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Acción contra el Hambre denuncia la inseguridad de los cooperantes

Escrito por diagramgen on . . Visitas: 846

accioncontrahambre lhCoincidiendo con la celebración, mañana 8 de septiembre, del Día del Cooperante, la ONG Acción contra el Hambre denuncia que el espacio humanitario, es decir el territorio en el que las organizaciones humanitarias pueden ayudar a las víctimas de crisis y conflictos, se está reduciendo de forma alarmante en muchos lugares del mundo, en gran medida debido a la violencia y a las trabas políticas.

Según afirma la ONG, los cooperantes se están convirtiendo en el blanco directo de los grupos armados, dificultando enormemente el acceso a las víctimas en las condiciones mínimas de seguridad para los equipos sobre el terreno. A la amenaza de la inestabilidad política se suman ahora ataques directos, secuestros o extorsiones, por grupos terroristas o milicias en regiones más como Sahel, Cuerno de África u Oriente Medio, obligando a las organizaciones a una suspensión temporal o definitiva de los programas de ayuda.

Garantizar la seguridad con personas, mecanismos y estructuras

La lección aprendida de todo esto es que las organizaciones humanitarias deben incorporar mecanismos, estructuras e incluso personal centrado en la gestión del riesgo en sus operaciones. Es algo que Acción contra el Hambre lleva realizando años. "Somos las propias organizaciones, en primera instancia, las responsables de nuestra seguridad y esto debemos hacerlo de una forma profesional que, en la ecuación del riesgo (amenaza x vulnerabilidad) nos permita disminuir nuestra exposición al peligro", explica Gonzalo de Palacios, referente de seguridad en Acción contra el Hambre. Para cada una de sus misiones, la organización evalúa el nivel de riesgos y busca un equilibrio, que a veces puede ser muy tenue, entre los riesgos que pueden ser asumidos por los equipos y el impacto operativo de las actividades.

La estrategia de seguridad de Acción contra el Hambre está basada en dos pilares principales: la aceptación de la organización por parte de la población local y la protección a través de estrictos protocolos de seguridad. Todo empieza por una definición del mandato y rol de la organización en el país de intervención y el análisis detallado y constante del contexto de trabajo. A continuación debe realizarse un análisis exhaustivo de las amenazas y de los riesgos, actualizado continuamente y, sobre la base del mismo se diseñan los procedimientos y herramientas de seguridad para cada país que todo cooperante debe cumplir como por ejemplo los límites en los horarios de circulación, vigilantes nocturnos en las casas u oficinas, comunicación constante por radio o teléfono satélite durante los desplazamientos, etc.. En casos de incidentes hay que realizar una gestión adecuada de la crisis y terminar el proceso extrayendo conclusiones y retroalimentando un proceso que, por su naturaleza, debe actualizarse continuamente.

Un facilitador y no un obstáculo

De cara al futuro, la gestión del riesgo podría mejorar si se tratase la seguridad como un facilitador y no como un obstáculo. "Si las amenazas contra personal internacional crecen en una zona conflictiva, retirarnos y no actuar no es la única opción posible: podemos seguir proveyendo ayuda a través de personal nacional o de nacionalidades menos expuestas, o cambiar el perfil de visibilidad de la organización trabajando de una forma más discreta", comentan desde la ONG.

"En cualquier, caso, la respuesta final al problema solo puede ser una: el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario que establece el acceso libre y directo a las víctimas de crisis humanas", puntualiza Olivier Longué, director general de Acción contra el Hambre.

SERVIMEDIA.

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