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Un equipo de Valladolid opera de cataratas a 420 ciegos y atiende a 520 niños en África

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Clínica Baviera y Stop Ceguera devuelven la vista a un niño de 12 años de Burkina Faso

15-3-2010_ima2

Burkina Faso. Su nombre significa 'la patria de los hombres íntegros' en la lengua local mossi -'burkina' significa íntegro- y en el otro dialecto, el dyula, -'faso' se traduce como patria-. No parece un capricho cuando esta población africana, de raza negra, soporta de forma irreprochable las enfermedades y la muerte como parte de la propia existencia y no por resignación, sino por dignidad. Así lo sintió y apreció el doctor Jorge Luezas, oftalmólogo de la Clínica Baviera de Valladolid, cuando convivió con el dolor de esta población de África occidental.

Un viaje solidario lo llevó, junto a la optometrista Noelia García, del mismo centro vallisoletano, y otros especialistas españoles hasta completar un equipo de doce personas, a convivir durante diez días con la falta de medios y el deseo de curarse de la que fuera la vieja República del Alto Volta .

La organización no gubernamental Stop Ceguera impulsa, con diversos especialistas, estas incursiones solidarias desde 1998 para tratar problemas de vista no atendidos y ya suma tres mil personas, de diferentes países africanos, a las que se les ha devuelto la vista. En esta ocasión, pasaron por las manos del equipo español 420 -entre 35 y 40 años-, ya ciegas por cataratas sin tratar que fueron operadas y recuperaron la visión, además de disponer del tratamiento, incluidas las gafas, para no ser unos inválidos en uno de los países más pobres, que vive de la escasa agricultura y ganadería que resiste.

El equipo revisó a 550 escolares y a los huérfanos de dos grandes orfanatos. Una sala de espera al aire libre (el clima tampoco aconseja otra opción) y un bloque quirúrgico, excepcionalmente con aire acondicionado (todo un lujo), fue la infraestructura con la que contó el equipo, dado que el instrumental y material ha sido aportado por la Clínica Baviera y los microscopios comprados por Stop Ceguera, los esterilizadores también viajaron desde Valladolid y los gastos de avión, hotel y manutención han salido asimismo de su solidaridad porque a los pacientes, incluso, se les cobraba una intervención regalada por estos especialistas españoles. Valladolid, Bilbao, Barcelona y Albacete viajaron a Burkina Faso.

Tan solo un niño

Entre todos los casos que pasaron por estas importadas consultas estaba el pequeño Yacouba. Tiene doce años y un grave traumatismo ocular, las córneas pegadas a los párpados (sinequias) le impedían abrir los ojos, ambos, y ver. «El pronóstico era nefasto». «Llevaba con los síntomas de la enfermedad más de un mes, sin tratar, y dejó de ver unas dos semanas antes de llegar nosotros», explica el doctor Luezas. De no haberlo intervenido, «hubiera esperado un año entero a que volvieran oftalmólogos. Están acostumbrados a hacerlo así, no tienen otra opción, pero vimos el caso y lo llevamos a quirófano sin saber bien qué nos íbamos a encontrar». «No sólo estaba ciego con doce años, sino que sufría tremendos dolores». «La intervención quirúrgica permitió recuperar un ojo y no ser ya un ciego absoluto, además de eliminar el dolor», destaca este especialista. Durante dos meses lo llevó tapado, El viaje a Burkina Faso tuvo lugar a finales de año, y tardará dos años en lograr los resultados completos.

«Sólo tenía sed»

Ahora, «según las noticias que nos llegan, ya puede distinguir el camino, puede moverse y recuperará más». «Me impresionó la llamada al orden del niño por parte de la madre», recuerda el doctor Luezas. «Estaba esperando unas horas antes de la intervención sin que le hiciéramos nada en realidad, sólo en ayunas y con el preoperatorio cuando vimos que se le caían las lágrimas». «Llamamos a su madre porque casi ninguno habla francés y sus dialectos son incomprensibles para nosotros. Al parecer -añade- sólo tenía sed, su madre le censuró su conducta y le dijo que su deber era estar y obedecer, sin quejas. Así nos lo tradujeron». Yacouba aguantó.

«Un caso como el de este niño no llega tan lejos en un país civilizado, no vemos cegueras así porque se tratan antes de que se produzcan tales síntomas. No sabemos bien cual fue la causa, suponemos, pero son conjeturas, que debió de pasar una rubeola, pero no hay constancia».

La operación consistía en un trasplante de membrana miótica y, a falta de recursos y la cercanía de una Maternidad, el doctor Luezas optó por sacar parte de una placenta, «realizar pruebas de VIH, muy frecuente en este país, y menos mal que analítica pudimos hacer, y tras comprobar su buen estado, operar», explica. El recurso funcionó pese a las dificultades de acceder a una placenta por el tratamiento ritual que tiene en Burkina Faso, que les lleva a enterrarla por su especial simbolismo.

La experiencia fue sin duda finalmente satisfactoria, pero dura, muy dura. Y en esto coinciden Noelia García y Jorge Luezas. «La situación de esta zona es muy desfavorecida, hay mucha corrupción, falta organización para estos viajes solidarios desde arriba, desde los gobiernos, lo que facilitaría más recursos», destaca Luezas. «Todos los casos que vimos habían llegado demasiado lejos, la infancia está muy descuidada, las enfermedades sin diagnosticar...». «Suelen tener unos siete u ocho hijos y la mortalidad infantil es tan frecuente que están hechos a ella», explican.

Para Noelia, la experiencia tampoco fue nada fácil, incluso como para cuestionarse el volver. «La comunicación -apunta- es uno de los mayores problemas, porque no puedes informarte de los antecedentes ni de salud, condiciones o familia, no pueden explicarte lo que les pasa, sólo puedes mirarlos y suponer, ver, diagnosticar y tratar, pero sin el apoyo del enfermo y sin poderle informar sobre lo que tienen, lo que necesita o lo que le va a ocurrir. A mí me da la sensación de que esto los asustaba, que tenían miedo».

Al doctor Luezas le parece que el temor ya no formaba parte de sus vidas, porque la dignidad estaba por encima de cualquier sufrimiento o manifestación emocional.

Al frente de aquel mundo, dedicada por entero a su seguimiento, está Rosalie, la enfermera que recibe ayuda como intérprete y despide a estos equipos de extranjeros que viajan a Burkina para devolver la luz a sus ojos. Ella sigue allí.

 

 

 

 

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