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Greenpeace acusa a Garoña de calentar el agua del Ebro más de lo permitido

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larazon

07-04-2011bisLas «grandes» necesidades de refrigeración de la central nuclear burgalesa de Garoña dan lugar a que el reactor «vierta» al Ebro agua a una temperatura diez grados más elevada de lo permitido, según un análisis realizado en febrero por una empresa «independiente» a petición de Greenpeace. La empresa propietaria de la planta, Nuclenor, rechazó la acusación al asegurar que la central cumple la legislación vigente «en todos sus extremos, también en lo referente a las actividades de refrigeración. Así lo ratifican las inspecciones y auditorías a las que periódicamente se somete la planta y los informes que se realizan para la Confederación Hidrográfica del Ebro».

El estudio de Greenpeace fue efectuado por Uriker, una entidad autorizada por la Administración para el control y la vigilancia de la calidad de las aguas, el pasado 9 de febrero en ocho puntos del río situados a lo largo de los 6,8 kilómetros que separan Frías y del Puente de Tobalinilla.

Según Greenpeace, las muestras recogidas ponen de manifiesto que la temperatura del agua aumenta 15,7 grados de un punto a otro, pasando de los 5,3 grados a los 21, debido al agua caliente que vierte al río la central de Garoña, situada entre ambos puntos.

El portavoz de Nucleares de Greenpeace, Carlos Bravo, denunció que ese notable incremento de temperatura «supera con creces los tres grados de aumento permitidos en la autorización del vertido procedente de la central nuclear», cuyo reactor es «gemelo» al accidentado en Japón y posee autorización del Gobierno para seguir operando hasta 2013. Y es que, indicó Bravo, la autorización del 18 de octubre de 2007 de vertido de aguas otorgada a la titular de Garoña por la Confederación Hidrográfica del Ebro especifica que «en el río el máximo incremento admisible para la temperatura tras la zona de dispersión térmica, respecto a la temperatura aguas arriba, será en cualquier caso de 3 grados».

Los «graves» problemas de refrigeración que, según el portavoz de Greenpeace, sufre esa central hacen «imposible» cumplir ese límite, y provocan «una notable contaminación térmica en el Ebro aguas arriba, que es en gran medida la causante de la eutrofización que sufre ese río» y facilita el asentamiento de especies invasoras.

Con estos argumentos, la directora de Greenpeace, Miren Gutiérrez, pidió a la ministra de Medio Ambiente, Rosa Aguilar, que revoque de forma inmediata la autorización de vertido de aguas de refrigeración de la central nuclear de Garoña. Greenpeace exigió también el cierre inmediato de ese reactor que, según sostienen, sufre «graves» problemas de agrietamiento en su vasija, tiene en mal estado el 70% de sus tuberías y adolece de corrosión intergranular, entre otras deficiencias.

«Sin significado ecológico»

Nuclenor, empresa participada a partes iguales por Iberdrola y Endesa, respondió a estas acusaciones esgrimiendo los resultados del seguimiento de la descarga térmica de la central nuclear correspondiente al año 2009, el último disponible, y elaborado por la consultora URS. Su conclusión es que «se cumple con el condicionado referente a las aguas de refrigeración de la autorización de vertido de las aguas residuales de la central, excepto en cuatro circunstancias excepcionales, en la que se habría producido una situación semejante incluso sin la presencia de la central».

En esas cuatro circunstancias excepcionales, añade, las temperaturas que se consideran tanto en Garoña como en la presa de Sobrón son muy bajas, por lo que el incremento «carece de significado ecológico y, consecuentemente, no afecta en absoluto al embalse».

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