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Inundadas, solas y desamparadas

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lluviaLa vida en el tugurio ugandés de Bwaise nunca fue fácil. Pero en los últimos tres años, lluvias cada vez más erráticas han causado constantes inundaciones en lo que otrora fue un pantano. Las mujeres son las más perjudicadas.

El asentamiento se ubica en las afueras de la capital. Aquellos habitantes que tienen la posibilidad de mudarse a otro lado lo hacen, dejando atrás a los más pobres, que a menudo son abuelas y madres solas.

Las lluvias siguen arrasando los huertos que rodean la casa de Regina Bayiyana en Bwaise. Su esposo y sus cinco hijos fallecieron a causa de prolongadas enfermedades, dejándola al cuidado de 15 nietos en su vivienda de un dormitorio.

Las bananas y boniatos que cultivaba eran su principal fuente de alimentos y de ingresos.

Ahora, ella y su familia sobreviven con una sola comida al día, y el dinero ya no alcanza para pagar la escuela.

"Hace 10 años, este era un buen lugar. Ahora no podemos plantar. El agua entra a nuestras casas cada vez que llueve. Toda mi propiedad fue arrasada por las lluvias", relató.

En Kampala, donde abundan las colinas, Bwaise es un área baja que se pobló a comienzos de los años 80, según Florence Masuliya, del Tusitukirewamu Group, una organización feminista con sede en el tugurio.

Muchos de quienes se radicaron allí eran refugiados procedentes de áreas plagadas de violencia en todo el país.

Allí la población pudo instalar comercios y cultivar suficientes alimentos para sobrevivir, explicó Masuliya. Por lo menos, hasta que empezaron a cambiar los patrones de lluvias en la capital.

"Antes, la temporada lluviosa era en noviembre y diciembre. Pero ahora, desde enero venimos experimentando lluvias, lluvias y más lluvias. Pienso que esto se debe al cambio climático", agregó la mujer.

Un informe divulgado en 2008 por Oxfam International, redactado con ayuda de funcionarios distritales de Uganda, concluyó que muchos de los cambios registrados en el clima del país –entre ellos, lluvias "fuertes y violentas"- eran consistentes con los efectos del recalentamiento planetario.

Aunque los patrones meteorológicos siempre fueron impredecibles en Uganda, los autores del estudio dijeron que los actuales cambios en las precipitaciones, combinados con la continua deforestación que tiene lugar en el país, podían aumentar el riesgo de inundaciones, dado que el suelo no es capaz de absorber tanta agua.

La investigación también pronosticó que toda la región se volvería aún más húmeda en el futuro.

El agua que fluye hacia Bwaise desde las comunidades industrializadas circundantes pone de relieve las conclusiones del informe.

Como el tugurio creció sin demasiada planificación oficial, los sistemas de drenaje que se utilizan son escasos y demasiado rudimentarios para hacer circular la cantidad de agua que se vierte en el barrio. Por lo tanto, circula por entre las casas y los comercios.

Muchos edificios empiezan a pudrirse o desmoronarse. Las lluvias nocturnas son especialmente traicioneras: las inundaciones toman a las familias desprevenidas y a veces incluso se ahogan niños pequeños.

El agua que queda estancada en calles y huertos es un caldo de cultivo para enfermedades como el cólera y la fiebre tifoidea.

Aunque no estaba lista para las inundaciones cuando se iniciaron, Bayiyana ahora aprendió a prepararse para cuando llueve.

Cuando oye que las precipitaciones llegan por las noches, apila los tres colchones de la familia, uno encima del otro, y les dice a sus nietos que se trepen a ellos para evitar el agua y las víboras que a veces arrastra hasta el interior de su casa.

Pero no se las han arreglado para evitar completamente el agua contaminada. Varios de los nietos de Bayiyana tuvieron sarpullidos y ella tuvo que llevarlos a un hospital cercano para tratarlos.

Le gustaría mudarse, pero "nadie compraría esta tierra", dijo.

Y, "si la vendiera, obtendría muy poco dinero", agregó.

Aunque las lluvias afectan a todos por igual, las madres y las abuelas son las más perjudicadas, explicó Florence Kasule, gerenta de programa de la Red de Política Económica de Mujeres Africanas.

Según ella, desde que empezaron las precipitaciones los hombres se fueron de la comunidad en busca de ingresos más seguros, porque las inundaciones volvieron inestable el trabajo. La mayoría dejó atrás a esposas e hijos. Ellas se ganan la vida como pueden, a veces vendiendo alimentos por la noche, en el exterior de bares.

El esposo de Susan Nakayiza la dejó sola con sus 12 hijos. No estaban preparados para las lluvias. No hubo ninguna advertencia oficial y ella no tenía cómo saber que las precipitaciones se convertirían en inundaciones. Así que, cuando estas empezaron en 2008, destruyeron casi todas sus pertenencias.

Para poder llegar a fin de mes administra un lavadero en el patio de su casa. Sus hijos mayores la ayudan, tomando pedidos y lavando ropa. Pero de todos modos tuvo que sacar de la escuela a sus hijos menores porque el dinero era escaso. El negocio empeora a medida que cada vez más gente se muda del lugar.

Como Bayiyana, Nakayiza sueña con irse, pero no tiene "dinero para alquilar en otra parte", dijo.

La organización de Masuliya busca financiamiento para apoyar a las mujeres de esa comunidad. Un subsidio de la Embajada de Estados Unidos, a través del Plan de Emergencia del Presidente de los Estados Unidos para el Alivio del Sida, brindó dinero a mujeres para cultivar hongos, tanto para alimentarse como para vender.

Bayiyana es una de las participantes. Como sus huertos están inundados, Masuliya deja que esta abuela cultive la tierra que hay en el jardín trasero de la sede del Tusitukirewamu Group.

Masuliya también trabaja en estrecha colaboración con funcionarios locales para alentarlos a construir un mejor sistema de drenaje en Bwaise. Le prometieron que el año próximo habrá uno nuevo, financiado por el Banco Mundial.

También participan funcionarios locales. La Autoridad de la Ciudad Capital de Kampala realiza talleres en el distrito para alentar a la población a eliminar adecuadamente sus residuos, a fin de que no queden atrapados en las inundaciones, según Janet Massazi, empleada de desarrollo comunitario en esa entidad.

En los últimos tres años se realizaron talleres sobre preparación contra desastres en Bwaise y en las comunidades cercanas. No es un nuevo sistema de drenaje, pero sí un esfuerzo por crear conciencia y ganarles de mano a los desastres. (ips)

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