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Salvado por su mecenas

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26-05-2010_ima2


El pequeñuelo vive. Tiene un gran padrino supermillonario y archiconocido: Michel Lacoste, hijo del fundador de la marca de ropa que lleva su apellido y que tantos millones de personas han lucido sobre su pecho izquierdo (sin contar la paciencia con la que muchísimas mujeres han aguantado las bromas). La cría de este cocodrilo que campaba en la cuenca del mítico Orinoco sobrevivirá en cautiverio, pero su especie está en grave peligro extinción. Su desaparición causaría un verdadero desastre en las riberas del río que atraviesa Venezuela y Colombia y en la de sus afluentes. Adiós ecosistema. Anfibios y caimanes se adueñarían de sus posesiones y de los peces a los que perdona la vida el señor de los rugidos. Apenas quedan cien ejemplares en libertad. La piel tan suave que le protege, amarillenta y gris, es la que lo mata. Sus verdugos son los amantes de bolsos y zapatos que en los años sesenta acababan con mil cocodrilos diarios.

El pequeño de la imagen tiene suerte, de momento, y agradece que el magnate del textil le haya mimado antes de salir al mundo. La campaña francesa 'Save your logo' ('Salve su logo') -que pretende concienciar a las grandes marcas para que apoyen a la especie animal que utilizan de reclamo- ha surtido efecto en el industrial, que ha financiado a una ONG española para censar los ejemplares que subsisten en el río. «Devolver al animal un poco de lo que aportó» es la intención de Lacoste, que hace así gala de «responsabilidad ciudadana», en nombre del padre que ideó el logo porque jugando al tenis le apodaron 'cocodrilo'. Algo es algo. Menos da una piedra.

 

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