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Un peligro cercano

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7-10-2010_ima1
España no está a salvo. Cientos de balsas mineras están en peligro de sufrir un vertido como el que ha destrozado el oeste de Hungría, y que ayer ya llegó al río Danubio. Para evitarlo, las ONG llaman a aplicar mayores controles y estrictos planes de emergencia.

"Hay más de 700 balsas en España, y muchas de ellas están abandonadas. La situación no es para relajarnos", advertía ayer Julio Barea, responsable de la campaña de contaminación de Greenpeace. La secretaria de Estado de cambio climático, Teresa Ribera, rebajaba el alarmismo, asegurando que a pesar de que "puede haber balsas de residuos mineros parecidas" a la de Hungría, no tienen "ni el tamaño ni las características" de ésta. Allí, la situación se agrava, dejando tras de si cuatro fallecidos y la contaminación de 40 kilómetros cuadrados de suelo y agua.

Prevenir mejor que curar

Ribera remitía a la "prevención" para evitar que en España ocurra algo así. Y esto es justo lo que reclaman las ONG: "No hay planes de emergencia ni de seguridad. Debería haber muchos más controles exhaustivos", recalcó Barea. Sin olvidar "invertir en restaurar las zonas" donde están estas balsas abandonadas, porque se trata de "una cuestión de salud pública", agregó Eva Hernández, responsable del programa de aguas de WWF España.

Este "peligro real" está en toda la Península, pero sobre todo "se concentra en las áreas donde ha habido más minería, como Cartagena y La Unión", en Murcia, explica Hernández. También hay balsas en Sierra Morena, Huelva, el País Vasco o Cantabria. Y Greenpeace ha estudiado explotaciones en Sevilla, Badajoz o Asturias.

Los efectos -a corto y largo plazo- de una catástrofe como la que hoy vive Hungría son incalculables. Afectan "a la salud, la capacidad reproductiva de los animales... y el riesgo de contaminación permanece durante mucho tiempo", resume Hernández. En Hungría se habla de que tardarán "años" en reparar el daño del vertido.

 

Las lecciones aprendidas del desastre de Aználcollar

La sombra del desastre que en 1998 afectó a Aználcollar (Sevilla) es muy alargada. Y hoy, 12 años más tarde, el balance es agridulce: “El control de las balsas es mayor pero aún queda mucha tarea pendiente”, cuenta Eva Hernández, de WWF.

El de Hungría “tiene muchas similitudes” con el vertido de 1998, dice Julio Barea, de Greenpeace. Así, la ministra de Medio Ambiente, Elena Espinosa, ha ofrecido al Gobierno húngaro las lecciones aprendidas entonces, cuando la ruptura del muro de una balsa descargó cinco millones de metros cúbicos de lodos y aguas tóxicas en Doñana. No hay responsables penales de ello.

 

Un pueblo en el que ya no se podrá vivir

A Kolontár ya le llaman El pueblo muerto. En la localidad más afectada por el vertido será imposible que vuelva a haber vida, admitió ayer el primer ministro húngaro, Viktor Orban. Mientras, el alcalde Karoly Tili lamentaba que el 90% de los vecinos de Kolontár quieren irse del pueblo, en el que han dejado de ver futuro alguno.

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