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El turismo hace nido en la Nava

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La recuperación ambiental de los humedales relanza las visitas a Tierra de Campos

2010-02-08_ima2

Judit Matía suma a velocidad de vértigo. Ocho y nueve, siete, me llevo una. Con papeles cuarteados y un bolígrafo azul; detrás del mostrador de su tienda, Ultramarinos Judit, en el corazón porticado de Fuentes de Nava. Desde hace casi dos décadas -y está a puntito de jubilarse- allí vende pan, leche y el periódico. Así que ha visto de cerca, con sólo levantar la mirada del papel lleno de números, el crecimiento de su pueblo, cómo los turistas se han mutado en aves de paso que comienzan a volar también por estas tierras palentinas. «Por aquí, por la tienda, no entran muchos, pero se nota que viene más gente desde lo de la laguna».

Lo de la laguna ocurrió en el año 1990, con la recuperación de una de las zonas húmedas más importantes de Castilla y León (y son 179, según el catálogo oficial de la Junta). Después de años de desecación, la administración apostó por recuperar el humedal de la zona. Éxito. Volvieron las aves (el pasado 18 de enero, último censo quincenal, se contabilizaron 15.127, aunque ha habido recuentos de hasta 23.000) y llegaron los turistas. Muchos. Cada vez más. En las páginas amarillas brotaron los nombres de nuevos bares, restaurantes, casas rurales. «Para el desarrollo turístico de la zona, la recuperación de la laguna ha sido fundamental, el turismo ornitológico es vital para nosotros», explica Ana María Martín, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Fuentes de Nava y también monitora en el Centro de Visitantes de la Laguna de Nava.

Aquí está, con su forro polar rojo y un telescopio en la mano, en el observatorio 'Colada de Carrepalencia' -ventana privilegiada al humedal-, junto a una veintena de alumnos del instituto Victorio Macho, de la capital palentina. Cuarenta ojos listos y preparados para ver aves, quizá alguno de los 11.240 gansos, alguno de los 1.275 azulones, de los cien chorlitos dorados, con suerte, la única gaviota reidora (una) o el único ánsar piquicorto avistado en la Laguna de la Nava en los últimos días.

Casa interactiva

Mientras, otros compañeros del instituto pasean por el centro de visitantes de la Laguna de la Nava, un pequeño museo habilitado en una casona del siglo XVII, una de las muchas que jalonan las calles de Fuentes, mientras Eva, monitora de Medio Ambiente, les explica los pormenores de la laguna. Que, por ejemplo, tiene una extensión de 400 hectáreas, «como 500 campos de fútbol». Que ya los Reyes Católicos intentaron desecarla para obtener tierras de labor y evitar enfermedades, como el paludismo, vinculadas a los mosquitos y la humedad. Que la laguna ya no depende de la lluvia, sino que el agua se trae (de octubre a febrero) desde el Canal de Castilla. Y la voz de Eva se acompaña de audiovisuales, paneles luminosos, decenas de fotografías. «Para los chavales es importante porque la biodiversidad, la ecología, forma parte del temario del curso», explica Luis Martín Cuadrado, profesor de Física y Química y Ciencias Naturales en el instituto Victorio Macho.

Estos estudiantes, de segundo y cuarto de la ESO, son parte de las siete mil personas que, de media, visitan cada año el centro de visitantes Laguna de la Nava. Siete mil personas. Diez veces la población habitual de Fuentes. Siete mil personas que, sin la laguna, quizá, no se acercarían por esta comarca. «El número de visitas está por detrás de las de Villafáfila (Zamora), pero aquí tenemos algo muy parecido, y además acompañado de atractivos muy importantes, como el Canal de Castilla, y luego un patrimonio artístico y cultural muy grande, como el artesonado de la iglesia de Santa María o varias tallas de la escuela de Berruguete», explica la concejala Ana María Martín.

