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México cierra el año con 12.456 muertos

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México no levanta cabeza. La espiral de violencia no parece tener fin y los cárteles, enfrentados en una guerra interminable, extienden su dominio por todo el país, infiltrándose como un cáncer en las instituciones públicas. Cuando termina el año, es hora de mirar atrás y contabilizar el reguero de muertos atribuidos al crimen organizado y el narcotráfico. Según cifras de la Procuraduría General de la República (PGR) publicados esta semana, han superado los 30.000 desde que el presidente Felipe Calderón lanzó en diciembre de 2006 la ofensiva contra los cárteles de las drogas.

Según estos mismos datos entre enero y noviembre de 2010 se cometieron 12.456 homicidios, para sumar 30.096 desde el inicio del actual Gobierno. Esto convierte a 2010 en el año más violento de la historia de México desde los tiempos de la revolución. Además, ayer la ONG Red por los Derechos de la Infancia en México señaló que en los últimos tres años, 1.066 menores habían muerto víctimas de la violencia del narcotráfico.

Calderón ha ido capeando el temporal como podía. En abril pasado aseguró que más del 90% de las muertes atribuidas al crimen organizado eran de sicarios, un 5% de policías y militares y menos del 5% a población civil, para destacar que la guerra era entre los cárteles de las drogas. Pidió entonces que el tema fuera valorado de manera objetiva y citó datos del índice criminal en otros países como Venezuela, muy superior al que registra México.

Sin embargo, en agosto Calderón admitió ante representantes de organismos civiles que «actualmente no sólo se amenaza ya la tranquilidad con los conflictos que tienen entre sí los grupos criminales, sino que se amenaza el patrimonio y la integridad de las personas; también a los medios de comunicación y a las instituciones democráticas».

El mandatario dijo que su Gobierno está dispuesto a revisar su estrategia de combate contra el crimen, que desde que inició su Administración fue recuperar espacios que había ganado la delincuencia organizada enviando a 45.000 soldados y 20.000 agentes a los puntos conflictivos. La ola de violencia ha subido, con el aumento no sólo del número de víctimas año tras año sino también con la saña con que se cometen ataques para infundir temor entre la población, con decapitaciones, ahorcamientos y hasta la explosión de un carro bomba.

En la memoria de los mexicanos quedarán grabadas para siempre masacres como los 15 jóvenes asesinados el 30 de enero en Ciudad Juárez, miembros de un equipo de fútbol americano y estudiantes de un bachiller local. Tampoco olvidarán a los 70 inmigrantes acribillados en la frontera o más recientemente, la matanza acometida durante las fiestas de la Virgen de Guadalupe. Desgraciadamente la sociedad mexicana se ha acostumbrado a desayunar cada mañana con noticias que narran los sangrientos mensajes de los distintos cárteles, con cabezas cortadas como firma y cuerpos colgando en los puentes.

Los poderosos grupos de la droga mexicanos han extendido sus actividades a otros delitos del crimen organizado, como el secuestro, la extorsión, la trata de personas, el tráfico de indocumentados, la piratería, el blanqueo de dólares, la prostitución y el robo de automóviles. Las autoridades sostienen que el incremento de la violencia y los asesinatos responden en gran medida a la inestabilidad que los golpes de las fuerzas federales causan al interior de los cárteles.

El titular de la PGR, Arturo Chávez, afirma a LA RAZÓN que las presiones oficiales pueden verse en la creciente cantidad de líderes detenidos o abatidos. También destacan algunas declaraciones de ciertos capos que «aluden a vivir a salto de mata y no poder pernoctar más de una noche en el mismo lugar».

La detención durante 2010 del narcotraficante Edgar Valdez Villarreal, alias «La Barbie», la muerte de Nazario Moreno González, «El Chayo», líder del cartel de la Familia Michoacana y de «Tony Tormenta», capo de Golfo de México,  o la caza de «La Puerca», identificado como el principal operador de droga a EE UU, suponen un respiro para las autoridades mexicanas.

Dominio de Estados Unidos
Sin embargo, la serpiente descabezada se vuelve más peligrosa. Los arrestos de algunos líderes de los cárteles particularmente de los de Tijuana y del Golfo, y la gran militarización del territorio mexicano han provocado una respuesta violenta por parte de las organizaciones criminales.

Aunque fue en los 90 cuando los cárteles cobraron importancia debido al cese de operaciones de los colombianos de Cali y Medellín, es ahora cuando los distintos bandos dominan la totalidad del mercado de drogas en EE UU. Un pastel muy apetitoso del que todos quieren llevarse la mejor parte y es que como dice la popular frase acuñada por el ex presidente, Porfirio Díaz Mori: «¡Pobre México! Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos».


Los «golpes» de Calderón
«El CHAYO»
El máximo capo del cártel «La Familia», Nazario González Moreno, alias «El Chayo», murió el 9 de diciembre en un fuerte enfrentamiento del Ejército con los sicarios.
«TONY TORMENTA»
Ezequiel Cárdenas Guillén, alias «Tony Tormenta», líder del brutal cártel del Golfo murió abatido durante la operación militar del pasado mes de noviembre. El enfrentamiento tuvo lugar en su bastión de poder: Matamoros, en Tamaulipas.
«LA PUERCA»
El 9 de noviembre la Policía mexicana detuvo a Manuel Fernández Valencia, alias «La Puerca», socio de «El Chapo» Guzmán. En septiembre cae Villarreal Barragán, «El Grande».
«LA BARBIE»
Era uno de los más buscados tras la muerte de los Beltrán Leyva. Edgar Valdez, alias «La Barbie»,  fue arrestado el 13 de agosto de este año tras cometer una infracción de tráfico.
«REY DE REYES»
Los hermanos Beltrán Leyva fueron los primeros líderes del narcotráfico en caer a consecuencia de la ofensiva abierta por el Ejército mexicano. Capturan a Alfredo en enero de 2008, su hermano Arturo, «El rey de reyes», muere en octubre.

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