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El pequeño infierno de las inundaciones

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inundacionesDurante la temporada de lluvias y muchas semanas después también, a la zambiana Miriam Banda su casa nunca le resulta el mejor lugar en el que estar.

Hasta fines de 2008 disfrutó de su vivienda en Kanyama, un asentamiento densamente poblado que limita con el central distrito comercial de la capital..

Su pequeño comercio de venta de golosinas era una fuente confiable de ingresos para ella y sus hijos, pero ya no cuenta con él, y Banda cree que solamente un milagro puede cambiar su situación.

"Los problemas empezaron durante la temporada de lluvias 2008-2009, cuando el agua comenzó a subir alrededor de mi casa como nunca antes", dijo a IPS.

"Al principio nos arreglamos para impedir el paso del agua, usando arena empacada en sacos de cemento. El agua siguió subiendo hasta que empezó a entrar a mi casa", agregó.

El último golpe fue el día en que se despertó y encontró que la marea había arrasado su comercio.

"No podía creerlo, todo se había ido. El comercio era mi principal fuente de ingresos. Les pedí ayuda a mis vecinos, pero nadie podía hacer mucho por mí, dado que también intentaban contener el agua en sus propias casas", dijo.

Después de las inundaciones, Banda, de 61 años, tuvo que enfrentar la realidad de que el agua quedara represada entre las viviendas. Pero cuando el gobierno quiso evacuarla a ella y a otros hacia el Estadio de la Independencia en Lusaka, ella no accedió sin que le garantizaran que se le permitiría volver a su casa cuando las aguas cedieran.

Otra residente del lugar, Clara Siamwindi, dijo que la situación parece empeorar cada año.

"En los más de 30 años que hace que vivo en Lusaka, nunca vi inundaciones como las de los últimos tiempos. Para mí, como viuda, la vida se ha vuelto muy difícil, pero no puedo alejarme de este lugar a menos que (el gobierno) nos construya casas nuevas", explicó.

Banda, Siamwindi y sus vecinos de Kanyama no consideran que su situación sea consecuencia del cambio climático, sino como una señal de la "ira divina".

Los cambiantes patrones de las lluvias causaron un aumento en la intensidad y frecuencia de las inundaciones en Kanyama y los tugurios vecinos de Misisi, Chawama y John Laing. Las inundaciones se han vuelto un problema perenne en estas áreas, pero la respuesta del gobierno es lenta.

"Mujeres, niñas y niños son los más afectados", dijo Bornface Chileshe, un habitante de Kanyama que se comprometió a asumir un rol de liderazgo en la mitigación de los efectos del cambio climático en ese distrito y en los circundantes.

Chileshe es orientador psicosocial y miembro del comité de desarrollo del municipio.

"Cada año, especialmente en febrero, cuando las inundaciones están en su punto máximo, este lugar se convierte en un pequeño infierno. Enfrentamos toda clase de problemas, pero no parece que a nadie le importen realmente", dijo.

"En esa época del año también aumentan los brotes de enfermedades como la diarrea, la fiebre tifoidea y el paludismo, pero no podemos ir a la clínica porque incluso la clínica está inundada", relató.

A causa del mal drenaje, las inundaciones vuelven inaccesibles la clínica y las escuelas.

"Es una situación triste, especialmente para las embarazadas que necesitan atención y no pueden acceder" a los servicios de salud, agregó Chileshe.

Él y otra habitante del lugar, Mariel Manda, dijeron a representantes de la sociedad civil que creen que el dinero que el gobierno gastó para evacuarlos e instalarlos en el estadio, además de suministrarles provisiones, probablemente fue más que el que gastó en construir un mejor sistema de drenaje a fin de apoyar los esfuerzos de mitigación de la comunidad.

Gregory Chanda, integrante del parlamento de Kanyama, declaró a IPS que el cambio climático está teniendo un impacto "terrible" en mujeres, niñas y niños.

"Esto plantea muchos desafíos que el gobierno debería abordar. Algunas de las actividades no requieren demasiado dinero, sino simplemente cooperación del gobierno", dijo Chanda, quien pertenece al opositor Frente Patriótico.

Un informe sobre el gasto público muestra que en 2009 –el año en que las inundaciones destruyeron el comercio de Banda—el gobierno asignó alrededor de cuatro millones de dólares a la construcción y rehabilitación del sistema de drenaje en Kanyama.

El informe del auditor general confirma que, aunque se concedió toda la suma requerida, solamente se gastaron unos dos millones de dólares. El ministerio del gobierno local retuvo el resto.

Chanda dijo a IPS que, como legislador del área, se encuentra en una situación "muy difícil", especialmente porque es un hecho público que los fondos se liberaron para la construcción del sistema de drenaje.

La "mayoría" de las mujeres que quedaron sin medios de sustento debido a los daños causados por las inundaciones ahora deben recurrir a la prostitución y a otros trabajos similares para ganarse la vida, añadió.

El presidente de la Campaña Nacional de Zambia para Personas con Discapacidades, Sefelino Bwalya, dijo que la situación es peor para las mujeres con discapacidades, especialmente para las ciegas y las que se desplazan en sillas de ruedas. (ips)

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