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Punto muerto para el clima

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08-12-2011Las desesperanzadoras palabras del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en cuanto a que es imposible lograr un acuerdo vinculante en la cumbre de cambio climático que se está celebrando en Durban, no son más que el reflejo de la gran distancia que existe entre las posturas de los diferentes bloques de negociación. No obstante, ninguno de los países asistentes a esta cita contaba con que de Durban saliera un tratado vinculante que sustituyera al protocolo de Kioto. Esa que fue la gran esperanza de Copenhague aún se está intentando recomponer añico a añico tras el fiasco de la negociación en Dinamarca que, junto a la brutal crisis económica y financiera, ha venido a retrasar un acuerdo que nunca estuvo tan cerca como en 2009.

De lo que se trata en Durban es de acordar una hoja de ruta y un plazo que permita lograr un marco mundial ambicioso, global y jurídicamente vinculante de control de las emisiones de gases de efecto invernadero por parte de todas las grandes economías, y que sea operativo a más tardar en 2020. El protocolo de Kioto expira en 2012, y solo la Unión Europea está dispuesta a firmar un segundo periodo de cumplimiento (reducción de entre el 20 y 30 por ciento de sus emisiones hasta 2020), siempre y cuando sirva de acicate para que el resto de países, tanto desarrollados como emergentes, se comprometan a hacer lo mismo y plasmen en una decisión vinculante sus compromisos de reducción, que hasta ahora son voluntarios. Si esa decisión se llama Kioto 2 o lo que sea, debería ser indiferente...

Pero parece que no lo es. Mientras los grandes países emergentes —Brasil, Sudáfrica, India y China— reiteran que los nuevos compromisos de reducción de los países desarrollados deben estar dentro del protocolo, Canadá, Japón y Rusia se muestran tajantes en que no aceptarán un segundo periodo de cumplimiento de Kioto, pues dentro de este tratado no están algunos de los grandes emisores mundiales, como EE.UU. y China.

Se trataría, por tanto, de diseñar un sistema de convergencia para los Kioto y los no Kioto pero con obligatoriedad para todos de cumplir los objetivos. El calendario debería estar definido en 2015, pero Japón y Rusia ya han dado señales de que no apoyarán un nuevo acuerdo antes de 2018. Japón está especialmente preocupado por su pérdida de competitividad económica, toda vez que sus principales rivales económicos (EE.UU., China e India) no tienen compromisos internacionales obligatorios. Y es que lo que en 2009 se veía como una oportunidad hoy puede verse como un lastre en términos económicos.

En respuesta, los pequeños Estados insulares ya han advertido que retrasar la toma de decisiones hasta 2018 o 2020 es irresponsable, al tiempo que este retraso haría aún más difícil que se revisaran al alza los compromisos de reducción antes de que sea demasiado tarde para abortar un aumento de 2ºC en la temperatura global, límite de seguridad considerado por los científicos para que el clima no se desboque.

Brasil, el mediador

Así las cosas, para que el proceso no salte por los aires, la presidencia de la cumbre, que recae en el país anfitrión, ha designado a Brasil como facilitador para la búsqueda de un acuerdo entre las partes. El negociador jefe brasileño, Alberto Figueredo, mantuvo ayer conversaciones con los distintos grupos.

Sobre lo que sí parece que se ha avanzado, según el negociador de EE.UU., Todd Stern, es en el Fondo Verde, que debe aportar a los países en desarrollo financiación para luchar contra el cambio climático. Un avance que, sin duda, servirá de baza en estos días de negociación final.

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