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Gibraltar contamina y no paga

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elpais

01-05-2011bisEl viento del Estrecho trae a Punta Europa, en el extremo sur del Peñón de Gibraltar, un olor a huevo podrido. Procede de barcos fondeados en la bahía de Algeciras y acoplados entre sí por medio de grandes mangueras. Forman parejas asimétricas, se diría que aplicadas a extravagantes apareamientos: gabarras con barcos de 100 metros de eslora, buques tanques cruzados con mercantes, portacontenedores o gaseros de más de 300 metros de largo... "Este olor es el gas que se libera cuando los barcos gasolinera trasvasan el fuel a los buques; resulta desagradable y penetrante pero dicen que no es dañino", dice un vecino de la Roca.

La bahía de Algeciras es una bomba medioambiental, con su refinería, su industria química, su central térmica, su base de submarinos británica; el punto de Europa con mayor peligro de vertido de hidrocarburos y el cuarto foco mundial del bunkering (trasvase de fuel entre barcos). Más de 106.000 barcos, 5.000 de ellos petroleros -el 10% del tráfico mundial-, atraviesan anualmente el estrecho de Gibraltar. "Lo que tenemos aquí es una silenciosa marea negra de vertidos continuos y una situación endémica única", constata Patricia Navarro, fiscal de Medio Ambiente de Cádiz.

El Grey Hunter, (100.000 toneladas vertidas de crudo libio), el Petrogen One, Camponavía, Sea Esprit, Hesperus, Segundo Teniente J. P. Bobo, Spabunker Cuatro, Avemar Dos, Atlas, Ocean Globe, Sierra Nava, New Flame, Torm Gertrud, Fedra, Tawe y Ropas 1 han dejado su funesta huella en la bahía durante las dos últimas décadas. Pero aunque el volumen de los hidrocarburos vertidos en estos graves accidentes es enorme, puede que el daño mayor resida en las pérdidas de fuel por el bunkering y la limpieza en el mar de las sentinas. "Muchas veces, ni siquiera nos enteramos de esos vertidos y, además, es muy difícil acreditar responsabilidades porque, en materia de contaminación, Gibraltar actúa con absoluta irresponsabilidad. Aquí, no funciona lo de que el que contamina paga. Da la impresión de que todo vale", acusa Navarro.

Ahora que España está atacando con medios aéreos la impunidad con la que la flota mundial limpiaba sus bodegas en nuestras aguas, la bahía de Algeciras y, particularmente, Gibraltar, aparece como el agujero negro de la contaminación. Es como si el Peñón voceara a los cuatro vientos y mares de Europa: "Vengan y comprueben. Vendemos fuel marino un 20% más barato y lo hacemos de barco a barco, sin atracar en puerto. Ahórrense las enojosas inspecciones portuarias y los gastos de fondeo. Nosotros no miramos si sus buques son o monocascos y si incumplen otras exigencias de la UE. Esto es Gibraltar, la gran gasolinera flotante entre el Atlántico y el Mediterráneo".

El efecto llamada ha sido incontestable. Si hace una década el volumen de fuel trasvasado en la bahía no llegaba al millón de toneladas, a finales de 2009 esa cifra se multiplicaba largamente por cinco. Según Greenpeace, dos terceras partes del crudo se transfieren en aguas de Gibraltar y el resto en aguas españolas por medio de barcazas que se abastecen la refinería de Cepsa, en el municipio de San Roque. Un cálculo de los trasvases da un total de 60.000 descargas anuales, 60.000 maniobras de acoplamiento y desacoplamiento de mangueras con el riesgo de vertido que conllevan. Decenas de embarcaciones gasolineras capaces de albergar hasta 300.000 toneladas de combustible fondean a diario al este del Peñón y entre el Nort Mole y la bocana de Gibraltar. Algunas son gabarras de menos de 2.000 toneladas, pero hay también cuatro grandes buques que cargan hasta 100.000 toneladas.

La concentración de superpetroleros y de otros grandes barcos a poca distancia del litoral -milla y media componen las aguas territoriales que la colonia británica se adjudica- taponan la vista sobre la bahía. Un vistazo a través de localizatodo.com permite comprobar que la bahía de Algeciras se ha convertido en refugio para la interminable bandada de naves que desfilan por el Estrecho.

En la pantalla aparecen habitualmente algunos buques aislados y fuera de formación que se acercan por el este, costeando a muy poca velocidad. Son los que hacen turno ante las gasolineras flotantes y, en la espera, deambulan entre las aguas españolas y las gibraltareñas -tres millas de jurisdicción se adjudica la colonia a ese lado del Peñón-, invocando a lo que en el argot marino se denomina el paso inocente. No siempre admitido por los Estados, este paso establece el derecho a atravesar aguas de otros países si se navega de manera rápida e ininterrumpida y sin perjuicio para el Estado ribereño. Vistos los efectos del bunkering, es dudoso que esos barcos no supongan un perjuicio potencial para las localidades deAlgeciras, La Línea, San Roque, muy castigadas ya por la contaminación industrial y donde, según un estudio del profesor de la Universidad Pompeu Fabra, Joan Benach, la esperanza de vida es inferior en un 20% a la media nacional. Pero, como señala el fiscal jefe de Algeciras, Juan Cisneros, cada vez que una patrullera de la Guardia Civil se aproxima a los barcos que practican el paso inocente, sale una embarcación británica a cerrarle el paso.

