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Pupaclown, el virus de la vida

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laverdad

27-03-2011bisSueños, fantasías, ilusiones, risas, cuentos, imaginación, narices rojas, magia y unas gotas de locura alimentan el virus que hace ya casi 13 años los Pupaclown inocularon en la médula del Hospital Virgen de la Arrixaca con la sana e 'ilusa' intención de mejorar el mundo. Un virus que arraigó en el cálido corazón del doctor Miguel Ángel Gutiérrez Cantó, exjefe de Cirugía Pediátrica del hospital, empeñado en derribar «la barrera que se levanta entre el niño, que sólo con ver la bata blanca comienza a temblar, y el médico». Y en dotar de alma la atención sanitaria.

Cuando en 1998 Sopa, Sapo, Juanolo y Chufa asomaron sus rojas narices, sus llamativos atuendos, sus locos juguetes y sus irreverentes modales por primera vez, las cabezas se giraban a su paso. «Nos faltaban los payasos», recuerdan Sopa y Sapo que pensaba en voz alta buena parte del personal hospitalario.

Eran tiempos en que las camas poblaban los pasillos de la ciudad sanitaria; sus instalaciones, avejentadas, precisaban reformas urgentes; el servicio de Urgencias pedía a gritos una renovación; el hospital luchaba por convertirse en el centro de referencia para el tratamiento oncológico... Y la locura de los payasos... funcionó como un bálsamo en ese enfebrecido maremágnum de batas blancas y pijamas verdes.

Los cuatro 'aventureros' que apostaron por esta loca iniciativa, pronto se convirtieron en legión. «Los padres son capaces de cualquier esfuerzo por ver reír a sus hijos. Maldita la gana que tendrán de reírse. Muchas veces, sin embargo, cuando entramos en su habitación conviven con nosotros y lo potencian para que el crío lo lleve mejor», comenta la presidenta de esta asociación, Pepa Astillero, que ha constatado que el estrés y la ansiedad de los padres se transmite a los niños, y que la risa de sus hijos también es una herramienta fantástica para los padres. «Muchos me han dicho: 'Nunca olvidaremos lo que nos habéis dado, porque en el hospital y dentro de su proceso lo recordamos riéndose'».

Todos a una

Los polvos mágicos de Membrilla, Golosino, Fito y Pipa envuelven el hospital en un halo de buen rollo. «Consiguen que todos seamos payasos. Son mágicos», confirma el 'mandamás' del hospital, su gerente, Manuel Alcaraz. «Al personal también nos viene bien; arrancan sonrisas a todos -comenta Cristina Rodríguez, supervisora de Quirófano del Materno-Infantil-. Son una parte importante de la preanestesia del niño. Me gustaría que los padres pudieran ver por un agujerito lo que hacen con los niños». Para la subdirectora de Enfermería, está claro: «Acompañan a los niños en situaciones difíciles hasta para los adultos; las normalizan, les relajan, quitan miedos y tensiones. Es muy importante para los niños, pero también para los padres, les quitan el 80% del sufrimiento que tienen».

En trece años, estos niños con cuerpo de adultos han conseguido ser tan imprescindibles como el estéril instrumental de los quirófanos. «Forman parte de las estrategias de tratamiento que tenemos con los niños, junto a los procedimientos diagnósticos, terapéuticos y de cuidados. Sería impensable prescindir de médicos, enfermeras o celadores y ellos se han hecho imprescindibles en la atención al niño, como los maestros», añade Alcaraz. Y Chitina Martínez, subdirectora de Enfermería, añade: «Queremos conseguir un hospital sin dolor y ellos son el primer paso del protocolo».

Payasos para todo

La admiración es mutua. En esta década larga, alimentada de entusiasmo, pasión y utopía, la vida de la ciudad sanitaria ha entretejido una red de narices y estetoscopios, pañuelos multicolores y agujas, batas blancas y coloridos pijamas. La atención sanitaria ha encontrado su alma. «La calidad que ellos son capaces de poner en el Hospital Infantil, ayuda mucho a humanizar la asistencia», sentencia Alcaraz.

«Comenzamos adaptando el modelo holandés de Cliniclown, la experiencia que conocíamos, pero el trabajo en equipo que se lleva a cabo en La Arrixaca nos ha imprimido nuestro sello personal», explican los 'pupa'.

Todo se ha contaminado del virus vital de Pupaclown, tanto que ahora cuenta con ellos para todo: fiestas de Navidad, programas anuales para la Semana de la Salud y el Medio Ambiente, los Hábitos Saludables o la Lactancia Materna, atender una urgencia especial en el Hospital General... «Cuento con ellos para todo -dice contundente la subdirectora de Enfermería de La Arrixaca-. Siempre le dan un toque especial a cualquier tratamiento y situación. Se ve hasta en el personal que, cuando aparecen, le cambia la cara».

Un sueño infinito

Son miles los niños, jóvenes y adultos que se han beneficiado ya de las sedantes terapias de Pupaclown, aunque «ahora hemos tenido que dejar temporalmente el programa 'Pupajóvenes' -atiende a jóvenes de entre 11 y 25 años ingresados- por problemas de financiación, pero lo vamos a recuperar en mayo». Una lista que todos claman por ampliar. «Veo escasez de tiempo, los niños demandan que trabajen más con ellos», cuenta Pilar Mena, supervisora de Cirugía Infantil y Aislados. Y que al responsable de La Arrixaca le encantaría prolongar hasta el infinito, «dependiendo de cómo podamos ir saliendo de esta crisis. Ya me gustaría poder desarrollar una línea de atención al anciano, al paciente crónico, al paciente grave, al paciente terminal... Pero hay que abarcar lo que se puede hacer bien. Creo que, con el tiempo, lo veremos en otros hospitales de la Región. Es una buena práctica y debemos intentar extenderla a otros centros», concluye Manuel Alcaraz.

Pero si este sueño 'utópico' es hoy una realidad en continuo crecimiento, es gracias a la proteica imaginación de los pupaclown. Conociendo a todos estos niños, que en muchos casos sufren secuelas que les obligan a vivir en sillas de ruedas, encamados, enganchados a sueros o bombonas de oxígeno, que se quedan ciegos o sordos..., se dieron cuenta de los problemas a los que se enfrentaban estos pequeños pacientes y sus familias. Una situación que tratan de paliar con 'Pupaclown fuera del hospital', un programa en el que los payasos colaboran en la incorporación a la vida normalizada de los niños y jóvenes cuando son dados de alta. «Nos dimos cuenta de que tenían muchos problemas. Me impactó el caso de una niña que tenía una enfermedad hematológica rara que le obligaba a ir vendada hasta el cuello cuando la llevábamos a las actividades en la calle. Notamos que nada estaba adaptado para este numeroso sector de la población y resultó muy evidente que existía una carencia ante la discapacidad fuera del hospital, que está muy escondida. Una necesidad sencilla de solucionar si se piensa un poco, si se construye teniéndolo en cuenta. Ahí estaba la clave. Si esto se hiciera por todo el mundo, para ellos la vida sería sencilla», cuentan casi a coro Juan Pedro Romera y Pepa Astillero, que, siguiendo la estrategia de una solución para cada necesidad, se empeñaron en construir un espacio para ellos: el Centro Escénico de Integración Social Infantil y Juvenil Pupaclown. Del mismo modo que ahora investigan en el campo de la comunicación con los niños sordo-ciegos. «Tienes que dar posibilidades a todos los niños. Esto no funciona como la democracia, todos y cada uno de los niños tienen derecho a ser niños», recuerda Romera.

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