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No pudimos rescatar a nadie con vida´

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Regresan a Tenerife dos Bomberos Sin Fronteras desplazados al país caribeño

MIGUEL ÁNGEL AUTERO | SANTA CRUZ DE TENERIFE Reyes de Miguel y Víctor Manuel Hernández, los dos bomberos tinerfeños que han participado en las labores de búsqueda y rescate de las víctimas del terremoto que ha asolado a la capital haitiana, regresaron ayer a la Isla. Vuelven con el cansancio marcado en el rostro y la sensación agridulce de no haber podido rescatar a nadie con vida bajo los escombros de Puerto Príncipe.

El vuelo que los traía de vuelta iba a llegar con retraso a Los Rodeos. Esta vez, según confirmaron fuentes de AENA, la culpa la tenían los controladores de Francia, declarados en huelga. Sobre las diez y veinte de la mañana estaba prevista su llegada, pero el avión no aterrizó hasta las 11:35 horas. Sus familiares y algunos compañeros aguardaban con impaciencia el regreso de los dos voluntarios de Bomberos Sin Frontera (BSF) que se marcharon a Haití hace más de una semana para participar y cooperar en las tareas de rescate que, bajo las órdenes de la ONU, se están llevando a cabo en Puerto Príncipe y en barrios periféricos afectados por el seísmo como Carrefour, Cité Soleil, Leógane o Jacmel, entre otros.



Víctor Hernández trabaja en el parque de Bomberos de la capital tinerfeña mientras que Reyes de Miguel tiene su puesto en el aeropuerto de Los Rodeos. Ambos son voluntarios de la ONG y, tal y como dijeron ayer, "no dudamos en ningún momento en viajar a Haití para trabajar. Sabíamos que nos íbamos a encontrar con una desolación tremenda en un país que ya de por sí padecía una pobreza extrema" antes del terremoto. "Nos encontramos con mucha desolación y enorme tristeza". Así reflejaba la situación Reyes de Miguel en sus primeras palabras a los medios de comunicación en la terminal de llegadas del aeropuerto tinerfeño.

De Miguel reconoció que se sentían tristes por no haber rescatado a ningún superviviente entre los escombros aunque señaló que "hemos trabajado tan intensamente durante tantas horas, día y noche, que hemos tenido suerte de trabajar con mucha vida alrededor; hemos ayudado en todo lo que podíamos, a niños, mujeres y hombres pero por desgracia lo único que sacábamos de los edificios destrozados eran cadáveres; no es lo más agradable pero estamos para esto. Unas veces tenemos suerte y otras, no". Recuerda que "una noche, cuando íbamos a salir del campamento en el que descansábamos para continuar con la búsqueda de posibles víctimas, nos dijeron que si estábamos locos por la inseguridad que había a esas horas. Respondimos que eso nos daba igual porque habíamos ido para trabajar en las condiciones que fueran y punto. Una de las últimas noches sí palpamos esa inseguridad todos los compañeros, estábamos más tensos al ver cómo las personas de aquella ciudad comenzaban a acercarse más a nosotros, sabíamos lo que buscaban pero no sabíamos si nos iban a respetar o no".

Víctor reconocía que le conmovía todo lo que veía en las calles de Puerto Príncipe. "Cómo la gente improvisaba mercados, trapicheaban con la miseria que les quedaba para comer; los niños desolados y solos en la calle, los cuerpos sin vida de centenares de personas permanecían a la vista de todos, sin que nadie se hiciera cargo de ellos, unos estaban tapados y otros seguían tal y como habían muerto", recordó. "Lo que veíamos era dantesco: habían viviendas de madera que aguantaban de pie por ser un material con más elasticidad y, en cambio, las casas de las zonas más pudientes se habían colapsado porque el cemento con el que se construyeron era de muy mala calidad; se veían hierros sin unir con cemento; donde había un colegio de cinco plantas, de unos 15 ó 20 metros de altura, había quedado reducido sólo a un par de metros de escombros (...)".

Hernández reconoció que ésa era la imagen habitual de los primeros días pero "luego, la situación cambió y después de que las posibilidades de encontrar a alguien con vida fueran prácticamente nulas, nos aconsejaron irnos a República Dominicana porque la solidaridad y la tranquilidad de los supervivientes se había transformado en desorden, en caos e inseguridad". Ambos reconocen que esa situación es normal y se hubiera producido en cualquier país ante una catástrofe de esta magnitud porque "pasan los días y no tienes nada, no tienes qué comer ni qué beber y tampoco tienes a dónde ir".

De Miguel destacó que las prioridades ahora son tener "comida, agua y sanidad porque ya están apareciendo las primeras epidemias". La inseguridad que se vive "es lo normal, es un pueblo que pasa hambre porque no llega ni la comida ni el agua. Buscan y cogen lo que sea, conviven con los muertos en la calle (...) Lo que se necesita allí es un contingente importante de ayuda, con muchos países implicados en esa labor", subrayó.

Ambos estimaron que la cifra de muertos dada por las autoridades quedará superada con creces.

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