O la Giralda de Castilla, la torre de la iglesia de San Pedro, también llamada la Estrella de Campos, nombre con el que Nieves ha bautizado su casa rural que, hace diez años, montó junto con su marido. «Soy agente de desarrollo local, he dado cursos sobre la mejora de las condiciones de vida en el medio rural, y vi una oportunidad en crear un centro turístico aquí en Fuentes». Son cinco habituaciones. Cuatro dobles. Una triple. Abiertas durante todo el año -«agosto es el mejor mes, sin lugar a dudas»- y con las lagunas a tiro de piedra. «Y no sólo eso. Tenemos muy cerca Ampudia, La Olmeda... el Camino de Santiago a 30 kilómetros». «El problema -apunta Ana María Martín- es que se ha promocionado mucho la montaña y los espacios periféricos y creo que no se ha puesto tanto empeño en la difusión de la riqueza que tenemos por ejemplo aquí, en Tierra de Campos».

El turismo ecológico o el ornitológico marida a la perfección con el de naturaleza. Por eso hay en la zona rutas de senderismo o bicicleta que están muy bien señalizadas. Hay diseñada una ruta de los humedales (19 kilómetros) que pasa por las lagunas de La Nava, Boada y Pedraza. Una ruta de las avutardas y los palomares (38 kilómetros) que va desde Fuentes de Nava y Frechilla hasta Guaza de Campos y Villarramiel. O una ruta de las cigüeñas (36 kilómetros), por Mazariegos y Becerril de Campos.

En esta semana que termina (con celebraciones como San Blas y el Día Mundial de los Humedales) la observación de las cigüeñas en estos pueblos de Tierra de Campos se consigue de una forma tan sencilla como mirando a la torre de cualquier iglesia. En la de Castromocho, por ejemplo, se pueden contar hasta 14 en diferentes nidos. Un peso tan exagerado que el año pasado, cuentan los vecinos, se tuvieron que colocar unos nidos artificiales frente a la iglesia para que las cigüeñas aniden allí y no en lo alto del monumento de piedra.

Pasado Castromocho, más allá de Capillas, está Boada de Campos. Y allí, la segunda gran laguna de la comarca, ésta recuperada por la ONG Global Nature en un pueblo en el que hay empadronados 21 vecinos, aunque en realidad sólo 14 viven durante todo el año.

Su alcalde, Luis Carlos Castañeda, lo tiene claro. «La laguna ha servicio para dar vida al pueblo. Antes no estábamos en el mapa. Nadie hablaba de Boada. Nadie se acordaba de nosotros. Éramos 14 o 15 vecinos y nada más. Ahora, gracias a la laguna, estamos en la wikipedia inglesa, vienen investigadores extranjeros», reconoce Luis Carlos, agricultor, cazador de codornices y ahora, también, apasionado de la observación de aves. «Lo primero que hice, al día siguiente de la recuperación de la laguna (de esto hace ya 11 años), fue comprarme un telescopio».

Laguna por casualidad

Lo dice mientras da vueltas a su café, acodado en la pequeña barra instalada en la Casa Museo Laguna de Boada, una cafetería que sirve tanto para los visitantes como para los propios vecinos del pueblo (que no disponen de otro centro de reunión). «Lo interesantes sería que alguien montara alguna casa rural para aprovechar el potencial turístico de la zona, para demostrar que la recuperación ambiental de la laguna también aporta dinero y beneficio económico», explica Antonio Herrero, asturiano de 28 años, titulado en Ciencias Ambientales y trabajador de Global Nature. Cada año, entre 6.500 y 7.000 personas se acercan por este centro de interpretación, a un paso de la laguna de Boada, un lugar privilegiado para la observación de aves y que Fernando Jubete, también de Global Nature, descubrió «por casualidad» hace 12 años. «Los dos inviernos anteriores, llovió mucho y la laguna se llenó sola. Así que aquí se vinieron muchos gansos desde la laguna de La Nava. Los estuvimos buscando hasta que los encontramos aquí». Así nació el proyecto por recuperar -de forma estable- esta laguna. El martes contaron 11.000 gansos. A ver si un día, dicen, «llegamos a tantos visitantes al año».

 

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