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Puede ser un desastre infantil sin precedentes

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El colapso de las comunicaciones y las dificultades para que la ayuda humanitaria llegue a todo el país está provocando numerosos problemas en los hospitales de campaña, donde los más perjudicados son siempre los más débiles, los niños. Esto se une a los problemas para repartir la ayuda humanitaria y al aumento de la violencia en la capital, que ha provocado el inicio de la retirada de las fuerzas de salvamento.
Lo más urgente sigue siendo el material médico. En Haití, un país en el que el 40 por ciento de los 3,3 millones de habitantes son menores de 14 años, se están produciendo muertes evitables con antisépticos y antibióticos. Las heridas se están infectando y los médicos han comenzado a practicar cientos de amputaciones, en ocasiones sin anestesia, lo que ha obligado a los cirujanos a emplear vodka.



Malaria y tuberculosis

Médicos de la Universidad de Columbia (EE UU) advirtieron ayer en Haití de que los principales peligros sanitarios son la malaria y la tuberculosis. John Ruxin trabaja en el país caribeño desde hace varios días, los suficientes para evaluar que estas enfermedades, unidas a la malnutrición e higiene de los menores, está provocando uno de los peores desastres médicos jamás vistos.
Entre las causas de esto están las infecciones, que se están multiplicando. «El agua es imprescindible para evitar la diarrea en los niños, los más susceptibles de coger una infección, deshidratarse y sufrir un shock», explicó. «Por ello, advirtió, puede llegar a ser un desastre infantil sin precedentes».
En opinión de Jacques C., cirujano de Médicos del Mundo, «la situación es catastrófica». «Desgraciadamente, estamos teniendo que realizar numerosas amputaciones todos los días», lamentó, y advirtió de que las previsiones no son nada buenas: «En las próximas jornadas calculamos que tendremos que hacer del orden de 400».


También el personal sanitario está teniendo numerosos problemas de abastecimiento y de condiciones de trabajo. «Dormimos en el suelo junto a cooperantes y periodistas y contamos con poca agua y casi nada de comida», describió el cirujano.
Otro de los graves problemas es la escasez de agua. Save the Children advirtió del delicado estado de salud de los niños y niñas por la falta de agua. Según la directora de salud y nutrición de la organización, Kathryn Bolles, «las familias en los campamentos pueden verse obligadas a utilizar agua no potable para mezclar con la leche de continuación. Esto pone a los niños y niñas en riesgo de sufrir una diarrea que puede causarles la muerte», alertó.
Por su parte, Unicef ha alertado de la situación de muchos niños haitianos que han sobrevivido al terremoto, pero en los que se une la falta de datos para poder identificarlos o buscar a sus familiares, si no han muerto, y el trauma psicológico que tendrán de por vida. Hay muchos sin heridas físicas, con los que no se sabe qué hacer.

Sólos y desamparados

Es el caso de una niña de dos años con parálisis cerebral que «está tumbada en la camilla, llorando y sola, no tiene heridas graves y se podría ir a casa, pero nadie sabe cómo se llama ni por dónde empezar a buscar a su familia», relató un miembro de Unicef. En el mismo hospital se encuentra Sean, de siete años, que llegó gritando al hospital, aunque solo tiene arañazos, y estuvo doce horas en posición fetal. Los doctores no les quieren dar el alta sin saber quién se encargará de ellos.
Unicef destacó que puede haber cientos, posiblemente miles, de niños en la misma situación, vagando por las calles o en los hospitales, sin agua, sin comida y sin protección contra la violencia.
Pero no sólo corren peligro los niños. «La gente está hacinada con escasos lugares para refugiarse y ningún tipo de sistema de saneamiento, y bajo estas condiciones todo el mundo está expuesto a las enfermedades transmisibles, pero sabemos por experiencia que los menores de cinco años son los más vulnerables», indicó Bolles.
Mientras, la población intenta sobrevivir a la catástrofe. A la búsqueda de agua, comida y seres queridos se ha unido la fe. Muchos haitianos se arrodillan en las calles para pedir ayuda a Dios. «¿Por qué dar gracias a Dios?, porque estamos aquí», clamaba un joven. A pocos metros de allí, más personas y nuevos dramas.


Pero el agua y la falta de alimentos y de ayuda médica también ha elevado la tensión entre las familias de supervivientes. Más de 300.000 se han quedado sin vivienda en la capital. La policía intenta disuadir a los delincuentes. Varios convoys militares patrullan las calles y la Policía dispara al aire para intentar disuadirlos. Cerca del aeropuerto, un grupo intentó saquear el recinto en el que están establecidas todas las ONG, pero fueron disuadidos por la policía, que llegó a utilizar gases lacrimógenos. Las autoridades temen una escalada de la violencia en las próximas horas. La ayuda no llega a la misma velocidad que se distribuye. El Gobierno ha recibido más ayuda de la que puede almacenar y distribuir. El aumento de la inseguridad y las escasas posibilidades de encontrar más supervivientes ha precipitado el regreso de las fuerzas de salvamento españolas, que han protagonizado el 10 por ciento de los rescates.

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