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Del negro al blanco

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Mas de 100.000 surafricanos blancos sobreviven en suburbios de miseria, asediados por la crisis económica

Aveces los grandes titulares desvían la atención de los detalles pequeños, donde se esconde buena parte de la sustancia informativa. Suráfrica vive este año embutida entre dos acontecimientos rutilantes, de esos que generan ríos de tinta y entradas en las enciclopedias. En febrero conmemoró el vigésimo aniversario de la liberación de Nelson Mandela después de 27 años en el penal de Robben Island. Y el país se apresta además a exhibirse a los ojos del planeta en el Campeonato Mundial de Fútbol, entre el 11 de junio y el 11 de julio próximos. Ante tamaña agenda palidecen otras realidades del país sudafricano, como la durísima crisis económica que lo tiene postrado y la aún incompleta integración de su población. Estas imágenes representan una curiosa síntesis de ambos fenómenos.

Los desastrados habitantes de este campamento suburbial de la ciudad de Krugersdorp son surafricanos renegridos por la mugre y por las circunstancias. Forman parte de una creciente legión de blancos, muchos afrikaners descendientes de los colonos bóers, a los que la recesión y ciertos cambios en las leyes de arrendamientos han dejado con lo puesto. Se calcula que viven por debajo de la línea de pobreza unos 450.000, el 10 por ciento de la población blanca de Sudáfrica, que representa, a su vez, casi el 10 por ciento del total.

Los moradores de 'Parque Coronación', esta especie de 'bidonville' fino, son los pobres entre los pobres de la minoría racial surafricana. En su misma situación hay unas 100.000 personas, despojadas, incapaces de pagarse una vivienda digna y salubre, y menos aún de juntar los rands necesarios para emigrar a Holanda, la madre patria. Comen gracias a la ayuda alimentaria facilitada por ONGs, caridad distribuida por voluntarios negros. Es una de esas jugarretas que gasta la Historia a la vuelta de alguna esquina.

Drama común

Según un antiguo estudio de Naciones Unidas, el número de blancos depauperados pasó del 1,5 por ciento en 1995 al 7 por ciento en 2002. Ahora son más, aunque no constan cifras oficiales. Sin embargo, el drama de estos descamisados es casi excepcional. De hecho, lo suyo podría considerarse una gota en el mar. Más de la mitad de la población negra sigue por debajo del umbral de la pobreza porque nunca logró salir de ella. A pesar de la emergencia de una clase media negra acomodada -los llamados 'diamantes negros'-, en gran medida alrededor de los círculos de poder del Congreso Nacional Africano (ANC), la mayoría no ha sido partícipe del 'milagro' sudafricano. El desempleo, la pobreza, la delincuencia y el sida siguen causando estragos y más de 1,1 millones de familias se hacinan en los suburbios de las grandes ciudades.

Como en tantos otros países, se han coronado las cimas más difíciles y se tropieza en las más sencillas en apariencia. Sudáfrica ha desmantelado el 'apartheid', exhibe una coexistencia racial impensable hace dos décadas y una economía emergente a pesar de la crisis. Ahora tiene que marcar el gol definitivo. Se llama justicia social y reparto de la riqueza. Para negros y para blancos.

 

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