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Mujeres recuperan espacios públicos en Jerusalén

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jerusalenLas fotografías de mujeres que se multiplican en carteles de Jerusalén forman parte de una campaña contra la virtual desaparición femenina de los espacios públicos.

Es difícil registrar a alguien que se oculta a la vista del público. Las mujeres desaparecieron como si la ciudad solo estuviera habitada por hombres. El fenómeno alcanzó el colmo del ridículo.

Tal es el caso de la modelo israelí Bar Rafaeli, quien reapareció en la campaña de invierno de la cadena de ropa Fox Fashion, pero fuera de los límites de la ciudad.

A la modelo de la compañía Honigman, Sandy Bar, no se le ve el rostro, solo el brazo y la cartera.

Y la firma Castro decidió que en la cuna de las tres religiones monoteístas, sus productos carecerían de vida. La modelo Gal Gadot se "evaporó" a través de la porosa lana de las prendas.

Los pósters de la contra-campaña fueron concebidos la semana pasada por seis mujeres. La convocatoria a través de la red social Facebook insta a la población femenina a tomarse fotografías y colgarlas en sus balcones.

"Estoy en contra de la explotación barata del cuerpo femenino. Pero una minoría no puede adueñarse de la ciudad y hacer que las mujeres y las niñas desaparezcan", declaró una de las promotoras, Idit Karni.

"Tengo cuatro hijas y no pienso dejarles una ciudad que perdió la cordura", arguyó. La "minoría" a la que se refiere es la creciente comunidad jaredí ultraortodoxa, cuyos integrantes se conocen como los que "temen a Dios". Constituyen 15 por ciento de la población de Israel y 30 por ciento de la de Jerusalén.

La segregación de mujeres no es nada nuevo en la comunidad ultraortodoxa que vive apartada del resto de la población por decisión propia. En el centro de Mea Shearim hay carteles que advierten a las mujeres de no ingresar al barrio, de mayoría jaredí, vestidas de "forma impúdica".

La presencia de una mujer es "impúdica por naturaleza", señaló un rabino que no quiso dar su nombre por temor a "ofender sensibilidades". "Nuestra demanda no apunta a reprimir a las damas, sino lo contrario. Nuestro objetivo es proteger su honor y su dignidad", añadió.

La "cruzada" contra las mujeres tiene por lo menos 20 años y forma parte de una lucha cultural entre israelíes religiosos y laicos, en el marco de la cual se incendiaron refugios de autobuses y se pintaron carteles donde aparecían modelos mostrando el hombro o la rodilla.

La campaña del centro nacional de trasplante ADI promoviendo la donación de órganos incluyó carteles en los autobuses con un mosaico de hombres y mujeres mostrando su tarjeta de donante.

Bajo presión de la comunidad jaredí, la agencia de publicidad Canaan se apresuró a solicitar el permiso de ADI para reemplazar los rostros femeninos por masculinos.

"No aparecían hombros desnudos ni nada provocativo. Pero nos advirtieron que podían haber autobuses quemados", reconoció Dvora Sherer, portavoz de ADI. En la campaña de 2007 fueron dañados carteles que tenían a una donante con su hijo e incendiado un autobús.

"El principal argumento para reemplazar los rostros femeninos es servir a los fines de la campaña: aumentar el conjunto de donantes y salvar la mayor cantidad de vidas posibles", señaló la portavoz de Canann, Ohad Gibli, defendiendo el costo económico de la autocensura con argumentos pragmáticos.

En Tel Aviv está lleno de pósters sexistas con fotografías de mujeres en actitud sensual. La ciudad es considerada por los liberales como el centro de la modernidad y por los moralistas como la moderna Sodoma y Gomorra.

Este país es uno de los que aplica penas duras a los agresores sexuales. El expresidente Moshé Katsav fue condenado a siete años de prisión por violar a dos empleadas.

Las líderes de los dos principales partidos de oposición son mujeres. Por no mencionar a la primera ministra Golda Meir (1969-1974), conocida como "el único hombre del gobierno" y quién, según cuenta la leyenda, dirigió el gabinete con mano de hierro desde su "cocina".

Las mujeres temen que tolerar la exclusión sexista, la discriminación y la segregación sepulte a la sociedad.

Durante la festividad judía de los Tabernáculos, el mes pasado, las mujeres tuvieron prohibido caminar por la acera de la calle principal de Mea Shearim, desafiando una orden de la Corte Suprema de Justicia de dictaminó que la medida era discriminatoria.

Las mujeres que suben a los autobuses de concesión municipal y que viajan por barrios religiosos se sientan atrás para evitar mezclarse con los hombres.

Los supermercados con clientela ultraortodoxa abren a distintas horas para hombres y mujeres. Las emisoras de radio jaredí no emiten voces femeninas por temor a que resulten "encantadoras", o peor, "tentadoras".

Israel está en el lugar 55 en el Índice de Brecha de Género del Foro Económico Mundial, que mide indicadores de igualdad de género en salud, educación, economía y política, entre 135 estados. En 2007 ocupaba el puesto 36.

Cientos de personas protestaron contra la marginación femenina el viernes 18. "¿Los jaredim quieren que desaparezcamos o qué? Es una flagrante violación de nuestros derechos básicos. Si nadie reacciona, ellos seguirán adelante hasta que sea irreversible y demasiado tarde", señaló una de las manifestantes.

Tzvia Greenfeld, exlegisladora ultraortodoxa y primera parlamentaria del partido de izquierda Meretz, espera que la contra-campaña revierta el patrón de exclusión.

"No queremos un espacio público mezclado con el privado, considerado religioso. Pero en las áreas comunes, la separación coercitiva debe prohibirse", alertó la activista y defensora de la separación del Estado y la religión.

"Las mujeres regresarán a los muros de la ciudad y su presencia será otra vez aburrida y nadie se dará cuenta", añadió. (ips)

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