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Madres de alquiler para salir de la miseria

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elmundo

03-10-2011bis"Los seres humanos tienen dos grandes instintos –dice la doctora Nayana Patel – el de autoprotección y el de reproducirse". Y eso es algo que la doctora Patel debe saber bien porque se ha labrado una carrera trabajando con parejas que quieren desesperadamente un hijo y no pueden tenerlo. Gente dispuesta a "alquilar el vientre" de una mujer pobre que se preste a ello por una atractiva suma de dinero.

La Clínica Akanksha para la Infertilidad de la doctora Patel empezó a funcionar en 2003 con dos embarazos por encargo. Hoy ya son 110 los embarazos que se realizan al año en este centro médico del estado de Gujarat.

El negocio de los vientres de alquiler es muy controvertido. Ilegal en algunos países [como España, tras la aprobación de la ley de reproducción asistida de 2010], paradójicamente es legal, desde 2002, en sociedades tan conservadoras como la india... y una gran fuente de ingresos que, en 2012, generará 1,5 mil millones de euros, según la Confederación de la Industria India.

Los defensores de los derechos de las mujeres denuncian, sin embargo, que la ausencia de una ley clara sobre vientres de alquiler en la India, la comercialización está permitiendo prácticas médicas sin ética y la explotación tanto de las madres de alquiler como de las parejas infértiles.

En parte, debido a la presión de la opinión pública, el gobierno indio propuso una ley al respecto –pendiente de aprobación– para proteger a las mujeres que alquilan sus vientres para tener los hijos de otros. La ley limita la edad de estas madres a 35 años, establece un máximo de cinco embarazos, incluidos los de sus propios hijos, a la vez que obliga a contar con un seguro médico.

Por otra parte, para evitar litigios legales, como los que ya han ocurrido en el pasado, otra propuesta obliga a que los padres demuestren que el niño o niña que nazca de un vientre de alquiler tenga automáticamente la ciudadanía de estos.

Una sala llena de esperanzas

Es miércoles y la doctora Patel llega a su clínica cuando apenas pasan unos pocos minutos de las 10 de la mañana. Dentro, mucha actividad. El personal sanitario viste de azul. Miran la carpeta y llaman a las usuarias por su nombre. La sala está llena de mujeres, unas luciendo sus multicolores saris, otras van ataviadas al estilo occidental.

Hay dos tipos de visitantes: los que llegan en una busqueda desesperada de un bebé propio y los que tratan de salir de la pobreza y ofrecer a sus propios hijos la esperanza y los medios de una vida mejor.

Una de las principales atracciones de alquilar un vientre en la India es el precio. La mayoría de los clientes de la clínica de la doctora Patel proceden de Estados Unidos, Canadá y Europa. En los países donde esta práctica es legal, el alquiler del viente puede llegar a costar unos 70.000 euros. En la India el coste puede reducirse a la tercera parte.

De los cerca de 25.000 euros que puede llegar a costar, la clínica ofrece a las madres de alquiler entre 4.700 y 5.500 euros, lo que para muchas significa los ingresos de años de trabajo y una rápida salida de la pobreza. Ranju Rajubhai decidió poner su vientre en alquiler cuando su esposo ya no pudo trabajar más como consecuencia de un accidente, en 2007. "Pensé que era una buena obra, este matrimonio tendrá a su hijo", dice Rajubhai que dará a luz al bebé de otra pareja en un mes. Como todas las mujeres contactadas por la Clínica de la doctora Pate, Rajubhai ganará al menos 4.700 euros, el equivalente a lo que hubiera ganado su esposo en siete años. "Podré pagar la cirugía para mi marido –dice– y también quiero comprar una casa, que cuesta entre 700.000 y 900.000 rupias [11.000 a 14.000 euros]. Pero con un embarazo no basta, así que estoy pensando en volver."

La casa de los vientres de alquiler

La historia de Rajubhai es común en la 'casa de los vientres de alquiler' donde vive con otras 39 mujeres, también de origen muy humilde, embarazadas de otras parejas. La casa se encuentra a diez minutos de la clínica. Cada habitación cuenta con dos o tres camas, y la casa tiene cierta apariencia de un pabellón de hospital.

