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EN DEFENSA DE LOS GATOS FENICIOS DEL CAMPO DEL SUR

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Mary Bale no vive aquí. La mujer más odiada de internet, como la calificaba el diario 'El País' hace unos días, saltó inesperadamente a la fama hace un par de semanas cuando paseando por una calle de Coventry, en el Reino Unido, contempló un gato, lo acarició y lo metió vivo en un enorme cubo de basura donde el felino sobrevivió durante quince horas hasta que lo rescataron sus dueños. Una cámara de seguridad grabó a la extraña dama, empleada de un banco y de cuarenta y cinco años de edad, y las imágenes fueron colgadas en Youtube hasta que un canal de televisión logró identificarla para su escarnio público.

En la capital gaditana, desde hace unos meses, los gatófilos andan en un continuo sinvivir desde que corrió la especie de que el Ayuntamiento iba a llevar a cabo un control de la superpoblación de felinos en el Campo del Sur, coincidiendo con la necesaria limpieza de los bloques que deberá acometer la Demarcación de Costas de la Junta de Andalucía. Lo cierto es que el consistorio desarrolla, desde cinco años atrás, una campaña denominada «En tu ciudad gatos sanos», que cuenta con el respaldo de algunas organizaciones conservacionistas como Agaden y la Sociedad Protectora de Animales de Cádiz y que, en ningún caso, persigue el exterminio de los micifuses. En principio, los gatos callejeros son llevados a clínicas concertadas con el colegio oficial de veterinarios, para que diagnostiquen su estado de salud, procediendo a desparasitar a los que lo necesiten, esterilizar mediante procedimientos quirúrgicos a los sanos y sacrificar a los enfermos. Hay fallos en el sistema, claro: a veces el Ayuntamiento no avisa a los ecologistas cuando encuentran una colonia de gatos y la lleva directamente a una perrera en donde se procede sistemáticamente a matar a dichos animales.

Lo que ha disparado las alarmas en la red y fuera de la red ha sido lo de las supuestas redadas gatunas en el Campo del Sur, que han sido calificadas como «masacre, asesinato, matanza indiscriminada». Desde ahí y desde otros foros, reclaman «que el dinero destinado a eutanasiar animales (dinero que proviene de los bolsillos de todos los contribuyentes, incluso. el dinero que proviene del turismo que recibe Cádiz) sea aplicado en políticas de prevención: esterilización para evitar la superpoblación de las perreras españolas, campañas de prevención contra el abandono y maltrato animal para que la sociedad tome conciencia que un animal es un ser vivo que siente y sufre y que no es un juguete que cuando lo usamos lo podemos tirar».

Numerosas cartas se han dirigido a tal propósito al Ayuntamiento de Cádiz, pero también al Defensor del Pueblo de Andalucía que va a abrir un expediente al objeto de averiguar el alcance de tales denuncias, y el Defensor del Pueblo Europeo en Estrasburgo. Lo curioso del caso es que este asunto está despertando mucho más interés fuera de España que dentro de Cádiz. Por ejemplo, los promotores de esta iniciativa afirman contar con el ofrecimiento de la Embajada de España en Copenhague (¿?) que se ha ofrecido a intermediar con servicios jurídicos para la denuncia de cualquier maltrato animal. Por no hablar de una página web estadounidense, donde la ONG Sos Callejero ha colgado un post con el título de Save the feral cats of Cadiz y que ya ha recogido casi 1.400 firmas en contra de esta supuesta masacre. En el texto, que se reproduce en inglés y en español, se recuerda que quizá los fenicios introdujeron los gatos en Europa a través de Cádiz: «Con estas credenciales, cualquiera podría pensar que en Cadiz los pequeños felinos son especialmente respetados y cuidados, pero, desgraciadamente, la realidad dista mucho de esta suposición. El Campo del Sur, una zona pobre e incomprensiblemente descuidada de la ciudad, se ha convertido con los años en un vertedero en el que, además de basura, escombros y muebles, algunos gaditanos abandonan a suerte a sus ciudadanos más vulnerables: los gatos. Como resultado de esa falta de conciencia y de responsabilidad, la mayoría de los felinos de esta zona nacen con los días contados. Muchos quedan atrapados en viejos edificios para acabar siendo pasto de las ratas, mientras que otros mueren como consecuencia de la tortura humana (se omite la lista de salvajadas para no herir sensibilidades), el invierno, las enfermedades ocasionadas por la falta de higiene o el hambre.

Resulta evidente que, para las autoridades de Cádiz, los gatos son, bien invisibles o directamente desechos. Y hoy día, la situación es tan grave, que los pocos ciudadanos sensibles y dedicados que luchan por salvarlos, a menudo son insultados o amenazados y, gran parte de sus intentos por alimentarlos acaban siendo boicoteados».

En una de las cartas dirigidas a la alcaldesa Teófila Martínez, se elogia la función de los gatos como «plagicidas ecológicos, librando al caletero barrio de la Viña de ratas y cucarachas tan propias de barrios costeros». Y aunque respalda la campaña municipal de castración, la ciudadana que firma dicho escrito recuerda los precedentes de París, Túnez, Lamú, San Francisco, Los Angeles, San Diego y diversas ciudades británicas donde se alimenta a los gatos para que controlen el equilibrio ecológico de su hábitat urbano: «No pretenda vendernos que la situación de los gatos del Campo del Sur tan gaditanos que hasta autores del Carnaval como Julio Pardo o Martínez Ares han escogido como tipo para sus agrupaciones, sólo puede usted resolverla con un masivo asesinato». Al menos, eso sí, tienen siete vidas.

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