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¿Estamos ante una nueva extinción?

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30-10-2011La pasada semana se confirmaba la muerte del último ejemplar del rinoceronte de Java en Vietnam a manos de cazadores furtivos. El nombre de su especie -De la que solo quedan ya apenas 50 ejemplares en Indonesia- pronto se sumará a la dramática lista de seres vivos que han desaparecido de la faz de la Tierra a lo largo de los últimos siglos. Delfín de río Amarillo, tigre de Tasmania, león del Cabo, oso del Atlas, tigre persa, foca monje del Caribe, bucardo, pájaro carpintero imperial, lobo japonés, dodo...

Actualmente los seres vivos se extinguen entre cien y mil veces más rápido de lo habitual. En lo que respecta a los mamíferos la supervivencia del 23% de sus especies se encuentra amenazada y en el caso de los insectos el porcentaje se eleva hasta un 52%. Estas cifras han llevado a destacados científicos a alertar sobre una extinción general, la sexta que habría vivido el planeta en los últimos 500 millones años.

El proceso que se estaría produciendo actualmente mantiene una diferencia significativa con sus precedentes. Todos ellos fueron producto de causas naturales, como el choque de un asteroide -se calcula que uno de tamaño gigante impacta contra la Tierra cada 100 millones de años,- erupciones volcánicas de gran magnitud, cambios climáticos, descenso del nivel del mar, depredación o competencia entre especies. En esta ocasión el desencadenante está bien definido: la acción del hombre. "El Homo sapiens está maduro para ser el destructor más colosal de la historia", afirman los paleontólogos Richard Leakey y Roger Lewin en su libro 'La sexta extinción'.

Desde su aparición sobre la faz de la Tierra, el Homo sapiens ha transformado el hábitat en su propio beneficio, sin considerar las consecuencias de ello para el resto de flora y fauna. Así, estas se han visto sometidas a la explotación directa -caza o alimentación-, el destrozo biológico a raíz de la introducción de especies foráneas en sus ecosistemas, y, la más importante según Leakey y Lewin, la desaparición de sus espacios naturales. "El crecimiento continuo de las poblaciones humanas en todos los rincones del mundo estrangula los hábitats vírgenes, ya sea por la expansión de la tierra cultivable, la construcción de ciudades y pueblos o el transporte de la infraestructura que los une. Conforme se reducen los hábitats, se reduce igualmente la capacidad de la Tierra para sostener su herencia biológica", defienden estos paleontólogos.

Los antecedentes

La historia del planeta está plagada de especies que han nacido en él, lo han habitado y después, simplemente, se han desvanecido. En los 530 millones de años transcurridos desde la explosión cámbrica se calcula que han surgido 30.000 millones de variedades de seres vivos, de las que el 99,9% han desaparecido. Leakey y Lewin estiman la duración media de la vida de las especies en cuatro millones de años.

De las cinco extinciones precedentes la más grave se produjo entre los periodos Pérmico y Triásico, hace unos 250 millones de años. Conocida como 'La Gran Mortandad', a raíz de ella perecieron el 90% de todas las formas de vida que poblaban el planeta. Tal capacidad de destrucción solo se pudo deber a un gran cataclismo, aunque la comunidad científica aún no ha sabido dar respuesta a cuál pudo ser este. Pero quizá la extinción más conocida sea la ocurrida hace 65 millones de años y que tuvo como consecuencia la desaparición de los dinosaurios junto al 70% de las especies que convivían con ellos. La eliminación de una especie conlleva que otra ocupe su puesto, y esto es lo que ocurrió entonces. Los grandes reptiles dejaron espacio a una nueva era protagonizada por los mamíferos. La incógnita es a quien cederá su lugar el ser humano. "El Homo sapiens es hoy la especie dominante en la Tierra. Por desgracia, nuestro impacto es devastador y, si seguimos destruyendo el entorno como en la actualidad, la mitad de las especies del mundo se extinguirá a comienzos del próximo siglo", asegura Leakey, antes de advertir de que "aunque el Homo sapiens está condenado a la extinción, al igual que las demás especies que han existido, tenemos el imperativo ético de proteger la diversidad de la naturaleza, no de destruirla".

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