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Solidarios hasta la médula

Escrito por diagramgen on . . Visitas: 254

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Con solo 2 años, al hijo pequeño de María Sumay le fue diagnosticada un tipo de leucemia 24-06-2012ja1aguda en fase avanzada. Hoy, casi siete años después y tras someterse a un duro tratamiento y a dos trasplantes de médula, es un niño sano y feliz. También Manuel López, de 35 años, plantó cara a la enfermedad y la venció. Ayer, estos dos coruñeses salieron a la calle para desarrollar el experimento 'Valora la vida' de la Fundación Josep Carreras, con el objetivo de concienciar sobre la importancia de las donaciones de médula

MARÍA DE LA HUERTA| A CORUÑA Lanzar un mensaje de esperanza a pacientes con leucemia y sus familiares y concienciar a la sociedad en general sobre la importancia de las donaciones de médula ósea. Estos son los principales objetivos del experimento Valora la vida, que la Fundación Josep Carreras de Lucha contra la Leucemia desarrolló ayer en más de treinta ciudades españolas, incluida A Coruña. Durante toda la mañana, María Sumay, madre de un niño que superó una leucemia aguda, y Manuel López, un joven de 35 años que también logró vencer a la enfermedad, trataron de difundir entre los coruñeses la idea de que "hay que intentar ser siempre positivos" y "disfrutar de las pequeñas cosas de la vida". Una vida que, en el caso de María, dio un giro de 360 grados durante el verano de 2005, cuando a su hijo pequeño, Mateo, que por aquel entonces tenía solo 2 años, le diagnosticaron leucemia.

"Yo ya llevaba algún tiempo notando que a Mateo le pasaba algo, porque tartamudeaba y estaba raro. El médico nos decía que era normal, que actuaba así porque tenía celos de su hermana mayor y que no le diésemos importancia. Sin embargo, durante un viaje que hicimos a Eurodisney, se le empezó a hinchar muchísimo un ojo. Preocupados, decidimos hacer una parada en Barcelona para que lo viera un especialista, quien nos advirtió de que en el plazo de 24 a 48 horas habría que hacerle un TAC, por lo que regresamos inmediatamente a casa", explica esta madre coruñesa, quien todavía se emociona al recordar cómo esa prueba, y una biopsia en el ojo a través del párpado, confirmaron el peor de los pronósticos. "Le diagnosticaron leucemia mieloblástica aguda en una fase bastante avanzada. En ese momento, se me cayó el mundo encima. Da igual que los médicos te hablen de tratamientos o de posibilidades de curación; cuando recibes una noticia como esa, eres incapaz de escuchar nada más, te quedas en shock", admite María.

Tras el diagnóstico, Mateo inició un tratamiento de quimioterapia. "Como conocíamos a una doctora que trabaja en el Hospital de Sant Pau, en Barcelona, decidimos trasladarnos y que Mateo continuase allí su tratamiento, no porque ese hospital sea mejor que los de aquí, sino porque tiene más tradición y hace más trasplantes de médula infantiles", destaca esta madre coruñesa, y añade: "Allí, como su hermana no es compatible, decidieron hacerle un autotrasplante que al principio fue muy bien pero, un año después, Mateo recayó".

"Si el primer diagnóstico te deja hecha polvo -continúa esta madre coruñesa-, la noticia de que tu hijo vuelve a estar enfermo te hunde en la miseria", subraya. "Como Mateo tenía que iniciar de nuevo todo el tratamiento y el resto de la familia tenía que continuar su vida (mi marido tenía que trabajar, mi hija mayor ir a clase...), me volví yo sola con él a Barcelona. Esos meses fueron muy duros. En la Fundación Josep Carreras no aparecía ningún donante, y el tiempo se acababa. Finalmente, cuando ya me estaban haciendo a mí las pruebas para que fuese yo la donante (sin demasiadas garantías), apareció un cordón umbilical compatible en Nueva York", recuerda María.

