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Chernóbil sigue 'activa'

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26-04-2011El 26 de abril de 1986 pasó a la historia como el día más nefasto para la energía atómica de uso civil. Dos explosiones en el cuarto reactor de la central de Chernóbil, ocurridas hacia la una y media de la madrugada, liberaron a la atmósfera 50 toneladas de material altamente radiactivo. Hicieron falta 10 días para taponar la letal fuga y seis meses para terminar de aislar definitivamente el foco de irradiación, un amasijo incandescente de combustible nuclear y escombros.

Quedó contaminada una superficie de 150.000 kilómetros cuadrados, equivalente en tamaño a la mitad de Italia, que abarca territorios situados en el norte de Ucrania, el sureste de Bielorrusia y el oeste de Rusia. El nivel de radiactividad fue el mismo que el que hubieran desprendido 500 bombas atómicas como la de Hiroshima. La zona de exclusión en torno a la planta de Chernóbil, vigente en un radio de 30 kilómetros, seguirá sin poder ser habitada de forma permanente durante mucho tiempo.

Según un reciente informe de la ONU, el número de muertos debidos directamente a la catástrofe sobrepasa ligeramente el medio centenar. Greenpeace, sin embargo, cifra los fallecidos en más de 200.000. Lo que sí es seguro es que el escape causó miles de enfermos y discapacitados, especialmente entre los llamados 'liquidadores', aquellos audaces héroes que tuvieron que hacer frente a la furia del átomo desbocado prácticamente a pelo, como algunos de los samuráis de Fukushima, donde la emisión ha sido un 10% de la de Chernóbil.

Las horas inmediatas tras la hecatombe fueron de confusión y, según reconoce Viacheslav Grishin, presidente de la Unión Chernóbil, organización para la defensa de las víctimas del desastre, se adoptaron medidas para detener la emanación "ineficaces e incluso contraproducentes".

Por ejemplo, la mayoría de los helicópteros que desde el primer instante empezaron a arrojar arena y otros materiales con la intención de apagar el incendio en el reactor no acertaron. El magma de material nuclear fundido salió hacia el exterior en un reguero que los pilotos confundieron con la zona activa del reactor.

Como resultado, la mayor parte del combustible atómico estuvo ardiendo 10 días a cielo abierto. Después se fundió la base del reactor y la lava nuclear se filtró hacia abajo. La masa radiactiva resultante terminó solidificándose después.

Fue entonces cuando se acometió precipitadamente la construcción del revestimiento de acero y hormigón para sellar totalmente la fuga, el llamado 'ukritie' (recubrimiento), bautizado más tarde con el nombre de sarcófago. El actual director del complejo de Chernóbil, Ígor Gramotkin, recuerda que, debido a los altos niveles de radiactividad, "el hormigón tuvo que ser bombeado a distancia". Los operarios no podían permanecer demasiado tiempo expuestos al magma atómico, por lo que les fue imposible dar a la construcción la solidez necesaria.

El sarcófago, en cuyo interior se acumulan 200 toneladas de material radiactivo y que tenía que haber durado por lo menos 30 años, se encuentra desde hace tiempo seriamente deteriorado. En su armazón aparecieron grietas por las que el agua de lluvia amenazaba con penetrar hasta el reactor y arrastrar partículas radiactivas, que a través de las corrientes subterráneas, hubieran podido llegar al río Dnieper.

Proyecto de mil millones

Por eso, hace cuatro años, se tuvo que acometer una importante reparación para tapar las fisuras y reforzar la estructura del recubrimiento, solución solo temporal ya que lo que realmente necesita el reactor 4 de Chernóbil es un caparazón nuevo.

El proyecto para construirlo y cerrar herméticamente el epicentro de la catástrofe, denominado SIP (Shelter Implementation Plan), está ya en marcha. La encargada de ejecutarlo es la empresa francesa Novarka. Tendrá un coste en torno a los mil millones de euros, en su mayoría ya recaudados por el Banco Europeo para la Construcción y el Desarrollo (BERD), y deberá estar terminado en 2015.

Se trata de una gigantesca bóveda de acero de cuatro piezas en forma de arco, que es el nombre con el que ha sido bautizada. Pesará más de 20.000 toneladas con 257 metros de longitud, 150 de ancho y 108 de alto. Tendrá un muro blindado doble, separado por una estructura tubular, y una cimentación de 27 metros de profundidad. Su periodo de vida útil será de 100 años.

El descomunal hangar alojará en una superficie similar a dos campos de fútbol un compartimiento "tecnológico" con los últimos adelantos en materia de seguridad nuclear, dotado de "esclusas sanitarias", y talleres de "fragmentación y empaque". La idea es desmontar el sarcófago viejo para extraer el combustible atómico. "Es un trabajo muy complicado y peligroso por la radiación. Además, no sabemos qué nos vamos a encontrar", advierte Gramotkin.

El proyecto de desactivación de Chernóbil, que se prevé concluir hacia 2018, incluye también un inmenso cementerio nuclear para sepultar las 200 toneladas de combustible que se extraiga de debajo del sarcófago, todo el material contaminado que se siga recogiendo en la zona y los residuos de los otros tres reactores de la central. El último dejó de funcionar en diciembre de 2000. El contrato se lo ha adjudicado la firma estadounidense Holtec. El almacén recibirá también desechos de los otros 15 reactores que actualmente funcionan en las cuatro centrales nucleares de Ucrania (Jmelnítskaya, Rovno, Zaparozhie y Yuzhno-Ukraínskaya).

Según el presidente ucraniano, Víctor Yanukóvich, el dinero necesario para completar la financiación que permita desactivar definitivamente Chernóbil asciende a 740 millones de euros. Sin embargo, durante la conferencia de países donantes, entre ellos España y el resto de los países de la UE, celebrada en Kiev el pasado día 19, los fondos acordados se situaron solo en 550 millones.

Pesó lo sucedido en Fukushima. Japón, uno de los países que más ha contribuido a liquidar las secuelas de Chernóbil, se ha tenido que abstener en esta ocasión de aportar dinero para emplearlo en mitigar su propio desastre. En cualquier caso, Yanukóvich calificó de "preliminar" la suma concedida y aseguró que todo el dinero necesario para Chernóbil se terminará consiguiendo de una u otra forma.

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