Imprimir

De vertedero de basura a recicladora de vidas humanas

on . . Visitas: 559

elmundo

28-07-2011Chureca significa basura, pero también es sinónimo de transformación, cambio, futuro y esperanza. Ese es el nombre que reciben en la ciudad de Managua, la capital de Nicaragua, uno de los vertederos más grandes del mundo, en el que todavía viven casi 2.000 personas de la recogida de material para su reciclaje. Después de décadas de miseria, el fin de este macroasentamiento de chabolas está cerca.

Aunque reconocido como depósito de basura en la década de los setenta, la zona de la Chureca acoge basuras y desechos de todo tipo desde que en 1947 comenzó a depositarse en esta zona de la ciudad, por entonces deshabitada, basura procedente de barrios más pudientes. "La municipalidad tuvo que empezar a controlar esto porque era un foco de infecciones, enfermedades y putrefacción. Y la gente del campo que no sacaba plata suficiente y acudía a la capital en busca de un porvenir acababan aquí, en La Chureca", explica Jorge Larios. "Pero todo esto está cambiando, y afortunadamente ya nada es como antes".

El depósito de basura comenzó en 1947, cuando aún era una zona deshabitada de la ciudad.

Ese ya nada es como antes viene de la mano del trabajo de organizaciones sociales locales y extranjeras como la CTCP, sindicatos de trabajadores, Intervida Nicaragua y otras ONG locales. También del dinero, en gran medida español -vía Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID)- que está modificando radicalmente la realidad de La Chureca. El plan es sencillo: sellar el vertedero -reducido ya a un 10% del terreno que llegó a ocupar- al mismo tiempo que se ofrece formación a los churequeros para trabajar en la planta que se ha levantado en la zona y que incluye varias empresas: una generadora de gas y energía, una fábrica de abono y una planta de reciclaje.

"La idea es que todos los que hoy recogen y escarban en la basura, acaben como trabajadores de la factoría que se han levantado junto a la zona", explica Jorge Larios. Paralelamente, las máquinas trabajan a pleno rendimiento para acondicionar el terreno donde ya se ha comenzado a levantar viviendas baratas para los churequeros. Donde antes había una montaña de basura de 30 metros de altura, ahora hay un inmenso solar elevado sobre el que se ha proyectado un parque. "Todos los que vivimos aquí queremos llevar una vida lo más digna posible. Y creo que podemos conseguirlo gracias a la ayuda extranjera".

El vertedero, una indigerible realidad

Mientras eso ocurre, la realidad del vertedero continúa siendo una estampa difícil de digerir. El hedor nauseabundo rellena cada hueco de aire respirable, el humo de la combustión espontánea de los desechos nubla la vista y las pisadas se hunden sobre un suelo blando y correoso. Las figuras humanas que aparecen en mitad de la neblina sobre la inmensa montaña de basura se afanan frenéticamente por rastrillar el contenido que depositan más de trescientos vehículos que cada día acuden a depositar basura en el vertedero de La Chureca, en la ciudad de Managua. Todo un monumento a la miseria humana de cuya existencia nadie se ha responsabilizado durante décadas hasta que se ha convertido en un grave problema de salud pública para la ciudad y la peor estampa publicitaria para la Nicaragua de Daniel Ortega, el segundo país más pobre de América.

Entre las cinco de la madrugada y el mediodía, más de 300 vehículos depositan 1.000 toneladas de basura diaria

La Chureca vive rodeada de eufemismos como el de llamar barrio a Alcahualinca, la aglomeración de chabolas de madera y chapa que circunda al descomunal vertedero surgido a comienzos de la década de los setenta del siglo pasado. Allí, en una zona sin fronteras físicas con la basura viven casi 300 familias, con una media de seis miembros por cada una de ellas. A ellos hay que sumar las más de 5.000 personas que diariamente acuden al lugar a buscarse, literalmente, la vida.

