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Adiós al 'baby boom' emigrante

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Las corrientes migratorias hacia España ya no son lo que eran. Las estadísticas lo demuestran. La crisis económica ha moderado sensiblemente el conocido como efecto llamada. Y determinados casos, como el de las mujeres solteras que decidían quedarse embarazadas para asegurar su residencia en el país, languidecen tanto que puede afirmarse que apenas existen ya en la actualidad.

Porque sí. Porque no hace mucho, desde los primeros años de la década hasta 2007, con los primeros síntomas de decaimiento económico, la comarca del Campo de Cartagena vivió un 'baby boom' de madres solteras inmigrantes, principalmente de Marruecos y Ecuador. Se contabilizaron por decenas estos nacimientos. Hoy, años después, 'La Verdad' ha conseguido conversar con tres de estas mujeres, exponentes de cómo el ansia de abandonar la desventura de sus pueblos de origen fue superior al riesgo de una maternidad impredecible.

Las tres, Luz, de Ecuador, Karima y Rabia, ambas de Marruecos, todas solteras, reconocieron abiertamente a preguntas de este periódico que buscaron quedarse embarazadas nada más llegar a España como fórmula «más o menos rápida» para conseguir el arraigo, y, después, la residencia.

En el caso de Luz, como el de muchos otros ecuatorianos, llegó al aeropuerto de Barajaras, vía Ámsterdam, en 2005, con pasaporte turístico. Una vez en España, no regresó a los pocos días, como era preceptivo, a su país, e inició la búsqueda de un compañero que pudiera fecundarla. Al año, dio a luz en el Hospital Naval de Cartagena.

Karima, en 2005, y Rabia, en 2006, obtuvieron un permiso de trabajo temporal para acudir a la recogida de la fresa en la provincia de Huelva. Antes de terminar su contrato, abandonaron Andalucía y se marcharon a la región de Murcia. Aquí, pasados unos dos años, encontraron la maternidad que pretendían.

Ahora, Luz, que supera los 30 años, tiene a su hijo ya en Colegio. Karima, (26) y Rabia (29), que también dieron a luz varones, se disponen a escolarizarlos el curso próximo.

Destinos comunes, pero con distintas estrategias. Luz asegura que en la mentalidad de los ecuatorianos, lo más importante es el «instinto de supervivencia», por lo que este tipo de acciones se realizan «sin madurárselo mucho y hasta incluso con naturalidad, sin pensar en el qué dirán». De hecho, agregó, muchas otras compatriotas llevaron a cabo la misma iniciativa «aún estando casadas y con hijos en Ecuador».

Las maniobras de las marroquíes parten de otra filosofía. Ellas, según dijeron, lo tienen todo planeado. Bien desde el momento en que pasa el tiempo y no logran el matrimonio en su país; bien, simplemente, porque desde pequeñas toman conciencia de que allí no hay ningún futuro.

No tropezar con paisanos

Pero no todo queda en este razonamiento. Karima y Rabia, van más allá y cuentan: al proceder de la región de Fez (centro de Marruecos), tuvieron presente la idea de que, si alguna vez vuelven, en España no deberían tropezarse con paisanos de su zona para evitar que conocieran su historia. Por eso, escogieron la comarca de Cartagena, donde la gran mayoría de sus compatriotas son del este de Marruecos. Llegado un hipotético regreso a sus pueblos con un hijo, siempre podrían decir que su marido les abandonó, sin temor a ser delatadas.

Las tres se consideran mujeres «atrevidas» y seguras de que en España «existe protección y comprensión para estos casos». De hecho, su estancia en España está consolidada. Tienen sus papeles en regla, reciben ayuda material y económica de lo que denominan su «red social», en la que se incluyen amigos españoles y compatriotas, que incluso les prestaron sus permisos de trabajo- y ONGs como Columbares, Atime, Murcia Acoge y los Servicios Sociales de los Ayuntamientos.

Para ellas, las consecuencias de su decisión son «más o menos las esperadas». Otras, sin embargo, no pueden decir lo mismo. Luz, Karima y Rabia se acuerdan de otras madres solteras inmigrantes que entregaron a sus hijos en adopción. Luego se arrepintieron y quisieron recuperarlos. Por falta de información, o de entendimiento, no supieron que era un proceso irreversible y hoy maldicen su desdicha.

 

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