Han pasado ya tres años y seis meses desde que Mateo se sometió a ese segundo trasplante y su estado de salud es "muy bueno". "Antes iba a revisiones todos los meses y ahora lo hace cada dos. Pese a todo lo que ha pasado, hoy por hoy es un niño sano y feliz", destaca su madre.

"Feliz" declara sentirse también Manuel López Petinal, un joven coruñés de 35 años, después de haber plantado cara y vencido a la leucemia. "Me diagnosticaron la enfermedad en el verano de 1998, cuando tenía 21 años y estaba a punto de empezar la universidad", recuerda. "Llevaba un año con catarros que no se me curaban bien, dolores de cabeza... poco antes de ir al médico, me salió un herpes en la garganta y sufrí una tendinitis que me apareció de un día para otro, sin haber hecho nada... En el hospital me hicieron unos análisis de sangre y me dio que tenía anemia crónica. Decidieron practicarme también una punción lumbar y así fue como detectaron que lo que tenía, en realidad, era leucemia", señala.

Manuel recibió la noticia con la tranquilidad que le proporcionaba el hecho de no saber en qué consistía la enfermedad. "Los primeros días mis padres me ocultaron lo que tenía. Cuando finalmente me lo dijeron, me lo tomé bastante bien porque no sabía qué era la leucemia", admite este joven coruñés, y continúa: "Al principio estuve en aislamiento, mientras me hacían un montón de pruebas. En los meses siguientes, me sometí a tres ciclos de quimioterapia pero, como respondí bien al tratamiento, los médicos optaron por no hacerme un trasplante de médula, pese a que mi hermano es compatible", explica.

A día de hoy, Manuel se encuentra "estupendamente bien" -"primero iba a revisión cada tres meses, después cada seis y ahora lo hago una vez al año", indica-, ha aprendido a "valorar más la vida" y disfruta "de las cosas que son realmente importantes". "Cuando pasas por algo así, tus prioridades cambian", reconoce este joven. Como él, María subraya que la enfermedad de Mateo le hizo "empezar a valorar los pequeños detalles". "Lo más importante es la salud", remarca. Y lanzan un mismo mensaje a las personas que puedan estar atravesando la misma situación que ellos, afortunadamente, han superado. "Cuando te diagnostican una enfermedad de este tipo hay que luchar. Es un camino largo, que a veces se hace eterno, pero nunca se debe perder la esperanza", concluyen.

La Fundación Josep Carreras de Lucha Contra la Leucemia achacó ayer la falta de donaciones de médula ósea al "desconocimiento y miedo de donar estando vivos". El director médico de la fundación y director del Registro de Donantes de Médula Ósea, Enric Carreras, declaró que, pese a que "existen muchas campañas de información, los españoles no son insolidarios". En su opinión, "la prueba son las cifras de trasplantes de órganos. Son brutales".

Carreras se mostró comprensivo al entender que "hay miedo a lo desconocido". "No hablamos de donar un órgano cuando ya se está muerto, es donar algo estando vivo. Comprendo que pueda haber reticencias", apuntó, aunque lamentó que no se haga con más frecuencia, ya que "el donante ni se entera".

La donación de médula ósea consiste en un procedimiento llamado aféresis, que "es como una donación de sangre pero que dura de dos o tres horas", indicó el director médico de la Fundación Josep Carreras. "La sangre va pasando por una máquina que recoge las células madre que se van a usar. No es donar sangre, pero casi", añadió.

En la actualidad, la gran mayoría de donaciones se hacen por este sistema. Sin embargo, y aunque esta técnica "cura en la mayoría de las ocasiones", también es "peligrosa" porque "conlleva un riesgo de morbimortalidad muy elevado en los pacientes", señaló el doctor Carreras, quien aseguró que, por ese motivo, la primera opción es la quimioterapia, "el gran progreso en el tratamiento". Para este especialista, el problema son los efectos secundarios que tiene, pero los avances han permitido quimioterapias "más específicas y dirigidas contra las células malas".

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