Alejada ya la siniestra imagen de seres humanos y zopilotes -el más común de los buitres de la zona- peleando por restos de comida, los churequeros viven hoy de la 'moderna' industria del reciclaje. Aquí, sobre una montaña de basura de más de 40 hectáreas junto al contaminado lago Xolotlán, 80 camiones recolectores que recorren 47 rutas de la capital nicaragüense depositan diariamente 1.000 toneladas de basura entre las 5 de la madrugada y el mediodía. Además, hasta 250 camionetas particulares acuden a diario a hacer lo mismo.

La simpleza del trabajo es abrumadora. Cuando se divisa a lo lejos la entrada de un camión en el recinto, un operario señala, bandera roja en mano, el lugar donde debe volcar la basura que transporta. Para entonces, cientos de personas esperan, armados con rudimentarios rastrillos y bolsas a la espalda, para lanzarse a remover todo el contenido de lo vertido en busca de algo útil para el patrón a cambio de un puñado de pesos. Casi todo vale, aunque lo más cotizado son los restos de cobre, el aluminio o la pichinga, nombre habitual del plástico. Papel, madera, restos de zapatos...

"Me gusta venir aquí porque me saco unos pesos", relata Ángel, un crío de siete años que apenas supera el metro de estatura. Cabrían dos o tres como él en la bolsa que transporta a su espalda. "Me gusta conseguir plata, aunque al colegio voy por las tardes", asegura a modo de excusa no solicitada antes de salir corriendo y saltando entre basuras tras divisar una nueva bandera roja ondeando a lo lejos. "Hay muchos niños en su situación", explica Jorge Alberto Larios, secretario general del Sindicato de Recicladores de la Chureca. "Pero procuramos que por lo menos pasen la mitad de la jornada en la escuela".

Zona del vertedero ya sellada y lista para urbanizar. Al fondo, el lago Xolotlán. | N. G.

Zona del vertedero ya sellada y lista para urbanizar. Al fondo, el lago Xolotlán. | N. G.

A Máximo, de 34 años, lo que más beneficio le reporta es el aluminio de las latas y el plástico de los envases. "Saco unos 200 pesos diarios, que dan para ir tirando. No hay mucho trabajo fuera de acá y una vez que te has acostumbrado, la rutina te impide ver lo malo de este trabajo", asegura en un receso de la jornada, bajo la agobiante losa del sol de mediodía. "Aquí no hay problemas de violencia frecuentes, porque casi todos nos conocemos. Incluso estamos organizados a la hora de recoger los materiales y casi no suele haber peleas".

De la búsqueda de comida al reciclaje

"Esto, como todo, también evoluciona. Originariamente aquí se venía a comer lo que se encontraba entre las basuras, ése era el principal sustento de la gente", explica Adrián Martínez, de la Confederación de Trabajadores por Cuenta Propia (CTCP). "Después la industria empezó a reciclar mucho metal y aquí llegaban nos buscábamos la vida reciclando los chasis de coches y todo tipo de vehículos. Ahora, que se recicla casi todo, hay mucho trabajo acá".

La Chureca se asoma al lago Xolotlán, el segundo mayor del país gracias a sus 1.049 kilómetros cuadrados de extensión. Su idílica imagen, dominada por la imponente visión del volcán Momotombo, contrasta con la lacerante realidad de unas aguas contaminadas por el continuado vertido de las aguas residuales de la ciudad de Managua desde hace más de siete décadas. No fue hasta 2009 cuando el gobierno nicaragüense, gracias a inversiones extranjeras, no puso en marcha un tímido plan de saneamiento de las aguas del Xolotlán.

El plan para la desaparición de La Chureca está ahora muy cerca de culminarse, y las autoridades locales esperan que para finales del presente año La Chureca haya desaparecido como vertedero por completo. De conseguirlo, Nicaragua habrá pasado una de las páginas más negras y putrefactas de su historia.

Utilizamos cookies para mejorar nuestro sitio web y para ofrecerle contenidos más interesantes. Para obtener más información sobre las cookies y cómo eliminarlas, consulte nuestra Política de Privacidad.

Sí, acepto cookies de esta web