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¿A que edad somos viejos?

Escrito por diagramgen on . . Visitas: 347

clarin

En el congreso de geriatría y gerontología que se celebra en Compostela unos hablan y otros 08-06-2012ja2escuchan. En esencia hablan de viejos, o mejor: hablan de todos nosotros, que seremos viejos si alcanzamos una edad. Es curioso, en las ponencias y en los talleres los profesionales de la geriatría, la gerontología y sus ciencias o actividades afines utilizan los mismos eufemismos que venimos usando desde hace años en cualquier lugar: mayores, personas mayores, gente de edad... Aparece la palabra 'anciano' en contextos muy señalados, más técnicos, y la palabra viejo/a está proscrita. Tampoco se oye tercera edad, término que cayó en desuso. Aparecieron, sin embargo, otros eufemismos nuevos, recién cocinados: personas frágiles o vulnerables.

Pura Díaz Veiga es psicóloga y Puerto Gómez Martín trabajadora social. Ambas participan en el congreso y son autoras de una guía presentada este jueves sobre el buen trato a los mayores. Se explican muy bien y con seguridad, pero se vuelven ambiguas cuando el periodista les pide que indiquen una edad en la que los profesionales de la medicina o de la atención social acepten que empieza la ancianidad. ¿A que edad somos viejos hoy? Y contestan con franqueza: no podemos decir una edad determinada.

Pura y Puerto saben de lo que hablan. Insisten en la necesidad de aprender cuanto más mejor sobre el proceso del envejecimiento y en que, desde ya, la atención a los mayores ha de ser integral. Han elaborado, como se ha dicho, una de las guías presentadas en el Congreso de Geriatría, que quieren ser una ayuda básica para todos nosotros en general, y para los profesionales en particular. La que parieron ellas relaciona y explica los diez mandamientos del buen trato a las personas mayores.

Pero volvamos a lo básico. ¿Cuándo se es una persona mayor? Pues depende. Puerto y Pura empiezan describiendo una condición, la fragilidad, y se atreven a marcar una edad: los ochenta y más... Después aluden a la vulnerabilidad. Apurándolas incluso se refieren a la frontera de los 75 abriles, pero enseguida matizan y, finalmente, acaban llegando a las claves de la cuestión: la mala salud, la dependencia... El periodista piensa en la condición de útil de una persona, la utilidad para los otros, que es duro, acaso inhumano. Todos queremos ser útiles y tememos ser dependientes. En fin, que la salud, la mala, se entiende, determina la fragilidad y la vulnerabilidad, y por ende, la ancianidad o la vejez. Es la necesidad de apoyo lo que define la situación. Y siendo así, como indican Pura y Puerto, hay muchas personas mayores que realizan actividades de apoyo a otras también mayores, a jóvenes o aún a niños. Todos tenemos cerca personas en esas circunstancias y, efectivamente, a nadie se le ocurre llamarlas viejas o ancianas.

La guía que marca el decálogo para el buen trato a las personas mayores empieza por el respeto. No podía haber mejor comienzo. Puerto y Pura hacen notar que, además, es una iniciativa de ida y vuelta, para que unos y otros interactúen. Es decir, que es necesario que los jóvenes traten bien a los mayores pero, de igual modo, éstos deben tratar bien a los jóvenes. Es el poder del ejemplo y de hacerse presente. El respeto, al cabo.

Otras guías presentadas en el congreso informan de las secuelas congnitivas del ictus, la alimentación y nutrición saludable, la anticoagulación, las dudas más frecuentes sobre la Ley de dependencia, la hipertensión, el ejercicio físico o la incontinencia urinaria.

Reconocen Pura Díaz y Puerto Gómez que ahora mismo tendemos a sobreproteger a las personas mayores, que siguen sufiriendo la desconsideración y el menoscabo de una sociedad que solo tiene ojos para la juventud. Y confiesan que pensamos en nosotros mismos. Los mayores vamos a ser nosotros y queremos un futuro lo más bonito posible, por eso empezamos a trabajar para conquistar -lo dicen Pura y Puerto- el derecho a elegir. No vale que nos manipulen y nos dirijan y nos coloquen. Cada día estamos mejor formados, somos más cultos. Y queremos participar y decidir. Incluso cómo morir.

No es cuestión menor. Puerto, la trabajadora social, dice que deberíamos morir donde queramos, y que, en general, mueres como has vivido. En la relación de las ponencias o los trabajos presentados al congreso de geriatría hay uno titulado 'Análisis del proceso de morir en una residencia asistida', realizado por J. Catena. ML Gallego y C. Ortega en centros de Cataluña. En el trabajo se analiza la atención al final de la vida y la situación de los últimos días, y se determina que los profesionales de este campo deben asumir que la atención en esta fase final sea prioritaria en el plan de formación.

Es un ámbito muy científico el de la geriatría y la gerontología, con pocas certezas y muchas dudas, y cargado de sutilezas. Pura, la psicóloga, antes de acabar la conversación, me recomienda leer una serie de entrevistas que ella ve esclarecedoras. Están en el sitio web de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. Así lo hice, para escoger unas cuantas frases sabrosas de algunos famosos que están entrando, o ya lo han hecho, en el territorio incalificable de la vejez. Y que por lo que se ve entienden muy bien de que va eso. Ahí van.

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