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El zoo de los animales medicamento

Escrito por diagramgen on . . Visitas: 640

elcorreo

Son animales extremadamente valiosos. Auténticos tesoros de la biotecnología. Por eso se21-01-2013ja2 crían en un entorno de alta seguridad, protegidos de patógenos que puedan amenazar su salud. Nada más nacer, los científicos les toman una muestra de ADN y analizan su genoma en busca de la secuencia adecuada, aquella que hará que su cuerpo sintetice el fármaco deseado para tratar una enfermedad humana.

A Pampa Mansa, una vaca transgénica cuya leche incluía la hormona de crecimiento humano para tratar el enanismo, la llevaron a un bonito jardín cuando empezó a dar leche. Entonces, cientos de cámaras la apuntaron y los 'flashes' la iluminaron. Pocas horas después, su imagen había dado la vuelta al mundo. Era el año 2002 y se convirtió en una estrella de la ciencia. Creada por la empresa Bio Sidus, era la primera vaca medicamento. Esta historia se repite para la inmensa mayoría del ganado transgénico diseñado para mejorar la vida de los humanos con los medicamentos que fabrica su cuerpo.

No es para menos. "La capacidad de producción de fármacos de estos animales es impresionante", asegura el veterinario Jonatan R. Sánchez-Osorio, que trabaja en clonación y transgénesis en la Universidad de Murcia. Un solo animal produce en un año la cantidad necesaria para abastecer a toda la población mundial de enfermos de alguna patología rara.Se llaman así las que afectan a 5 de cada 10.000 habitantes. "Cada vez serán más frecuentes las granjas de animales de este tipo", augura.

La creación de estos animales despegó en los años 80, cuando la ciencia descubrió que un gen podía transferirse de una especie a otra, integrarse a su genoma, ser funcional y transmitirse a la descendencia. Con esta premisa y los enormes avances en tecnologías de biología molecular y reproducción asistida, los científicos concluyeron que los animales son reactores ideales. Son seres vivos con todo su engranaje metabólico perfectamente pulido para fabricar proteínas humanas, esas moléculas enormes y complejas que tantos quebraderos de cabeza les estaba dando sintetizar en el laboratorio.

'Reprogramados'

Antes de Pampa Mansa -cuyo medicamento aún está pendiente de ensayos clínicos-, hubo otras especies ganaderas que abrieron paso. La primera oveja transgénica, Tracy, nació en 1991. Producía en la leche alfa 1-antitripsina, una enorme proteína útil para tratar la fibrosis quística, una enfermedad que afecta los pulmones. Pero las hijas de esta oveja no producían tanta proteína humana en su leche.

Este problema se solucionó con los avances en clonación representados por la oveja Dolly, obra del mismo equipo que creó a Tracy, liderado por Ian Wilmut, del Instituto Roslin de Edimburgo. Desde entonces, los científicos pueden criar en el laboratorio animales modificados genéticamente exactamente iguales para usarlos como fábricas de moléculas.

"Una de las grandes virtudes de estos medicamentos es su extraordinaria selectividad. Actúan en el lugar específico donde deben hacerlo", apunta Santiago Cuéllar, del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos. "Antes de la invención de los fármacos biotecnológicos o biofármacos, los compuestos se obtenían de la sangre de animales. Se criaban, se inmunizaban, se les extraía suero y se seleccionaba la molécula deseada". Los productos obtenidos así provocaban más rechazo inmunológico por la variada mezcla de proteínas animales que incluían en su composición.

"Hoy en España se comercializan 104 biofármacos en 313 formatos distintos. En su inmensa mayoría, sirven para tratar enfermedades autoinmunes, cáncer, hepatitis y el defecto congénito de alguna proteína", explica Cuéllar. Estos fármacos los producen bacterias, como la 'Escherichia coli', levaduras y cultivos de células de mamífero modificadas genéticamente en placas de laboratorio.

Casi todos los biofármacos producidos por cabras, ovejas, cerdos y vacas se encuentran aún en ensayos clínicos, pero se espera que en los próximos años salgan al mercado en algunos países de la Unión Europea. Por el momento, Estados Unidos es el único país que comercializa un medicamento de ganado transgénico. La Agencia Europea de Medicamentos aprobó su uso en 2006. La FDA, agencia que regula los fármacos en Estados Unidos, tardó tres años más en dar su visto bueno.

