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Bosnia 15 años después: impera la corrupción, la parálisis y el nacionalismo

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Quince años después del fin de la guerra, Bosnia y Herzegovina celebra mañana elecciones generales en una situación de parálisis provocada por una enquistada corrupción, la inactividad de los Gobiernos y la falta de acuerdo de la comunidad internacional sobre el futuro de Bosnia.

"Bosnia no es una democracia, es una cleptocracia". Así de rotundo se expresa Srdjan Blagovcanin, director ejecutivo de Transparencia Internacional en Bosnia.

En declaraciones a Efe en su oficina de Sarajevo, Blagovcanin sostuvo que la corrupción es el "problema clave" en el desarrollo del país.

"Los partidos políticas funcionan con una estructura mafiosa. Unos pocos en la cúspide del partido lo deciden todo", explica el responsable de esta organización.

Esas élites políticas lo controlan todo: los procesos de privatización, los contratos para infraestructuras, las empresas estatales.

"No se puede reformar la judicatura, ni la educación, ni la Administración con el nivel de corrupción que hay ahora en Bosnia. Y la retórica nacionalista simplemente distrae la atención de los problemas reales", se lamenta Blagovcanin.

Y problemas no le faltan al joven país. Con apenas 4 millones de habitantes y una tasa de paro oficial del 40 por ciento; casi la mitad de quien trabaja lo hace para la Administración pública, donde los sueldos son bastante mejores que en la economía privada.

Nada menos que unos 1.000 diputados y 130 ministros ocupan los tres Parlamentos, los tres Ejecutivos (el nacional y el de las dos entidades autónomas, la musulmano-croata y la serbobosnia), los 10 entes municipales y el Gobierno del distrito autónomo de Brcko.

Sólo en la Federación musulmano-croata, el 47 por ciento del presupuesto (unos 600 millones de euros) es para gastos de la Administración. En comparación, sólo 150 millones de euros se destinan a infraestructuras.

Ese desmedido sector público es en parte fruto de los Acuerdos de Dayton, que pusieron fin a la guerra y diseñaron la actual estructura de Bosnia, con dos entidades separadas y casi autónomas.

El enfrentamiento entre musulmanes, croatas y serbios bloquea la aprobación de leyes aunque, según Blagovcanin, esa complicada estructura no es más que una pequeña parte del problema: "La estructura es sólo una excusa de los políticos para no hacer nada".

Con él está de acuerdo Darko Brkan, de la ONG "Zasto Ne" (Por qué no?), que cree que ni los enfrentamientos entre partidos ni entre comunidades explican la parálisis del país.

"La razón real es que (los políticos) creen que nunca se les va a controlar y por eso no hacen nada", opina Brkan.

"Una cuarta parte de las promesas electorales de los principales partidos son iguales o similares, por ejemplo, la reforma de las pensiones, del sistema de salud o la construcción de autopistas", señala este activista.

Pero si los problemas internos abundan, también hay analistas y expertos que no dudan en criticar el papel de la comunidad internacional en la actual situación del país.

Se critica, por ejemplo, que la comunidad internacional centre toda su presión en que el país acometa las reformas constitucionales que hagan de Bosnia un Estado más eficaz que pueda avanzar hacia la Unión Europea.

Pese a valorar lo importante de esas reformas, bloqueadas hasta ahora por el desencuentro de las tres comunidades, Blagovcanin pide que la comunidad internacional se preocupe también en que se apliquen las leyes.

En ese sentido, el director de Transparencia Internacional se queja de que haya perdido poder la figura del Alto Representante Internacional, que tras la guerra fue esencial para imponer orden.

"La oficina (del Alto Representante) ya no existe más, sólo formalmente. No ha usado sus poderes desde 2005 ó 2006. Está aquí sólo para proteger el status quo e impedir la violencia", dice Blagovcanin.

Tras esa falta de actividad muchos ven la imposibilidad de poner de acuerdo visiones tan diversas como la de Turquía, Rusia, la UE o Estados Unidos, algunos de los países que forman el Consejo de Aplicación de los acuerdos de Paz de Dayton.

En un reciente artículo, el analista político Zekerijah Smajic se refería a ese problema al indicar que la elección de este cargo se hace "buscando compromisos, para satisfacer unos criterios formalistas o un cierto equilibrio."

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