Imprimir

«En el terremoto de Haití perdimos tiempo y demasiadas vidas»

on . . Visitas: 477


La ex ministra francesa Nicole Guedj propone la creación de un cuerpo de cascos rojos para intervenir en catástrofes

Había el miércoles un clima de euforia en la ONU. «¡Hoy es un buen día!», clamaba el secretario general, Ban Ki-Moon. Se había superado con creces la petición económica para reconstruir Haití. La vicepresidenta española María Teresa Fernández de la Vega -que ayer viajó a la isla antillana- prometía «un antes y un después» para la cooperación internacional y el canciller brasileño, Celso Luiz Nunes Amorim, proponía bautizar el fatídico 12 de enero como Día de la Solidaridad Internacional.

Desde una esquina les observaba enigmática la ex ministra francesa Nicole Guedj, que acababa de reunirse con Ban para urgirle a crear los cascos rojos, un cuerpo internacional de acción humanitaria de emergencia que evite desastres como el haitiano.

Ciertamente el mundo se había volcado con la isla como nunca antes -50 países respondieron al tsunami de 2004, en comparación a 140 de ahora-, pero de forma desordenada. Sólo en las primeras 24 horas aterrizaron en Puerto Príncipe 74 aviones. A ese ritmo, pronto colapsó el único aeropuerto del país. «Las ONG se quedaron varadas en la pista durante días mientras los supervivientes perecían bajo los escombros», contó el presidente René Préval. Con los estadounidenses dirigiendo el tráfico, los gobiernos del mundo empezaron a pelearse sobre quién tenía prioridad para aterrizar con su ayuda en Haití.

«En el terremoto de Haití perdimos tiempo y demasiadas vidas», se lamenta Guedj. «Hoy tenemos recursos en el mundo, pero no sabemos cómo trabajar juntos, y menos en una emergencia. Necesitamos un cuerpo que coordine la acción sobre el terreno, un director de orquesta». Según Barack Obama, «no hay ninguna nación que hubiera podido responder sola a la catástrofe», pero Guedj cree que los cascos rojos hubieran hecho esa labor.

La ONU dispone desde 1991 de una Oficina para Asuntos Humanitarios que considera tecnócratas, en lugar de los médicos, ingenieros, bomberos y expertos en telecomunicaciones que quiere ver en su proyecto. Es lo que llama «inteligencia humanitaria», que se formaría con aportaciones voluntarias de los países miembros y la legitimidad de la Asamblea General para un despliegue rápido en cuanto lo pida un país afectado.

Con una estructura de mil personas, el proyecto parece realista, pese a que lo visionó hace más de una década. «Es que soy una mujer», sonríe. «Pero no importa, ahora tengo muchos hombres a mi alrededor, y hasta el Vaticano». Hombres y muertos, los 300.000 sepultados en Haití, que han redimido al mundo con una nueva era de oportunidades como la que puede dar vida a los cascos rojos.

Utilizamos cookies para mejorar nuestro sitio web y para ofrecerle contenidos más interesantes. Para obtener más información sobre las cookies y cómo eliminarlas, consulte nuestra Política de Privacidad.

Sí, acepto cookies de esta web