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Frenazo al biocarburante

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10-05-2010_ima3


Los biocarburantes se perfilaban como la gran promesa de las energías limpias y como solución a la dependencia del petróleo. A principios de esta década Europa se fijó ambiciosos objetivos y España prometió situarse en la vanguardia. La primera fase ha sido introducir hasta un 5% de combustible de origen vegetal a la gasolina que consumen todos los coches. Prueba superada. Pero la siguiente fase, que obliga a adaptar los coches para asumir mezclas más verdes, ofrece más incertidumbre. Ni las estrategias de los fabricantes ni las apuestas políticas parecen ir ya en la misma dirección. La gran apuesta de la automoción en Europa es ahora el coche eléctrico. ¿Se han quedado definitivamente atrás los biocarburantes en la carrera de la energía sostenible?

La generalización de los B20 y B30 (mezclas con un 20% y 30% de biocarburante, respectivamente) parece más lejana. Las normas que deben fijar los estándares se retrasan. Algo que inquieta a la industria, ya muy castigada por las importaciones de EE UU, y la controversia sobre la responsabilidad de estos carburantes en la deforestación y encarecimiento de los alimentos, que ha llevado a los científicos a abrir nuevas líneas de investigación en busca de materias primas que no compitan con la industria alimentaria. Son los biocarburantes de segunda generación, que aún no han salido de los laboratorios.

La UE se ha marcado el objetivo de que las energías renovables supongan el 10% de la empleada en el transporte en 2020 -responsabilidad que recae principalmente en los biocarburantes, dada la escasa presencia del coche eléctrico en las carreteras- y España se ha impuesto alcanzar un 5,83% ya este año, una meta de difícil cumplimiento en el marco actual, según algunos expertos. En 2009 se matricularon 952.000 vehículos en España, de los que sólo 900 funcionaban con mezclas etiquetadas de biocarburantes, según la patronal de fabricantes Anfac. Los coches flexibles, que aceptan biocarburante o convencional, llevan años en el mercado pero no alcanzan el 1 por 1.000.

Manuel Bustos, director de la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA), hace la fotografía de cómo está el sector en España: "En todas las gasolineras, al poner gasóleo o gasolina hoy, el consumidor está metiendo biocarburante aunque no lo sepa". Esto se debe a que no es necesario etiquetar las mezclas hasta el 5% de biodiésel o bioetanol porque no hay riesgo de daño para el motor. "Desgraciadamente los biocarburantes en porcentajes superiores no se usan en los niveles deseables. La inmensa mayoría de las flotas de autobuses de las grandes ciudades españolas tienen alguno que los utiliza, pero nada más".

Anfac se declara a favor de los biocombustibles pero se remite a la posición de su homólogo europeo, ACEA. La asociación pide armonizar el marco europeo en lo fiscal y abogan por un sistema lineal que tenga en cuenta cada gramo de dióxido de carbono emitido. Asegura que a lo largo de este año, todos los coches podrán funcionar con mezclas del 10% en etanol y del 7% en biodiésel -como marca la directiva europea- pero recomienda no ir más allá. Aduce el desafío técnico que representa, la posibilidad de desequilibrios en los mercados y de que un combustible de calidad dudosa circule por la UE.

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