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«Sabía que al llegar a otro lugar comenzaba de cero y lo hice con todas sus consecuencias»

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Acompañada de sus dos hijas, que en aquel momento tenían 11 y 5 años, la chilena Marisa Aguilar Salazar llegó a Boiro hace un lustro procedente de la ciudad de Osorno. Afirma que cogió las maletas para iniciar «un segundo capítulo en mi vida». Había oído hablar del término boirense a una amiga suya chilena que residía en la localidad: «Me puse en contacto con ella y le dije que deseaba iniciar una nueva vida. Fue una decisión arriesgada, pero yo tenía que ser valiente. Sabía que al llegar a otro lugar comenzaba de cero y lo hice con todas sus consecuencias».

Antes de emprender el camino hacia Barbanza, Marisa Aguilar buscó datos en Internet sobre el que iba a ser su futuro nuevo hogar: «Encontré muy poca información, solo que era una población con menos de 20.000 habitantes, que era una zona costera y poca cosa más».

En su país, Aguilar Salazar trabajaba en el departamento de ventas de una editorial y para una inmobiliaria. En Boiro empezó su vida laboral en una empresa de limpieza. Esta mujer, que afirma sentirse totalmente integrada, indica que en la localidad encontró «mucho apoyo y me proporcionaron la ayuda que necesitaba para iniciar esta nueva etapa».

En el año 2007, Marisa Aguilar regularizó su situación en el país. Es, además, una de las socias fundadoras de la organización no gubernamental ConTacto: «Mi tiempo se reparte entre el trabajo social de la ONG y la atención a mis hijas».

Integración

Manifiesta que el colectivo nació con el propósito de ayudar a los inmigrantes y contribuir a su integración. Reconoce, por la propia experiencia vivida, que cuando recalan en la comarca, la mayoría de los recién llegados están desorientados y no saben a dónde recurrir. Además, manifiesta que no todos los inmigrantes tienen la misma facilidad para desenvolverse.

Precisamente, la ONG ConTacto busca ayudar a quienes inician una nueva etapa lejos de sus casas y, al mismo tiempo, persigue «que la comunidad en la que estamos nos conozca».

En la organización, Marisa Aguilar se encarga del ropero: «Agradezco a la comunidad de Boiro el apoyo que nos ha dado. Los vecinos han respondido muy bien. Nos ayudan mucho y colaboran en gran medida, y eso merece ser destacado».

Esta mujer ha rehecho su vida en Boiro, y sus hijas, afirma, también están completamente integradas en la localidad. «Las dos están perfectamente habituadas. No han tenido ninguna dificultad». En cuanto a ella y a si piensa en regresar a Chile algún día, apunta: «Uno está donde quiere estar y este es el lugar en el que yo quiero estar».

A principios de año, Marisa Aguilar y sus hijas viajaron a Chile de vacaciones: «Lo pasamos genial». Este desplazamiento sirvió para que madre e hijas se reencontraran con amigos y familiares y que compartieran de nuevo buenos momentos.

Aguilar afirma que en Boiro lleva una vida muy distinta a la que tenía en Osorno. En primer lugar, valora de manera muy especial la tranquilidad que se respira en la localidad: «Boiro me dio mucha seguridad para elegirlo como el lugar en el que quiero que crezcan mis hijas».

Manifiesta que la ciudad en la que ella vivía era muchísimo más grande; un lugar en el que nunca dejaría solas a sus hijas, cosa que no sucede en Boiro porque no percibe que ellas puedan verse acechadas por peligros.

Además, su trabajo en Chile la obligaba a desplazarse largas distancias, lo que le impedía estar con sus pequeñas el tiempo que a ella le gustaría: «Aquí puedo disfrutar más de ellas, lo que también considero una ventaja». Transcurridos cinco años desde que puso el pie por primera vez en la localidad barbanzana, esta ciudadana confiesa haber encontrado todo lo que buscaba para empezar una nueva vida. El cambio ha sido radical, pero considera que ha resultado muy positivo tanto para ella como para sus dos pequeñas, que también están muy bien.

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