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La reconstrucción de viviendas es asumida por voluntarios

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A los oídos de los habitantes de Constitución, el ruido de los martillos y de las sierras es como una sinfonía. De todos los confines de esta ciudad, una de las más afectadas por el terremoto, la gente acude a ver como surgen nuevas viviendas, donde hace unos días sólo había escombros.

Los albañiles son voluntarios de Un Techo Para Chile (UTPCH) y se les reconoce por la camiseta con los colores de la organización y por el optimismo que irradian. Se sienten orgullosos y con justa razón pues el gobierno les asignó la tare, o más bien la epopeya, de levantar 30.000 casas en la zona de la catástrofe. En verdad, la UTPCH es algo así como el brazo operativo del Ministerio de Vivienda en el sur de Chile.

“Después de tanta tragedia es un milagro ver como en tan poco tiempo estos muchachos son capaces de levantar unas casas que no son temporarias. Son de madera, sólidas, acogedoras, con todo lo necesario para vivir. Lástima que a mi edad no pueda echarles una mano a los constructores. Más bien sería un estorbo”, dice Hermegildo, un taxista que perdió su hogar con todo lo que había adentro. Quedaba cerca de la desembocadura del río Maule, y el mar la hizo estrellar contra un espigón. Afortunadamente, la familia había no estaba cuando sobrevino el desastre.

En horas de la mañana, un individuo de porte marcial, con un crucifijo puesto en la solapa de la chaqueta, vino a inspeccionar las obras. Felipe Berríos, fundador de UTPCH, arengó a su gente como un oficial a su tropa. “Deben entregar esperanza a las familias y colaborar en la reconstrucción del país, que no sólo necesita levantarse físicamente sino también anímicamente. No pierdan el tiempo. Hagan un trabajo perfecto y rómpanse el lomo”.

Nadie mejor que Berríos sabe que a esa cuadrilla no hace falta decirle que haga un buen trabajo ni que rinda al máximo.

ELMUNDO.es los conoció hace un año en Buenos Aires, donde fueron a construir viviendas para los pobladores de los barrios muy pobres. En esa oportunidad tuvieron que construirlas sobre pilotes, pues el terreno era un lodazal. Recientemente se pudo comprobar que las casitas resistieron con holgura las tormentas que han azotado a Buenos Aires y sus entornos. Adornadas con macetas de flores y pintadas de colores vivos, ofrecen un alegre contraste a las precarias covachas donde se alojan los paupérrimos de Argentina.

Acabar con los barrios más miserables

En ese país no hay terremotos pero la negligencia de los gobiernos surte el mismo efecto.

Los materiales que utiliza UTPCH son resistentes pero no caros. ¿Cuánto le costaría a las autoridades argentinas financiar un proyecto semejante al que ahora se lleva a cabo en Chile? Porque antes de que fuera necesario ayudar a los damnificados, esta ONG se impuso la tarea de erradicar los “campamentos” (barrios más precarios) de la faz de Chile.

En este país subsisten 533 campamentos donde habitan 28.578 familias. “Hay que reventar ese absceso antes de que concluya el 2010, que es el año del Bicentenario”, afirma Cecilia Martínez, jefa de UTPCH en la provincia sureña de Osorno.

La ONG que en estos días se rompe el lomo para proporcionar vivienda a los que la perdieron, nació en 1997 como un proyecto puntual que tenía por meta construir 350 casas para los pobladores de Curanilahue. La idea fue sumando voluntades, el equipo cuenta con ingenieros, arquitectos y abogados, y en el 2001 prestó ayuda a otros países latinoamericanos como El Salvador o Perú.

“Yo creo que los que más se benefician con este trabajo somos nosotros. Ver la gratitud en los ojos de la gente vale más que ser gerente de una empresa multinacional”, dice Juan Pablo, uno de los jóvenes albañiles.

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