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El infierno del encierro

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(IPS)

infierno"La vida es un infierno, encerradas todo el día entre cuatro paredes. La presencia de milicianos y la cultura machista son responsables de los problemas de las mujeres", señaló Jabeena Bibi, residente de la agencia pakistaní Jiber, en las Áreas Tribales Administradas Federalmente (FATA).

Si la mujer sale de su casa pone en riesgo el honor pastún, dijo Jabeena, de 28 años, a IPS. El machismo es común en FATA, con cinco millones de habitantes a lo largo de la permeable frontera de 2.400 kilómetros con Afganistán y la vecina provincia pakistaní de Jiber Pajtunjwa.

No parece que nada vaya a cambiar en un futuro cercano debido a la presencia de combatientes del movimiento islamista afgano Talibán que mantiene a las mujeres lejos de la política, la educación y el entretenimiento.

"A los pastún les gusta que las mujeres queden en casa", indicó Shahid Ali, estudiante de la Universidad de Peshawar. Creen que es una forma de respetarlas, apuntó. "Pero si fuera así, dejarían que eduquen", añadió.

El único entretenimiento para ellas son los casamientos y otras ocasiones festivas, indicó Ali, residente de Waziristán del Norte.

"No teníamos televisión ni juegos ni ningún tipo de entretenimiento y le pedimos a nuestros padres que vendieran la casa y compraran una en Peshawar", capital de la Provincia de la Frontera Noroccdiental, dijo Hafsa Ali, de 18 años, a IPS.

Ahora estudia en el Colegio de Economía Doméstica para Mujeres de la Universidad de Peshawar, es una de las mejores jugadoras de voleibol de la zona y representa a la institución en torneos nacionales.

"Cuando hay casamientos u otras celebraciones, las mujeres se reúnen para cantar y bailar. Son ocasiones exclusivas para ellas. Los hombres no las pueden ver", relató Ali.

"Las mujeres salen de su casa para presentar sus condolencias a un familiar o para enterarse del estado de salud de un pariente. En esos casos llevan la burqa, el atuendo que las cubre de pies a cabeza", explicó Tahseenullah Jan, jefe de la Fundación Nacional de Desarrollo e Investigación.

La situación de las mujeres empeoró con la expulsión del Talibán de Kabul en 2001, tras lo cual buscó refugio en las escabrosas áreas tribal pakistaníes, señaló Jan, quien realizó investigaciones en esa vasta zona de 27.220 kilómetros cuadrados.

Treinta por ciento de las mujeres saben leer y escribir en Jiber Pajtunjwa y sólo tres por ciento en FATA, muy por debajo del 54 por ciento a nivel nacional.

La matrículación femenina en las escuelas de Jiber Pajtunjwa es de 3,8 por ciento y en FATA de 1,3 por ciento. Veintidós por ciento de las niñas terminan primaria en Pakistán.

"Desde 2003, el Talibán se arrogó el control de FATA y se oponen a que las mujeres desempeñen un papel destacado en la sociedad. En una oportunidad, el movimiento anunció que no permitirían que estuvieran fuera de su hogar", señaló Jan.

"El patriarcado está profundamente arraigado en Jiber Pajtunjwa y en FATA, donde predominan los pastún. El gobierno central no pudo implementar programas de modernización ni el artículo 34 de la Constitución, de 1973, que dice: 'deben tomarse medidas para garantizar la total participación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida nacional'", señaló

Ellas no pueden tomar decisiones en esas regiones debido al feudalismo tribal, casi tan rígido como el que impuso el Talibán en Afganistán. Los hombres deciden con quienes pueden hablar y con quién y cuándo se casan sus hijas.

Las mujeres obtuvieron 15 asientos en las elecciones de 2008. Cuatro años antes habían sido 13. "Pero en las zonas pastún no fue elegida ninguna mujer porque no se presentaron", apuntó Jan.

El parlamento tiene 342 escaños. La Constitución reserva 10 a las minorías religiosas y 60 a las mujeres, que se reparten de forma proporcional entre los partidos con más de cinco por ciento de los sufragios.

"Los pastún no están listos para aceptar una parte de la sociedad y darle un papel en los procesos de decisión", señaló Saima Jan, profesora de la Escuela Modelo de la Universidad de Peshawar. "Las jóvenes tienen buena escolaridad, pero los padres invierten más en el hijo varón", explicó.

Muchas mujeres pastún realizaron grandes progresos cuando sus padres abandonaron FATA.

"Juego 10 horas al día y ahora quiero entrenar a otras mujeres", indicó Maria Torpeka, de 19 años, quien ganó el campeonato femenino de squash en Islamabad el año pasado.

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