El fármaco se llama Atryn. Contiene la molécula antitrombina humana III. La produce un rebaño de 200 cabras de una granja en Massachusetts. Es una proteína que previene la formación de coágulos. Lo fabrica la compañía GTC Biotherapeutics y sirve para tratar la deficiencia hereditaria de la proteína en la sangre. Las personas con esta enfermedad carecen de esta molécula y, por lo tanto, tienen un altísimo riesgo de sufrir trombos y, como consecuencia, infartos e ictus. Con uno solo de sus animales, la empresa suministra al mundo lo necesario para un año. Equivale a lo que se podría extraer de unas 90.000 donaciones de sangre.

Para conseguir cabras capaces de dar leche con antitrombina humana, los científicos insertan el gen humano responsable de la síntesis de antitrombina en la región del ADN del animal relacionada con la producción de leche. Después, ese material genético se inyecta en el embrión de una cabra que implantan posteriormente en el útero de otra. El embrión se gesta en esa hembra, que da a luz a una cría cuya leche incluye el fármaco. De este alimento se extrae la proteína y se aplica al paciente en forma de inyección.

Leche mejorada

La leche del ganado modificado genéticamente es uno de los fluidos que más atrae a los científicos del sector biotecnológico, y no solo como vehículo para producir medicamentos, sino también para mejorarla. Investigadores del Laboratorio Key de Agrobiotecnología de la Universidad de Agricultura de China han criado una holgada docena de vacas transgénicas que dan leche muy parecida a la de las mujeres, con los mismos beneficios nutricionales e inmunológicos. Su sabor es un poco más fuerte que el de la leche de vaca convencional. Los creadores confían en su invento, que presentaron hace unos meses, y creen que en unos diez años estará en nuestras tazas de desayuno y biberones.

Los argentinos también han puesto los ojos y las probetas en la leche y tienen su propia versión de vaca que da leche humanizada. Se llama Rosita y es obra de los investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.

Ambos equipos han logrado, con distintas técnicas, que la leche de vaca tenga un valor nutricional mucho mayor para los humanos. Sus vacas dan leche con una cantidad considerable de lisozima, una proteína que daña las bacterias. También se conoce como muramidasa. La descubrió el microbiólogo escocés Alexander Fleming a principios del siglo XX. Esta molécula está presente en abundancia en las lágrimas, la saliva y la leche materna, y su función en este caso es proteger a los bebés de infecciones bacterianas.

«En las primeras semanas, un lactante toma leche humana que contiene enormes cantidades de lisozima, del orden de gramos por litro. Sin embargo, en la leche bovina es casi indetectable», explica Adrián Mutto, investigador de la Universidad de San Martín implicado en la creación de la ternera. Ambas vacas transgénicas también producen otra proteína: la lactoferrina, que tiene propiedades antibacterianas y antifúngicas. La de los chinos, además, presume de tener también lactoalbúmina, que es muy nutritiva. Para rematar, la proporción de grasas también ha sido modificada con el fin de que su textura sea más parecida a la de la leche materna humana.

Sin insertar genes de otras especies, pero modificando su genoma, científicos neozelandeses de la compañía AgResearch han creado una rumiante que da leche apta para el consumo de la mayoría de los alérgicos a este alimento. Se llama Daisy y la han presentado al mundo hace poco. Cerca de un 3% de los niños son alérgicos a la leche de vaca. Como consecuencia, sufren eccemas, vomitos y diarreas. En su mayoría, no toleran la proteína beta lactoglobulina, que no está presente en la leche humana, pero sí en la de vaca. Los biotecnólogos han logrado que la concentración de esta proteína en la leche de Daisy sea casi imperceptible apagando el gen que la produce.

La creación de rebaños de vacas que den esta leche está en el horizonte. Los científicos confían, aún no han podido demostrarlo, en que la leche es realmente hipoalergénica. Para ello, se requieren ensayos clínicos, pero están paralizados porque la legislación neozelandesa, como la española, no permite el consumo de animales modificados ni de sus derivados.

Estos son solo unos pocos de los muchos animales que formarán el zoo de los animales medicamento. Los científicos están trabajando en el desarrollo de muchos más, como pollos que no transmiten la gripe aviar, cerdos con órganos y tejidos humanizados para transplantar, y ovejas que dan carne baja en grasas para los enfermos cardiovasculares. Las posibilidades son muchas y la investigación está en plena efervescencia, eso sí, en los países donde hay financiación para innovar y el futuro es, por lo tanto, prometedor.

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