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Tuberculosis, enfermedad de pobres

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enfermedadEl acceso al tratamiento contra la tuberculosis resistente a medicamentos (DR-TB, por sus siglas en inglés) sigue comprometido especialmente en los países del Sur en desarrollo, debido a que muy pocas empresas farmacéuticas fabrican drogas de calidad.

Además, la falta de competencia ha disparado los precios de los fármacos.

En la última década, alrededor de cinco millones de personas en todo el mundo han desarrollado la DR-TB. Pero un "terriblemente bajo número" de pacientes (menos de uno por ciento) tienen acceso a tratamiento apropiado, según la organización Médicos Sin Fronteras (MSF).

Unos 1,5 millones de enfermos murieron en los últimos 10 años. La situación es particularmente grave en países pobres con alto número de infecciones de VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida), en especial donde los tratamientos antirretrovirales son insuficientes. Sudáfrica es uno de ellos.

Una de las principales barreras al tratamiento es la limitada disponibilidad y el alto costo de las medicinas de alta calidad para tratar la DR-TB. Para algunas drogas, sólo hay una empresa fabricante de calidad asegurada o una sola fuente para el ingrediente activo necesario.

"Hay pocas inversiones en la investigación y en el desarrollo de drogas contra la tuberculosis porque es una enfermedad de pobres, y por tanto no existe un mercado lucrativo para la industria farmacéutica", explicó el coordinador de la oficina sudafricana de MSF, Eric Goemaere.

Esto ha disparado los precios de la mayoría de los fármacos contra la DR-TB. El tratamiento a un paciente puede costar 9.000 dólares, indicó MSF, casi 475 veces más que el tratamiento de la tuberculosis común.

Los costos se han incrementado aun más en los últimos años. "Si bien los precios de las drogas por lo general caen ante mayor demanda, en el caso de los fármacos contra la DR-TB crecen, algunos hasta 600 o 900 por ciento. Eso simplemente está mal", dijo Goemaere, quien dirige un proyecto de tratamiento del VIH y la tuberculosis en Khayelitsha, el tercer asentamiento informal más grande de Sudáfrica.

El exorbitante aumento de los precios se debe a la falta de mecanismos efectivos de control y a que ya no existen subsidios para mantenerlos bajos. También se trata de un reflejo de la insuficiente competencia en el mercado.

Sólo seis productos (para cinco diferentes medicinas contra la DR-TB) han sido precalificados por la Organización Mundial de la Salud, y sólo cuatro fuentes (para dos fármacos diferentes) están recomendadas para su compra este año.

La OMS respondió a la creciente necesidad de drogas contra la DR-TB en 2000 creando el Comité de Luz Verde, que revisa proyectos de salud oficiales y no gubernamentales y eventualmente les permite acceder a medicamentos de calidad comprobada a precios reducidos.

Aunque el Comité es en teoría útil, su burocracia ha impedido que varios programas de tratamiento alrededor del mundo se vean beneficiados.

En 2010, sólo 12.000 pacientes se anotaron en programas de tratamiento aprobados por el Comité, contra 440.000 nuevos casos de la enfermedad y 150.000 muertes, según MSF. Solamente 13 por ciento del mercado estimado de fármacos contra la DR-TB es actualmente canalizado a través de la Facilidad Global de Medicamentos de la OMS.

"La OMS tiene responsabilidad en este desastre", opinó Goemaere.

Organizaciones no gubernamentales presionaron por años a la OMS hasta que ésta creó el Comité. Pero las estrictas condiciones y los engorrosos procedimientos administrativos impiden a muchos proveedores de salud beneficiarse.

"El Comité ofrece pocos incentivos porque su proceso de aval de calidad es mucho más burocrático y centralizado. Las reglas son auto-limitantes, convirtiendo a la OMS en un portero más que en alguien que brinda respaldo", señaló Goemaere.

El jefe médico de la OMS para tuberculosis en Sudáfrica, Kalpesh Rahevar, reconoció las barreras administrativas del Comité, pero señaló que el organismo había iniciado un proceso de reforma a comienzos de 2010.

"Estamos tratando de simplificar el proceso de solicitud", dijo Rahevar. "La OMS también prevé ampliar su mandato para supervisar los programas contra la tuberculosis en todo el mundo, no sólo los que participan en el Comité".

Pero, hasta entonces, cientos de organizaciones y departamentos de salud deberán seguir comprando drogas contra la DR-TB a empresas farmacéuticas que ofrecen productos de dudosa calidad y a altos precios.

El Departamento de Salud (ministerio) de Sudáfrica es uno de ellos. En vez de solicitar la membresía al Comité, esa cartera compra fármacos a precios fijos directamente de subsidiarias sudafricanas de las fabricantes estadounidenses Sanofi Aventis y Sandoz.

Según el director interino del Departamento para tratamiento de la tuberculosis, comunicaciones y movilización social, Garvon Molefe, la cartera decidió comprar medicinas exclusivamente locales, aun cuando son más costosas, con el fin de beneficiar la economía nacional.

"La razón por la cual el Departamento no sigue la iniciativa del Comité es que, al tener Sudáfrica una alarmante tasa de desempleo, no quiere desaprovechar las firmas farmacéuticas locales", que dan trabajo a sudafricanos, dijo a IPS.

El Departamento actualmente invierte 4.400 dólares para el tratamiento contra la DR-TB de un paciente. Goemaere dijo que MSF, a través del Comité, paga alrededor de 30 por ciento menos por los mismos fármacos, lo que significa que puede tratar a más pacientes por el mismo dinero. (ips)

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