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Inmigrantes sin voz

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En pleno Chinatown de Madrid, el barrio obrero de Usera, decenas de ancianos asiáticos se reúnen cada tarde para bailar vozen la Asociación de Mayores Chinos de España. Es uno de los pocos locales de ocio que tiene esta colonia en el país. Cuando acaba la danza, sus socios, de entre 50 y 90 años, juegan al ping-pong o charlan alrededor de las mesas, con vasos de agua tibia, cacahuetes y galletas.

Pero la asociación, fundada hace 12 años, es una excepción dentro del colectivo. Sus cerca de 200 organizaciones están vinculadas, en su mayoría, a actividades económicas o empresariales. Las más importantes son las de jóvenes empresarios, hombres de negocios o comerciantes.

En total, en España hay más de mil asociaciones de inmigrantes, de las que "cerca del 75% son de origen latino", explica la vicepresidenta del Foro para la Integración Social de los Inmigrantes (organismo de interlocución con el Gobierno), Rosario Zanabria, también presidenta de ARI Perú: "Las latinas sí que tienen un marcado carácter social, cultural, deportivo y político".

Los que tienen menos voz e interlocución con el Gobierno son los chinos, rumanos y, sobre todo, subsaharianos. Moustapha Fal, senegalés de la asociación Sin Papeles, reconoce que "falta formación" entre la colonia. "En EEUU o Francia, donde hay más subsaharianos estudiantes e intelectuales, hay más asociaciones", asegura. Senegal carece de un gran tejido asociativo porque el papel asistencial suelen asumirlo las agrupaciones religiosas Dahira, añade.

La última reforma de la Ley de Extranjería, de 2009, reconoció el derecho de asociación a los indocumentados. Sin embargo, la historia de la asociación de Sin Papeles se remonta a 2007, cuando el activismo de este colectivo, aún sin reconocimiento oficial, dio sus primeras pedaladas.

El Foro de la Integración, que se reúne periódicamente en la Secretaría de Estado de Inmigración, es el órgano de interlocución de los extranjeros con el Gobierno. La mesa de diálogo tiene 30 sillas: diez para representantes de ministerios, comunidades autónomas y ayuntamientos, diez para entidades sociales (Cruz Roja o Cáritas, entre ellas) y diez para asociaciones de inmigrantes. Cinco de éstas últimas las ocupan organizaciones latinas (Aesco, Rumiñahui, Acobe, ARI Perú y Fenadee), que representan a 960.000 nacionales de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Las restantes son magrebíes (dos), búlgara, china y rumana.

La última reunión del Foro se celebró el viernes pasado. En el orden del día, se incluyó una iniciativa para estudiar cómo dar voz a los colectivos como el subsahariano, que no tienen portavoces en la mesa.

La descompensación en el Foro es grande, ya que la última silla, la rumana, representa a casi tantas personas (860.000 rumanos, la colonia más grande en España) como las cinco latinas juntas. Aunque no todos los rumanos están ligados a la Federación de Asociaciones Rumanas en España (Fedrom), es su único representante en el Foro.

Herencia de una dictadura

El portavoz es su presidente, Miguel Fonda Stefanescu, que achaca la falta de músculo asociativo del colectivo rumano a la represión que sufrió la población durante las décadas del dictadura de Ceaucescu. Entonces, "cada vecino era sospechoso" de ser espía de la securitate, la Policía secreta comunista (1948-1989), que llegó a tener hasta medio millón de informadores entre una población de 22 millones.

Calin, fontanero rumano de 32 años, lleva 12 viviendo en España. Durante los 20 que residió en su pueblo natal de Transilvania (Luna, de 4.000 habitantes) no conoció ninguna asociación. "El Gobierno destruyó cualquier intento de asociacionismo a través de la securitate. Nadie sabía quién le vigilaba y la desconfianza era total", explica Calin.

"Esto creó una sociedad totalmente individualista en la que nadie se asociaba para lograr fines sociales o políticos", apunta el rumano, aunque reconoce que, ahora, "ya se están empezando a crear organizaciones". Cuando Calin llegó a España, no logró encontrar ninguna asociación rumana y tuvo que buscar asesoramiento en la hispano ecuatoriana Rumiñahui, una de las más profesionalizadas que hay en la actualidad.

La represión de Ceaucescu, mucho más dura que la de Franco, es responsable de que los rumanos no tengan una voz influyente en España, comparte el presidente de Fedrom. El nivel de precariedad de las 130 o 140 asociaciones que hay en el país es alto, suelen carecer de sedes y trabajadores, apenas 12 de ellas tienen página web, y la mayoría de sus miembros viven de otros trabajos. Las iniciativas suelen ser de carácter folclórico y dependen del tiempo libre de sus miembros.

Fonda Stefanescu demanda más formación y financiación para las ONG. Y denuncia un segundo motivo que fustiga al colectivo: no tienen acceso a las ayudas económicas de la UE para inmigrantes porque, a ojos de Bruselas, son ciudadanos europeos. "¿Pero qué diferencia hay entre las necesidades que tienen un ecuatoriano y un rumano en España?", se pregunta el presidente de Fedrom, que acusa a la UE de obviar las necesidades sociales y económicas, al clasificar a los extranjeros según su categoría administrativa y geopolítica. El próximo jueves, Fonda Stefanescu presentará en Bruselas algunas de estas reivindicaciones en una audiencia pública organizada por el Parlamento Europeo, en el marco de las jornadas Movilidad de trabajadores inmigrantes en tiempos de crisis.

Además de la falta de tradición que había en Rumanía, Calin reconoce que nunca ha "tocado" un sindicato por "cobardía", para no levantar revuelo y que no le mirasen mal los jefes. Hoy, es jefe de un equipo de fontanería de la empresa Aclimar, pero, en el futuro, no descarta entrar en algún sindicato.

Redes sociales chinas

La prohibición del asociacionismo en China también ha lastrado la creación de organizaciones sociales de asiáticos en España. Sin embargo, estos lo han suplido con el Kuan Xi, explica el presidente del Comité para la Educación e Integración de los Inmigrantes Chinos en España (CEIICHES), Alfonso Chao.

El Kuan Xi es la red de relaciones personales en la que se basa la organización social del colectivo. "Proviene de un pensamiento cercano al budismo: si me llevo bien con mi entorno, este me protegerá", explica Chao, que asegura que, por tratarse de "un grupo hermético, silencioso y cerrado, es muy fácil vincular esta red de relaciones a una mafia, pero no se trata de eso".

Por otra parte, aunque la mayoría de las asociaciones chinas en España están vinculadas a asuntos económicos, también tuvieron un rol integrador durante los años en los que llegaron más inmigrantes chinos. "Por cuestiones lingüísticas, se ven obligados a acudir a ellas en busca de asesoramiento porque, al llegar a un Ayuntamiento, al médico o a un juzgado, les cuesta entenderlo todo", explica Chao.

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