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La certeza de Diane

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20-03-2010_ima2


Meryl Streep colabora en la primera edición de los premios Diane Von Furstemberg al coraje femenino. La ex senadora colombiana Ingrid Betancourt recibe un trofeo

ARANTZA FURUNDARENA

Un día, Diane Von Furstemberg, la famosa y rotunda diseñadora neoyorquina, tuvo una revelación. Se encontraba sumergida en el cálido mar de las islas Bermudas y de pronto sintió que todo en su vida encajaba y cobraba sentido. No fue algo fortuito. Sucedió después de que leyera un documento importante. Un pequeño y gastado trozo de papel escrito apresuradamente por su madre cuando, siendo apenas una veinteañera, acababa de ser arrestada y conducida a un campo de concentración...

«En él -cuenta la diseñadora- mi madre les pedía a sus padres que no se preocuparan, que estaba segura de que todo saldría bien. Y que pensaba volver, porque estaba decidida a casarse». Aquella improvisada carta fue entregada por la joven a unas personas que se cruzó por la calle, con el expreso deseo de que se la hicieran llegar a sus padres. «Cuando la hermana mayor de mi madre murió -explica Furstemberg- su hijo encontró ese papel junto con otros documentos y fotos». El texto terminaba con una frase que a la diseñadora le produjo una especie de shock: «No sé dónde me llevan -había escrito su madre-, pero me voy sonriendo». Tras leer aquello, Diane se fue hacia el mar y mientras nadaba tuvo aquella certeza repentina. «Ahora lo entiendo todo sobre mí -pensó-. Yo soy la hija de alguien que se fue a un campo de concentración con una sonrisa».

Tal vez esa pequeña pero importante historia privada aclare por qué Diane Von Furstemberg es algo más que una diseñadora de moda y por qué sus famosas iniciales, DVF, representan algo que va más allá de una etiqueta de lujo. El pasado sábado, Furstemberg cumplió el sueño de celebrar la primera edición de los premios que llevan su nombre. Unos galardones que no están relacionados con la estética, sino con el valor, la solidaridad y la ética de las mujeres. Eso explica que la ceremonia de entrega se celebrara en la sede de la ONU, en Nueva York, y que congregara a celebridades de ámbitos tan variados como el cine, la política y la moda. Una de las premiadas, quizá la más famosa, fue la ex senadora colombiana Ingrid Betancourt, que permaneció seis años secuestrada por las FARC. La actriz Meryl Streep le entregó un trofeo concedido «por su liderazgo y coraje».

También recibieron el 'DVF Award' Sadiqa Bariri Saleem, de Afganistán, y Danielle Saint-Lot, de Haití, miembros de Vital Voices Global Network, una ONG que identifica, forma y apoya a las mujeres líderes emergentes y emprendedoras alrededor del mundo. El tercer galardón, denominado 'People's Voice' y votado por el público a través de una web, buscaba destacar la labor de una mujer americana comprometida con su comunidad. La ganadora fue Katherine Chon, presidenta y cofundadora de Polaris Project, una organización benéfica ubicada en Washington y dedicada por entero a la lucha contra el tráfico de personas y la esclavitud moderna.

La solidaridad entre mujeres es algo que siempre ha animado y conmovido personal y profesionalmente a Diane Von Furstemberg, cuya página web exhibe este mes un 'mantra' que reza así: «Jamás he conocido a una mujer que no fuera fuerte». Mundialmente famosa como la inventora del 'wrap dress' un tipo de vestido cruzado y anudado que realza la silueta, Diane afirma sentirse especialmente orgullosa de haber podido compartir su éxito como diseñadora, «porque mi trabajo -explica- ha consistido siempre en hacer ropa para que las mujeres aumenten su confianza en sí mismas».

Casada con un príncipe

Diane no nació Von Furstemberg. Eso llegaría luego, al casarse con el príncipe Egon, quien como ella misma dice, «me dio un nombre y unos hijos». Hija de padre de origen ruso y madre de origen griego, pero ambos judíos, vino al mundo como Diane Simone Michelle Halfin en Bruselas el 31 de diciembre de 1946, cosa que ella irónicamente lamenta, «pues de haber nacido sólo un día más tarde, sería un año más joven». Es sólo una broma. La edad nunca ha obsesionado a Diane, que se niega a pasar por el quirófano convencida de que «cada arruga que te quitas aumenta tu inseguridad».

Al príncipe Egon de Furstemberg, primogénito del príncipe alemán Tassilo y de Clara Agnelli (heredera del imperio Fiat) lo conoció en la Universidad de Ginebra, donde ella estudiaba Económicas. Se casaron en 1969 y tuvieron dos hijos, Alexandre y Tatiana, ambos nacidos en Nueva York. Pero se divorciaron tres años después. Aún así, Diane asegura que «fue un gran amor que duró toda la vida». De hecho, la diseñadora le dedicó a él su libro de memorias. Y cuando el príncipe Egon murió, hace más de cinco años, ella y sus hijos estaban con él. Tras haber permanecido soltera por décadas, Diane decidió casarse, cumplidos ya los cincuenta. «Y antes de hacerlo le pedí permiso a mi ex marido. Él me dijo que sí, pero me rogó que siguiera llevando su apellido».

Hoy, Diane Von Furstemberg, además de una diseñadora de éxito, es la abuela de tres nietos a los que adora. «Soy una especie de abuela-mamá. Siento que tengo cinco hijos». Mujer de marcados rasgos mediterráneos y fan de Almodóvar, con quien comparte su admiración por las mujeres fuertes y de carácter (como ella, que sobrevivió a un cáncer hace 15 años), Furstemberg no olvida que su presencia en el mundo se debe a la determinación de aquella decidida joven que se fue al campo de concentración sin dejar de sonreír. «Mi madre siempre decía que sobrevivió al horror porque sabía que un día me tendría a mí, y quería ver mi carita».

 


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