Cisneros sostiene que, de acuerdo con el Tratado de Utrecht, Gibraltar carece de aguas territoriales, aunque actúe como si las tuviera y las autoridades españolas lo admitan en la práctica. "El gran problema de la contaminación en la bahía se llama Gibraltar", subraya, "porque en territorio español ejercemos un mayor control. Ellos no ponen restricciones a los barcos que incumplen la normativa europea por lo mismo que no ponen restricciones al blanqueo de dinero: porque es su negocio. Y nosotros ya podemos incoar los procedimientos y enviar las comisiones rogatorias que queramos que su disposición a colaborar con la justicia es nula. Los procedimientos por vertidos acaban archivados por falta de autor conocido y ante la imposibilidad de investigar". Cisneros opina que sería preferible tratar directamente con Reino Unido, ya que "al menos cabría interpelarle en el marco comunitario".

El mensaje que el ministro principal de Gibraltar, Peter Caruana, emite sobre este asunto se resume en la idea de que el bunkering conlleva, efectivamente, un riesgo de accidente mayor que las instalaciones en tierra, pero que el Peñón "cumple a rajatabla con las leyes" internacionales y de la UE. "No somos terroristas medioambientales", responde cada vez que los ecologistas denuncian el "riesgo diario de catástrofe". El ministro gibraltareño argumenta que las críticas españolas encubren el propósito de discutir la soberanía del territorio.

En realidad, la UE no ha prohibido el bunkering, aunque exija que se haga cumpliendo escrupulosamente con las normas de seguridad establecidas. Es en ese punto y en la falta de colaboración judicial donde las autoridades gibraltareñas chocan con los fiscales medioambientales españoles, que ven en el caso del chatarrero New Flame el ejemplo sobre el comportamiento del Gobierno de Gibraltar. El 12 de agosto de 2007, el New Flame colisionó con el petrolero Torm Gertrud en Punta Europa y allí permaneció semisumergido hasta que se hundió el 11 de febrero, pese a que las autoridades del Peñón se habían comprometido a adoptar "todas las medidas oportunas para prevenir cualquier accidente". En la práctica, estas consistieron en que el remolcador Elisabeth II sujetara al New Flame. Desde que encalló, el buque fue perdiendo en sucesivos vertidos, hasta siete, las 700 toneladas de fuel y las 50 de diésel que portaba. La polución alcanzó las playas de La Concha, Getares, El Rinconcillo y El Chicharral, la desembocadura del río Pícaro y parte del puerto de Algeciras, pero el Gobierno del Peñón no reconoció otra cosa que "pequeñas manchas de diésel" y se negó a colaborar con la investigación española. "No quedó más remedio que sobreseer el caso", subraya la fiscal Navarro.

Lejos de pensar en reducir el bunkering, las autoridades gibraltareñas proyectan habilitar una nueva área en el este del Peñón para incrementar el comercio de fuel. Que esa zona pertenezca al Parque Natural del Estrecho en el que residen especies protegidas no parece un obstáculo. "Como no tienen espacio para más buques y quieren aumentar su capacidad de suministro hasta llegar a las 400.000 toneladas, ahora pretenden construir un dique nuevo por el sistema holandés de ganarle espacio al mar", explica Antonio Muñoz Secilla, impulsor de la asociación Verdemar. Este ecologista integra las iniciativas de Gibraltar en una partida que la colonia estaría librando para ganar más espacio, más barcos, más negocio y consolidar el dominio sobre las aguas que se atribuye y que España no le reconoce.

Su compañera de Ecologistas en Acción, Raquel Ñeco, destaca la desaparición de la pradera de algas poseidón que cubría la bahía, pero pone el énfasis en el estudio de la investigadora Concepción Cruz Rojo, según el cual el riesgo de padecer determinados cánceres y alergias en esa área es superior hasta en un 40% a la media nacional. Ella misma sangra por esa herida. "Mi padre trabajó en la refinería y murió de cáncer de vejiga por culpa de la bencina", comenta con gesto quedo. A falta de colaboración medioambiental entre las autoridades gibraltareñas y españolas, los ecologistas AGADEN y Ecologistas en Acción-Verdemar han estrechado lazos con sus compañeros del otro lado de la verja. Unos y otros dicen que, a uno y otro lado de la frontera, los intereses económicos y políticos se imponen sobre los problemas de las gentes.

"Tenemos que colaborar: compartimos la bahía"

"Tenemos que colaborar, compartimos la bahía y los mismos problemas, aunque desde España se apunte a Gibraltar sin ver que el problema viene de los dos lados. Nos preocupa mucho el bunkering, pero también las industrias químicas y, ahora mismo, los vertidos de aguas fecales de La Línea", asegura la ecologista gibraltareña Janet Howitts. Su organización, la Environmental Safety Group (ESG), se opone frontalmente al proyecto gubernativo de ampliar el puerto y habilitar un nuevo espacio para el bunkering. "Somos muchos los contrarios a ese proyecto y todavía no es seguro que vaya a realizarse. Desde luego, los que trabajamos en el turismo no queremos que Gibraltar continúe industrializándose", indica.

La gravedad del caso y la nula colaboración gibraltareña llevó hace dos años a la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y al Defensor del Pueblo Andaluz a instar a las autoridades implicadas, incluidas las británicas y europeas, a cumplir y hacer cumplir los tratados internacionales en materia medioambiental y a "eliminar cualquier práctica que suponga un riesgo añadido en una zona de especial tránsito marítimo". Con sus 29.000 habitantes y 28.000 empresas, Gibraltar pasa por ser el territorio más próspero de Gran Bretaña y uno de los más ricos del mundo. Puede que el problema esté en los acomodados negociantes gibraltareños que tienen un interés muy relativo en la causa medioambiental porque, entre otras cosas, ya disponen de viviendas residenciales en otras latitudes alejadas de la bahía y de las áreas de la contaminación. Son los que ven en la colonia británica un territorio ideal para hacer dinero sin demasiados escrúpulos y al amparo de la impunidad que les presta la peculiar soberanía del Peñón.

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