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Por un puñado de pieles

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Esta primavera entra en vigor el veto de la UE a la comercialización de los derivados de foca

A veces es cierto que las palabras sobran. En realidad, todo lo que hay que saber sobre esta cuestión está dicho y las fotos hablan por sí solas. Los ecologistas no tienen que recurrir a imágenes más o menos forzadas para ilustrar una de las noticias más tristes vinculadas al reino animal. Es más, ni siquiera es necesario tener alma ecologista para espeluznarse por el sacrificio anual de cientos de miles de focas en el Ártico canadiense. Como cada primavera los hielos de la región de Terranova y Labrador han empezado a teñirse de rojo. Hace unos días se abrió la veda y desde entonces corre sangre a chorros por la banquisa en la costa este de Canadá. Lo de todos los años pero peor. Esta temporada de caza el gobierno federal ha elevado las capturas permitidas hasta una cifra récord, 388.200 ejemplo

Una campaña más, las autoridades de Ottawa han hecho oídos sordos a las protestas suscitadas en medio mundo -la semana pasada hubo concentraciones ante la embajada canadiense en Madrid- y el aumento de la cuota parece esconder una especie de órdago, una respuesta airada a la entrada en vigor, justo ahora, del veto a la comercialización de productos derivados de las focas, pieles, carne, grasas. aprobado en el 2009 por la Unión Europea. Si no quieres caldo, dos tazas. El lenguaje oficial del gobierno es más diplomático y recalca, como hizo la legación madrileña, que la caza de bebés foca -esos peluches blancos de ojos inmensos- «está prohibida desde 1987», que los métodos de caza son, por ley, «rápidos e incruentos», y que los cazadores están obligados a cerciorarse de que el animal está muerto antes de desollarlo. Muchas ONG conservacionistas -Greenpeace, Sea Shepherd, The Human Society, WWF, etc etc- graban in situ cada año escenas brutales de cacería con palos, 'hakapik' -una especie de piolet especial- y rifles, que ponen en solfa la versión políticamente correcta.

Según la Administración de Pesca canadiense, la población de focas arpa -la especie más perseguida- no peligra y ronda los 7 millones de individuos, «más del triple que en 1970». Pero incluso sus portavoces admiten que la cacería llega este año en un momento «pésimo» por las condiciones del hielo en la zona del Golfo de San Lorenzo y aledaños. Esta primavera hay menos hielo que nunca y de un espesor mínimo, que los estudiosos atribuyen a los severos impactos del cambio climático en la región ártica. Es el peor escenario posible para las crías de foca. Aunque no sean ya bebés de capa blanca, los juveniles de foca arpa ('Phoca groenlandica' o 'Pagophilus groenlandicus'), de manto plateado, no son capaces de nadar hasta el mes de vida, más o menos. Necesitan el hielo para sobrevivir; sin él, se ahogan irremisiblemente. Hay zonas de Terranova libres de hielo este año donde se calcula que la mortalidad natural de crías puede ser total, del cien por cien. En otras áreas las supervivientes serán presa fácil de los cazadores.

«Tragedia absoluta»

«Al sur del Golfo San Lorenzo hemos visto cachorros de foca luchando por sobrevivir en algunas calas, otros muertos, muchos agonizando de hambre. Es una tragedia absoluta porque los pocos supervivientes de estas condiciones desastrosas del hielo son cazados unos días después», explica Sheryl Fink, de la ONG ecologista Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW en sus siglas en inglés).

De momento no hay cifras oficiales de capturas en estos primeros días, pero observadores hablan ya de 'fracaso' para la industria peletera, el mayor negocio tras la matanza anual de focas en Canadá. Por la escasez de crías y porque el precio de las pieles está a la baja, unos 15 dólares por pieza, frente a los 104 a los que cotizó en el 2006. Y pesa mucho el cierre progresivo de mercados. La prohibición de la UE -que sólo admite productos procedentes de la caza tradicional de las comunidades inuit- se une ahora a la que aprobó en el ya lejano 1972 Estados Unidos. Así las cosas, Canadá mira ahora a China y otras naciones emergentes para salvar un negocio que parece de poca monta para una de las diez mayores economías del mundo. En el 2006 las exportaciones de derivados de foca al mercado europeo fueron de 5,5 millones de dólares. Según los cálculos más optimistas, el volumen total de negocio por este concepto no superaría los 20 millones de dólares al año. Además de Canadá, Suecia, Noruega, Rusia y Finlandia cazan focas, pero en cantidad muy inferior.

 

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