Imprimir

Hace ya 15 años

on . . Visitas: 860


OLIVA ACOSTA DIRECTORA Y PRODUCTORA AUDIOVISUAL

Han pasado ya quince años desde la intensidad política que supuso para los estados miembros de Naciones Unidas la IV Conferencia Mundial sobre la mujer en Beijing/Pekín, China. Un proceso que se había iniciado durante la década anterior con otras tres conferencias mundiales, en México, Copenhague, y Nairobi y que condujeron con el máximo éxito, en un alarde de estrategia y maniobra política, las organizaciones internacionales no gubernamentales de mujeres, apoyadas por algunos -pocos- países miembros de la ONU.

Fue mi primera elección temática como directora y documentalista, que me llevó a recoger el dinamismo de esas mujeres llegadas de todas partes del mundo, inundando los pasillos de la ONU y sus innumerables salas de reuniones con la conciencia de que era ahora, o después ya sería demasiado tarde y había que conseguir avances y, sobre todo, exigir responsabilidades. El interesante concepto de 'accountability': que significa ni más ni menos que los gobiernos respondan puntualmente y den cuentas a la ciudadanía.

Precisamente, este punto del empuje necesario de la sociedad civil constituye uno de los aprendizajes más interesantes de mi etapa de trabajo en Naciones Unidas y que creo no debemos olvidar nunca. Pude ser testigo del trabajo de activismo político de las ONGs internacionales de derechos humanos de las mujeres, trabajando para organizarse, haciendo 'lobby' o presión política para conseguir cambiar el discurso internacional en este sentido. Es evidente que lo consiguieron y no ha sido en vano, aunque aún quince años después quede tantísimo por hacer.

Porque no podemos olvidar que durante siglos las mujeres fueron invisibilizadas y apartadas de todos los ámbitos de la sociedad. Estuvieron recluidas en el espacio doméstico y ausentes de las decisiones socio-económicas y políticas. Y por fin, después de muchas pequeñas y grandes batallas, en septiembre de 1995 tuvo lugar el hecho histórico que recordamos esta semana desde Cádiz: todos los estados miembros de Naciones Unidas reconocieron la discriminación histórica de las mujeres y se firmó la Plataforma de Acción de Pekín, un compromiso mundial para acabar con siglos de injusticia y desigualdad que reconocía los derechos universales, inherentes e inalienables de las mujeres.

La Conferencia fue convocada como un llamado para «crear un mundo justo y equitativo, basado en los derechos humanos y las libertades», con inclusión del principio de igualdad para todas las personas. La Plataforma de Acción que vimos negociarse y aprobarse en Pekín hacía una revisión de la situación de las mujeres en el mundo y planteaba un conjunto de acciones prioritarias, agrupadas en 12 esferas de especial preocupación que desgraciadamente hoy en día siguen siendo todavía noticia y que revisamos esta semana en Cádiz: la feminización de la pobreza, educación, participación económica y política, masculinización de los medios de comunicación y los ámbitos empresariales, conflictos armados, infancia, salud y derechos reproductivos, violencia contra las mujeres, medio ambiente, o derechos humanos.

Nunca pudimos desde Naciones Unidas prever la dimensión que iba a tener la IV Conferencia. Fue la reunión más importante y más numerosa que haya tenido lugar nunca auspiciada por las Naciones Unidas. Reunió a más de 50.000 participantes, incluidos 17.000 delegados/as de 189 países, 30.000 representantes de ONGs y más de 9.000 representantes de medios de comunicación. Tuve la inmensa suerte de trabajar en ese proceso internacional y en el seguimiento los años posteriores.

En los días que duró la conferencia, y a pesar del extenuante y largo proceso preparatorio a nivel mundial, llegamos al Centro de Convenciones de Pekín con muchos de los temas vitales para los derechos de las mujeres aún en proceso de negociación. Y así nos encontramos prácticamente hasta la madrugada anterior a que se ratificase la Plataforma de Acción, el día final de la Conferencia. Hasta ese día negociamos y luchamos sin descanso con los obstáculos constantes interpuestos por muchos países miembros (sorprendería saber cuáles) que no podían de ningún modo aceptar el avance imparable de las mujeres hacia la igualdad.

Pero el mundo los observaba, y 30.000 representantes de la sociedad civil y de las organizaciones internacionales de mujeres estaban presentes en Pekín esos días, aunque eso sí, vergonzosamente llevados «por seguridad» a 50 kilómetros de la sede de la Conferencia. Las delegaciones más avanzadas en su visión política, por suerte, llevaban a las ONGs inscritas dentro de su propia delegación para poder así recibir el 'imput' directo en todo momento de quienes habían llevado el peso de la lucha por los derechos de las mujeres. Conviene, hasta en este momento en que ya han pasado 15 años, no olvidar nunca eso.

Hoy es, pues, todo un orgullo para mí, una de las dos profesionales españolas que trabajábamos asistiendo a la Secretaría General de la IV Conferencia, Gertrude Monguella, que en mi tierra, a la que he podido por fin volver después de casi toda una vida lejos, se haya celebrado la cumbre de Ministras de Igualdad, tengamos una Declaración de Cádiz y se reúna el foro que va a revisar el grado de implementación en la UE de los compromisos adquiridos en Pekín. Una tierra donde a pesar de lo desalentador de los datos sobre la participación de las mujeres en las decisiones políticas, económicas y sociales (apenas un 3%), especialmente en mi sector, empresarial y audiovisual, hoy tenemos tan buenas noticias para dar y mensajes contundentes a los que poner el altavoz, como el de Bibiana Aído: «Para reactivar la economía hacen falta más mujeres con altos cargos». Ya era hora de que alguien en esta UE nuestra se atreviera a decir algo tan básico y que ya se dijo en Pekín hace 15 años y quedó así escrito y ratificado por todos los gobiernos en la Plataforma de Acción.

Y para terminar, hay algo que tengo siempre presente, que decía muchas veces Gertrude Monguella, la secretaria general de la IV Conferencia de Pekín, y que creo que hoy sigue teniendo vigencia aquí: «con la incorporación de las mujeres en todos los espacios sociales, culturales, económicos y políticos, estamos viviendo una revolución que no tiene marcha atrás, y que no afectará sólo a las mujeres: todos hombres y mujeres ganan con el triunfo de la igualdad». No hay mejor modo hoy de hacer justicia a aquellas mujeres que no tuvieron el derecho a participar en la efeméride de la Constitución Española de 1812 en Cádiz. ¡Hoy aquí y por todas ellas lanzamos al mundo la Declaración de Cádiz!

 

 

Utilizamos cookies para mejorar nuestro sitio web y para ofrecerle contenidos más interesantes. Para obtener más información sobre las cookies y cómo eliminarlas, consulte nuestra Política de Privacidad.

Sí, acepto cookies de esta web