je"Cuando les conté a mis padres que no iba a pasar la Nochebuena con ellos para repartir comida entre la gente que vive en la calle se han enfadado, pero al final creo que lo han entendido". Jessica, de 28 años, se ha enterado por un foro en internet de esta quedada solidaria, donde cada uno lleva lo que puede a la gente sin hogar. Mar trae una caja llena de gorros y guantes. Bea y Diego una mochilla con bocadillos. Están también Judith, de 20 años, y su madre María. Entre todos son 12.

Mar trae una caja llena de gorros y guantes. Bea y Diego una mochilla con bocadillos. Están también Judith y su madre María. Entre todos son 12

Estos espontáneos de la solidaridad parecen estar encantados de renunciar a la tradicional cena familiar para acercarse a quienes, la pasada noche, estaban condenados a pasarla en soledad. Cada uno tiene sus propios motivos personales. No es una reunión ni política ni religiosa. Hay gente que se ha sumado porque no tenía planes, como Sabrina. Hay otros, como Claudio, a los que una mala racha les ha llevado a fijarse con más atención en la vida de los otros. Solidarios, curiosos o idealistas, seres humanos que sólo pretenden ayudar a otras personas.

Se han conocido en la web www.hazloposible.org, y es la primera vez que se ven en persona. Este impulso hacia el prójimo es lo único que les une. Algunos son españoles, otros han nacido en Brasil, Argentina o Chile.

La cita es a las ocho de la tarde en una casi desértica Puerta del Sol. Tras unos minutos de conversación, inician la improvisada ruta por las calles del centro de Madrid. Primera etapa: la Plaza Mayor. Ahí, bajo las arcadas de la Casa de la Panadería, entre cartones y mantas sucias, pasan la noche no menos de 15 personas. Resulta difícil atenderles a todos, pero el primer contacto es directo y alentador, a pesar de la inexperiencia del grupo.

Mohamed sale del estereotipo del hombre sin hogar. Viste ropa limpia y está afeitado. Dice que ya han pasado otros voluntarios durante la tarde y en principio no quiere tomar nada. Al final coge un bocadillo, "pero que no sea de jamón ni de lomo", unos guantes y un zumo. De procedencia marroquí, no es la primera vez que acaba en la calle: "Volveré a salir de todo esto. En cuanto pueda me piro a un país donde haya curro".

Encontronazo en la Plaza Mayor

El segundo encuentro presenta ya más dificultades. Un hombre alto y corpulento se ha molestado porque la comitiva, a pesar de sus buenos propósitos, no se ha acercado a la esquina donde él estaba tomando cerveza y charlando en voz alta con sus amigos. Jacob, así dice llamarse este expresivo polaco, parece un gigante y da miedo. No se corta a la hora de gritar al grupo de voluntarios. Un par de chicas se asustan. Les acusa de falsos y de hipócritas, de no hacer lo mismo con todos los 'sin hogar' que duermen en la plaza.

Mohamed coge un bocadillo, "pero que no sea de jamón ni de lomo", unos guantes y un zumo. Marroquí, no es la primera vez que acaba en la calle

Afortunadamente, también acaba de aparecer Alfredo, otro indigente que duerme en un callejón que da a la calle Mayor. "Son novatos", le dice a Jacob, "no saben ni siquiera cómo comportarse, pero no te querían molestar".

"Yo no pido a nadie, pero si venís y me dais largas me estáis tratando como a una basura", protesta Jacob mientras el grupo se excusa. Sus ojos están llenos de rabia y dolor. Lleva ya tres Nochebuenas en la calle. Finalmente, él mismo decide ofrecer una cerveza que tiene a los solidarios mientras explica que él es el hombre de las pompas de jabón de la Plaza Mayor. Su Navidad será un día como cualquier otro, sin que esto le moleste o le preocupe: "Yo vivo mejor que el Rey, mirad", y con sus brazos señala la amplitud y grandeza de la Plaza Mayor.

Para evitar a los novatos otras sorpresas desagradables, Alfredo toma las riendas del grupo y encabeza la pequeña procesión hacia los puntos donde sabe que hay gente viviendo en la calle. Por Ópera, bajo las puertas del Teatro Real. Al lado de los grandes almacenes de la calle Preciados. Muchos indigentes ya están durmiendo. Todavía no son las once de la noche, pero el frío y el cansancio ya les ha aturdido los sentidos. Algunos sí agradecen un par de calcetines nuevos o un bocadillo para el desayuno. Y es aquí donde Alfredo da la segunda clase de supervivencia en las calles. "A la gente sobre todo hay que llevarle café caliente o caldo. El café es lo que más les gusta".

En las escaleras del cine Capitol está José. Lleva encima una chaqueta que hace un tiempo era blanca. Su familia no sabe que vive en la calle y él no quiere decírselo para no preocuparles. "No podrían hacer mucho por mí", añade. Todavía no ha decidido si el domingo irá o no a alguno de los comedores de caridad.

Es casi medianoche y la gente empieza a estar cansada. Unos cuantos se sientan al lado de José y se dividen los bocadillos que quedan. Habrá más noches para volver a recorrer las calles de Madrid. La próxima cita esta misma Navidad: a las 17.00 horas en la Puerta de Sol.

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