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Madrid quiere respirar menos humos

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elpais

02-05-2011La boina estaba en todo su esplendor. Se veía perfectamente esa masa de aire parduzco desde cualquier punto elevado. El Ayuntamiento tuvo que alertar de los altos niveles de contaminación y pedir a los ciudadanos que contribuyeran usando el transporte público. Pero el 9 de febrero pasado, en una entrevista en la Cope, la concejal de Medio Ambiente, Ana Botella, sentenció: "El paro asfixia más". Al día siguiente volvió a la carga: insistió en que la mala calidad del aire no es una preocupación ciudadana, sino un debate "electoralista" fomentado por el Gobierno de Zapatero.

Quizá la concejal no conocía entonces la encuesta anual sobre Calidad de vida en la ciudad y satisfacción con los servicios públicos. La hace el Ayuntamiento donde ella trabaja. En su última edición, de 2009, la contaminación es el segundo problema que los madrileños detectan en la capital, solo por detrás del tráfico. "Los problemas relacionados con el medio ambiente urbano tienen cada vez mayor protagonismo en la agenda pública", asegura la encuesta, recogida en la Memoria 2009 del Consistorio. El más importante, el que destaca un 23,7% de los ciudadanos, es la contaminación. "Y con un peso creciente, pues en 2006 ocupaba el noveno puesto en el ranking", añade. Así que a los madrileños sí les preocupa que la ciudad incumpla, por ejemplo, los límites legales de dióxido de nitrógeno (NO2), un gas irritante de las vías respiratorias que producen principalmente los vehículos de motor.

El año pasado la media anual en Madrid fue de 44 microgramos por metro cúbico. Debería haber sido inferior a 40. Botella tuvo que admitirlo en una comisión de Medio Ambiente, en la que reconoció ser incapaz de rebajarla y anunció que pensaba pedir una moratoria de cinco años a la Unión Europea. De poco le había servido remodelar la red de medición en enero de 2010 y eliminar las estaciones en las que se registraban los peores niveles de polución. De "maquillaje" calificó ese cambio el fiscal coordinador de Medio Ambiente, Antonio Vercher. El Ayuntamiento usó un resquicio en la normativa para eliminar de un plumazo las estaciones que registraban más contaminación y sustituirlas por otras ubicadas cerca de parques. Aun así, el NO2, obstinado, insiste en no desaparecer del aire de la ciudad. En el primer trimestre de 2011 se han vuelto a registrar niveles ilegales.

El problema no es exclusivo de la capital. Leganés y Coslada también rebasaron los límites de NO2 el año pasado. Y hay puntos en los que los niveles de partículas en suspensión, que la capital sí cumple, se dispararon, como en Alcalá de Henares, Torrejón y Leganés. Es muy probable que la Comunidad de Madrid tenga que emular a la capital y pedir un aplazamiento moratoria a la UE. "Casi seguro que se pedirá la moratoria. Eso requiere que elaboremos un exigente plan de cinco años para reducir la contaminación", señala Federico Ramos, director general de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid. El responsable regional trata de restar importancia al asunto. "Los umbrales mínimos cada vez son más exigentes. Esta situación se da en muchas regiones europeas. Casi seguro que habrá que hacer un plan global que sea exigente sobre el tráfico", añade Ramos que considera que "existe cierta tendencia al alarmismo y a la exageración en este asunto". Es la opinión del entorno de la presidenta regional, Esperanza Aguirre, que recuerdan que hace unos años había más contaminación y nadie se preocupaba tanto.

Puede que el paro asfixie más en sentido figurado, pero en el literal gana, sin duda, la contaminación. Estudios recientes relacionan las emisiones de los vehículos de motor con varios efectos perniciosos sobre la salud. Los investigadores han demostrado, por ejemplo, que los niveles altos de partículas PM2,5 (las finas, que producen los vehículos diésel hasta seis veces más que los de gasolina) en Madrid están relacionados con los aumentos de los ingresos hospitalarios, especialmente en el caso de niños y ancianos, y la mortalidad por enfermedades del sistema circulatorio (infartos, ictus...), entre otras.

Otro estudio europeo financiado por la Comisión Europea en el que 60 científicos de 12 países estudiaron durante tres años los efectos de la contaminación sobre la salud en 25 ciudades -Madrid no estaba entre ellas- concluyó que la contaminación por partículas finas reduce la esperanza de vida una media de ocho meses. Pero no es solo una amenaza a largo plazo. Las personas con afecciones respiratorias, como los asmáticos, o los alérgicos, sufren los episodios de contaminación en el día a día.

Ecologistas en Acción, la organización más combativa con lo que ellos consideran la "inacción" de las Administraciones, asegura que no se están tomando medidas. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, anunció en 2006 que a partir de 2008 impediría la entrada al centro de la ciudad a los coches más contaminantes. Llegó la fecha, y el Consistorio dijo que la retrasaba dos años más. En 2010 tampoco lo puso en marcha. "En el próximo mandato restringiré el uso del coche en el centro", aseguró el alcalde en una entrevista a este periódico.

De momento, la Estrategia de Calidad del Aire de Madrid, con vigencia para 2006-2010, está caducada. En la concejalía de Medio Ambiente aseguran que se está trabajando en la próxima. Sin embargo, el coordinador de Medio Ambiente, Antonio de Guindos, asegura que aguardan a ver qué plantea el Gobierno. "Más que en la línea de la prohibición, creemos en la mentalización, en el uso de combustibles alternativos", asegura. Las restricciones no parecen estar en la agenda. En una respuesta por escrito, el departamento que dirige Ana Botella asegura acerca de la prohibición de circular a los coches más 'sucios' que "la limitación de turismos en función de la antigüedad tendría un efecto muy limitado en la reducción de emisiones de dióxido de nitrógeno".

Los responsables municipales enumeran las medidas que han puesto en marcha para reducir la polución: peatonalización de calles en el centro, eliminación de calderas de carbón... Pero en vista de los resultados, son insuficientes o no los han ejecutado. La Comunidad tampoco parece haber hecho lo suficiente. Mientras, Madrid sigue con su boina.

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