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Las mujeres avanzan en el mercado laboral, pero las desigualdades persisten

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Son casi ya el 50% de la fuerza laboral, pero en gran parte es por la crisis | Suecia y Dinamarca han logrado elevar la tasa de natalidad y de empleo femenino

BEATRIZ NAVARRO / MARC BASSETS

La primera década del siglo termina con aires aparentemente victoriosos para las mujeres occidentales. En Estados Unidos, por primera vez en la historia, una mujer estuvo a punto de ser presidenta, y una hispana se convirtió en la tercera mujer en el Tribunal Supremo. Alemania eligió a su primera canciller, y el concepto era tan novedoso que en España se abrió un debate sobre si había que llamarla canciller o cancillera. A la vista de la caída del número de universitarios masculinos, algunos hablaron de "la crisis de los muchachos", supuestamente descolocados por el ascenso femenino.

Hay cifras mágicas, números redondos que incitan a interpretaciones y conjeturas. El dato de que en Estados Unidos las mujeres están a punto de representar el 50% de la fuerza laboral es uno de ellos. Por fin, después de décadas de opresión y lucha, las mujeres –la mitad de la población– ocuparían el lugar que les corresponde en el mercado laboral. El semanario inglés The Economist lo ha celebrado ilustrando su primera portada del 2010 con una imagen propagandística de la Segunda Guerra Mundial de una mujer obrera y el titular: "¡Lo hemos logrado!".



"Apenas hemos empezado a ver los efectos de la mayor integración de la mujer en el mercado laboral. En algunos países europeos implicará grandes cambios sociales", dice Agnès Parent- Thirion, investigadora de la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo, una agencia de la Unión Europea (UE). "El hecho –añade– de que las mujeres trabajen más, también como madres, obligará a organizar la sociedad de otra forma". Parent-Thirion advierte: "No basta con alcanzar una masa crítica de participación de la mujer en el mercado laboral para que sus condiciones de trabajo estén a la altura de los hombres. Hacen falta acciones voluntaristas a todos los niveles".

Como sugiere esta investigadora europea, es pronto para cantar victoria. El 50% de la fuerza laboral es sólo un número. O, como dice la veterana feminista estadounidense Faye Wattleton, "una instantánea de las fuerzas laborales en este momento, y que probablemente refleje más la situación económica del país que unas tendencias laborales a más largo plazo". "Lo que sabemos es que los datos reflejan, en medio de la recesión, una mayor proporción de hombres perdiendo el empleo que de mujeres. Y esto probablemente se deba a la concentración de mujeres en el sector de servicios y en los empleos con salarios más bajos, como la sanidad o los trabajos de secretariado", señala Wattleton, presidenta del Centro para el Avance de las Mujeres.

No en vano algunos han llamado a la gran recesión la mencession, un recesión de hombres (men, en inglés). La recesión, de la que Estados Unidos y la Unión Europea empiezan a salir, tuvo uno de sus epicentros en el sector de la construcción, dominado por hombres, y ha golpeado con saña el sector industrial, también tradicionalmente masculino. En Estados Unidos, uno de cada cinco hombres en edad de trabajar se encuentran en paro. En la UE, entre mayo del 2008 y septiembre del 2009, el paro ha crecido más rápidamente entre los hombres (del 6,4% al 9,3%) que entre las mujeres (del 7,4% al 9%). Es decir: que las mujeres representen el 50% del mercado laboral puede ser coyuntural. Las mujeres que superaron mejor que los hombres los primeros embates de recesión pueden ser las más damnificadas en la recuperación.

En los últimos meses, la tasa de paro de hombres y mujeres en la UE ya avanza al mismo ritmo, como reflejo de la extensión de la crisis económica a sectores productivos más mixtos. La mayor presencia femenina en el sector público explica su resistencia al paro, aunque en el futuro podrían perder el empleo debido a los recortes presupuestarios. La tendencia histórica es que resulta más fácil salir del paro si se es hombre que mujer. Tras la crisis, las paradas tendrán más dificultades para recolocarse.

También se hace difícil hablar de victoria plena para las mujeres cuando las diferencias salariales persisten, en Estados Unidos y en Europa. Las mujeres cobran menos en iguales condiciones, y también las hay más ocupadas en empleos menos remunerados. En Estados Unidos, sólo un 25% de los maestros de primaria son hombres, el nivel más bajo de los últimos 25 años. No es una profesión que les interese. "Todo el mundo coincide en que la razón es el salario", escribe la columnista de The New York Times Gail Collins en When everything changed (cuando todo cambió), una historia de la mujer estadounidense de 1960 a 2009. Collins señala otro motivo de las diferencias salariales entre sexos: la discriminación pura y dura, solventada legalmente en el 2009 después de que el presidente Barack Obama impulsase una ley que prohíbe un salario distinto para un mismo trabajo.

En su ensayo, Collins repasa las batallas de las mujeres en el último medio siglo: la exclusión hasta los años sesenta del siglo XX, la liberación en los setenta, la aceptación en los competitivos ochenta de que "las mujeres no sólo ganarían dinero para ayudar a sostener la familia sino que también forjarían carreras profesionales serias" y la tendencia, a partir de los noventa, a "conformarse con menos" para poder conjugar la vida familiar y profesional.

Durante unos años, en la prensa estadounidense abundaron los artículos sobre graduadas y doctoradas en universidades de élite que a partir de los 30 años renunciaban a hacer carrera, y a la competición feroz. El motivo principal por el que las mujeres ingresan menos, según Collins, es "la tendencia a abandonar el mercado laboral o reducir el horario laboral para trabajar a tiempo parcial cuando tienen hijos".

Nosucede sólo en Estados Unidos. En la UE, la falta de instalaciones y servicios para el cuidado de los hijos y los mayores lleva a que un 31% de las mujeres trabaje a tiempo parcial frente al 7,9% de los hombres. Puestos a renunciar a un sueldo, suele sacrificarse el más bajo, a menudo el de la mujer. En el 2007, era como media un 17,6% inferior al de los varones en el 2007, sin mejoras visibles en los últimos años.

Las soluciones no son evidentes. Países como Dinamarca y Suecia estimulan la permanencia de las mujeres en el mercado laboral después de ser madres ofreciendo apoyo al cuidado de los hijos pequeños con bajas más generosas, ayudas económicas y centros públicos. Y funciona: trabajan más y tienen más hijos. "Otros países ponen más énfasis en facilitar los cambios en la jornada laboral. Es una fórmula habitual en Holanda, Reino Unido y también Suecia", explica Willem Adema, economista sénior de la división de política social de OCDE. "La ventaja de la opción del tiempo parcial es que se sigue ligado a un contrato y se evita el deterioro de las condiciones laborales".

En Estados Unidos, no está prevista la baja de maternal o paternal con salario, aunque hay excepciones, y una plaza de guardería en una gran ciudad puede rondar los mil euros mensuales. Una solución posible es la flexibilidad voluntaria de las empresas a la hora de permitir a las mujeres abandonar el trabajo cuando tienen hijos y regresar después, u ofrecer horarios reducidos.

Se trataría de rentabilizar la inversión en la educación de las mujeres, que de poco sirve si no entran en el mercado laboral o si se retiran pronto por no poder compatibilizarlo con la vida familiar. La presión aumentará: el 60% de los licenciados universitarios en la UE ya son mujeres. La OCDE califica la situación actual de "fallo del sistema y del mercado". El propio mercado, según esta visión, corregiría la anomalía de renunciar a las mujeres más preparadas. La economía no puede prescindir de ellas.

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