Las madres de alquiler, vestidas con ropas holgadas y multicolores están sentadas, estiradas, miran la televisión o conversan entre ellas. En la sala cuelga la fotografía de un niño que gatea y la frase: 'Ahora es el momento de ser feli'. La mayoría de las mujeres es la segunda vez que están allí y darán a luz mediante cesárea. "Tenemos que cortar nuestras barrigas por dinero", dice sin tapujos Anjuman Pathan, una mujer de 30 años de ojos pequeños y oscuros. "No es nada malo ¿no?". La ácida frase de Pathan da una visión del mundo de las madres de alquiler y del precio que éstas pagan para alcanzar sus sueños. Si bien Patel pide como requisito que los esposos y la familia inmediata estén de acuerdo en poner en alquiler el vientre, casi todas se ocultan de sus comunidades y vecindarios por miedo al ostracismo.

El tiempo que pasan en la casa de los vientres alquilados crea un sentimiento de hermandad. Aunque disfrutan del descanso y la atención, que no tendrían en sus propios embarazos, tienen que soportar la falta de libertad y de la compañía de sus esposos e hijos, viviendo confinadas en el centro durante todo el embarazo. Sus familias están autorizadas a visitarlas los domingos, pero ellas no pueden salir del recinto excepto para acudir a los chequeos médicos o en caso de una emergencia familiar.

"Cuando iba de visita, veía a esas mujeres estiradas todo el día", dice Kantibhai Motibhai, el esposo de Shardaben, que por dos veces ha sido madre de alquiler. "Cuentan los días que les faltan para regresar a sus hogares. Pero creo que esto funciona bien. Para nosotros lo importante es el dinero. Para ellos, lo principal es el bebé". Los dos hijos alumbrados por Sharda han permitido a esta pareja alquilar una tierra cultivable y ganarse la vida con lo que sacan de ella, han comprado búfalos y venden su leche, adquirieron una motocicleta, invirtieron en la educación de sus hijos y ya tienen una cuenta de ahorros en el banco. También madre de alquiler por segunda vez, la nepalí, Diksha Gurunga, lo tiene claro: "Tienes que perder algo para ganar algo y lo que ganamos es mucho más de lo que perdemos".

Encuentro de dos mundos

El mundo de las madres de alquiler y el de quienes contratan sus vientres son muy distintos. "Hubiera salido a la calle y robado", dice Jennifer, una americana alta, esbelta y rubia, de 38 años, que sufrió cinco abortos.

También de cuerpo esbelto, pelo corto y rubio, ojos verdes, Robyn Wright, de 38 años, lleva un salón de belleza en Wilson, Wyoming. Tiene una hija de 14 años de su primer matrimonio. Un mes después del parto, sufrió una hemorragia uterina que la obligó a hacerse una histerectomía. Un par de años después, conoció a Jason, un guía del Parque Nacional de Yellowstone. Conscientes de que en los EEUU alquilar un vientre era económicamente imposible, los Wright sacaron todos sus ahorros y cruzaron medio mundo para hacer realidad su sueño de tener su propio hijo biológico.

La doctora Patel dice que las leyes que regulan los vientres de alquiler en los Estados Unidos, por ejemplo, tienden a proteger mucho a las madres de alquiler. "Hay muchos casos en que tu eres la madre biológica y ella (la madre de alquiler) te chantajea. No te da el bebé y, si no pagas, no te lo deja ver.

De regreso a la clínica de la doctora Patel, un martes por la mañana, tres mujeres que han viajado desde Norteamérica están entusiasmadas con un recién nacido europeo que acaba de nacer de un vientre alquilado. Es una prueba de que sus sueños pueden convertirse en realidad. "No hay un sistema perfecto, pero teniendo en cuenta lo que tenemos y en qué condiciones, la clínica de la doctora Patel, definitivamente, ayuda a hacer posible el milagro", dice Fátima, una mujer de origen indio y chino de Canadá.

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