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De la miseria y la pobreza

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laopiniondezamora

En Benavente, gracias a Dios, vivimos un ambiente de cierta tranquilidad, sin los sobresaltos de la mayoría de los lugaresmiseria donde los aumentos de impuestos han sido dañinos para los pequeños emolumentos de pensionistas, parados, funcionarios y obreros; tenemos la suerte de disfrutar los servicios de un Alcalde a tiempo total, sin fiestas ni fines de semana, una persona cualificada y dedicada en cuerpo y alma a su Benavente, que es tanto como decir, a nosotros; pero no faltan los personajes que con músicas que suenan a ansia de poder, envidia y afán de desmedido protagonismo, pretenden desprestigiar lo que a todas luces está de manifiesto; claro que no hay mejor sordo que el que no quiere oír y algunos siguen, fogosamente, los pervertidos cantos de sirenas que nos llevarían al naufragio y al desastre que ya tuvimos.

Hablando de estos temas, a nivel nacional, me comentaba un amigo que con estos gobernantes, que desgobiernan con regalos a las autonomías separatistas y ricas, a los jubilados ya no hay quien nos quite de la pobreza; que, todos nosotros, acabaremos cobrando la pensión no contributiva y, mientras, el responsable de nuestra lamentable situación, el que prometió la viabilidad del sistema de pensiones y no pasaba nada, vivirá feliz y regaladamente con sus ex ministra.

No tardé en decirle que, en su manera de hablar, desestimaba la pobreza al tratarla de miseria; que, la pobreza, es una virtud cristiana que se codea con la dignidad, la humildad y las demás virtudes; que la virtud es el buen uso del libre albedrío, como definió San Agustín en De Libero Arbitrio; y según el diccionario de la Real Academia de la Lengua (RAE), la pobreza es, la dejación voluntaria de todo lo que se posee, y de todo lo que el amor propio puede juzgar necesario; Séneca, dice al respecto, «no es pobre el que tiene poco, sino el que mucho desea».

Y, la Miseria, según el diccionario, es estrechez, falta de lo necesario para el sustento o para otra cosa.

Luego, nosotros que pedimos como preciso el pan nuestro de cada día, gracias a Dios, éramos pobres, teníamos lo necesario para vivir con dignidad, y, fatalmente, estamos siendo arrastrados a la miseria por un grupo de desalmados avariciosos, envidiosos y mentirosos; porque la avaricia, es afán desordenado de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas; la envidia, el deseo de algo que no se posee y tristeza o pesar del bien ajeno; y las mentiras de estos gobernantes del Partido Socialista Obrero Español, se repiten y se repiten.

En Benavente estamos tranquilos habiendo dejado nuestras esperanzas en un alcalde que ya ha respondido bien, pero es una lástima que la sociedad española, a la que sirvo, no distinga claramente el bien del mal, la iniquidad de lo ético, lo oportuno de lo innecesario, eligiendo, por simple y perversa avaricia, por una trasnochada y envidiosa rivalidad ideológica, por un despecho basado en pretéritas razones personales y familiares, por engañosas y controvertidas sinrazones históricas, a los actores políticos que regulan sus vidas; esas personas que tienen el poder de administrar los bienes comunes, de quienes depende el bienestar de todos.

Estamos lamentando, en nosotros, el drama del TIMO POLÍTICO; se han usado la desmedida avaricia de los más desgraciados y la mentira reiterada para llegar al poder sin más fin que mantener el sillón hasta destruirnos moral y económicamente. Estamos sufriendo la influencia y manipulación del desgobierno, en los poderes del Estado.

Ya, el bienhechor de sus hermanos sevillanos y dirigente de aquel Clan de la Tortilla, aquel Guerra, que en paz esté, dijo que «se acabó Montesquieu»; fue tanto como decir: se acabó la democracia, ¡viva la dictadura del PSOE! Así nos va.

Al final, todo el engaño, termina con la miseria para los más desgraciados: pensionistas, funcionarios y obreros. Siempre pagamos los más débiles.

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