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Los golpes las dejaron ciegas

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2010-04-18ima4


«El debate se ha polarizado entre crímenes y denuncias falsas. Las víctimas se sienten cuestionadas y los agresores reforzados. No es un buen mensaje». El delegado del Gobierno para la violencia de género, Miguel Lorente, advierte sobre el peligro de las tesis interesadas, sobre todo en un momento en el que hay un 36 por ciento más de mujeres asesinadas que el año pasado y otra decena de víctimas que han sufrido agresiones muy graves, con armas blancas, de fuego, e incluso una que fue atropellada tras sufrir una paliza.

«Es muy complicado hablar de esperanza con 21 asesinatos -reconoce Lorente-, pero tenemos que hacerlo porque la experiencia dice que en este tipo de violencia no es fácil hablar de tendencias a corto plazo». El pasado miércoles tocó balance. Las denuncias previas han disminuido, igual que las órdenes de protección solicitadas (sólo cuatro de 21 casos). Esos datos reflejan, según los expertos, que las mujeres minimizan el riesgo y sostienen que el debate sobre la credibilidad está haciendo un flaco favor.

«Nunca pensé que lo haría»

«Te aseguro que dejarme desfigurada y en silla de ruedas parecía más una amenaza, una cosa de desesperado, pero nunca pensé que lo haría». El testimonio apuntala el argumento. Forma parte de una investigación sobre la realidad de mujeres con discapacidad a causa de la violencia de género promovido por el Ministerio de Igualdad. Son nueve víctimas de entre 25 y 50 años con la vida rota: dos quedaron tetrapléjicas, otras dos ciegas, dos más sufren múltiples discapacidades físicas y sensoriales, una está sorda, otra parapléjica y la última tiene serios problemas físicos y psíquicos.

Están contadas las muertas en los últimos siete años -ya superan el medio millar- pero no se sabe, ni siquiera de forma aproximada, cuántas han quedado con discapacidades graves como las que recoge el estudio. Igualdad tiene en marcha un proyecto para localizarlas aunque no es tarea fácil. Muchas además han ingresado en los hospitales mintiendo sobre el motivo de sus heridas o sobre quién las había apuñalado.

«¿Cómo voy a pensar que me va a echar ácido en la cara un hombre que viene a las tres de la madrugada a verme?», se pregunta una de las víctimas. Y a otra, postrada para siempre, aún le cuesta creer que su marido la dejara como la dejó: «(...) Aunque me veas ahora en una cama en la que voy a tener que pasarme el resto de mi vida y tengo 43 años, te aseguro que en esta misma cama yo he dormido con quien me hizo esto y nunca pensé que me iba a suceder».

Otro de los datos sobre los que incidió Lorente fue el aumento espectacular en estos primeros meses de homicidas mayores de 51 años, casi la mitad del total, frente al 33 por ciento del año pasado. A mayor edad, más suicidios tras matar a su compañera. Lorente, basándose también en su experiencia como forense, cree que estos maltratadores aceptan «menos que cualquier otro la pérdida; utilizan la violencia para mantener la relación, no para romperla». Si piensan que ella le va a abandonar da el paso definitivo; no están dispuestos a quedarse solos ni a que se les cuestione en su autoridad.

La preocupación por la caída en picado de denuncias en los casos graves es notable. La fiscal contra la violencia sobre la mujer, Soledad Cazorla, admite que es lo que más le inquieta. «No llegamos a ellas», explicó, y es el único camino para protegerlas. El debate sobre las denuncias falsas es, a su juicio, «un artificio para machacar la ley».

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