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Inmigrantes solidarios

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12-10-2010_ima1


"Quiero hacer un libro", asegura mientras enseña algunos folios escritos. Material no le falta. Henry Chukwume Okoye, nigeriano de 44 años, ha vivido muchas vicisitudes en apenas dos años. Huyó de su país tras sufrir tres intentos de asesinato. "Soy activista y sindicalista", aclara. Entró en Europa a través de Alemania y solicitó asilo político en Barcelona. El Gobierno le derivó a Alicante y entró en un programa de pisos de acogida que coordina con Cruz Roja y donde les cubren todas las necesidades: comida, ropa, formación y dinero de bolsillo, explica Tere Martín, coordinadora de Cruz Roja en Alicante. "Hasta ahora no me han dejado en ningún momento", aporta Henry. Y un año después entró de voluntario. Henry colaboró con Cruz Roja en Nigeria y mientras amplía su larga lista de cursos y busca empleo, desarrolla su labor en tres áreas: inmigración, personas mayores y lucha contra la pobreza. Detalla incansable sus actividades: traduce en inglés, entrena a un equipo de fútbol, acompaña a otros inmigrantes a excursiones o a ancianos a sus gestiones.

En el último año se ha disparado la cifra de voluntarios extranjeros en Cruz Roja. En 2010, este colectivo ha crecido un 14,92%, algo más del doble de lo que lo ha hecho la de voluntarios españoles (7,2%). Y desde hace un año la organización detecta que muchos de los inmigrantes que precisaron su ayuda están apuntándose ahora como voluntarios. "Es un número bastante importante. Su argumento es que quieren revertir la ayuda que se les dio con la gente que ahora viene de sus países. Saben que es muy complicado estar fuera de su país y por eso la vida asociativa es fundamental", explica Elena Carrillo, responsable de voluntariado. Por ello estos voluntarios se interesan inicialmente en temas de inmigración, aunque después amplían su ámbito de trabajo. Y la mayoría de los que acceden al voluntariado tras recibir ayuda no había tenido ningún contacto con la ONG en sus países.

Para muchos, el voluntariado es una forma de acercarse a la cultura española. Así lo ve Henry. También Ramzi Mohtasib, un palestino de 30 años que vive desde hace dos en Valencia. "Estoy aquí para aprender", resume. Ramzi, que ya ha realizado más de 40 cursos, llegó a Valencia gracias a un programa de intercambio cultural para realizar un proyecto sobre derechos humanos y medio ambiente. El proyecto le paga el piso y le facilita dinero de bolsillo. Contactó con Cruz Roja para aprender castellano y poco después entró de voluntario de socorro y emergencia, y de cooperación internacional. Ya había colaborado con la Media Luna Roja. "Me gustan los principios de Cruz Roja. Conozco cómo trabajan y cómo ayudan a la gente", argumenta.

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