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Vuvucelas

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¿Alguno de mis lectores tenía -pongamos hace un mes- la más mínima idea de lo que es una vuvuzela? Me juego lo que sea a que no. Metidos en preguntas, ¿alguien podía pensar que en África -siempre hemos asociado ese continente con el calor, el desierto, las fieras- se iba a jugar al fútbol con guantes y ateridos de frío? ¿Qué futbolero aficionado iba a imaginar que en África iban a aparecer unos campos de fútbol tan estupendos, tan a la última?

He echado mano para mi reflexión semanal del «cacharro» que más ha llamado la atención de los espectadores de todo el planeta: un chisme que te pone la cabeza mala, que casi no deja oír a los comentaristas y que marcará para siempre la celebración de este Mundial. Cuando nuestros hijos pregunten: ¿qué fue del Mundial de Sudáfrica?, sus padres responderán: ¿qué Mundial, el de las vuvuzelas? Y les explicarán oportunamente lo que sea.

Lo cierto y lo serio de todo esto es que, independientemente del hecho futbolístico en sí, nunca jamás el continente africano ha tenido ni tendrá un escaparate mejor para darse a conocer. De ahí que mis grandes amigos misioneros -pienso fundamentalmente en Eugenio y en Jesús María, a los que más trato- se hagan la gran pregunta: ¿qué va a quedar en África después de este inmenso fenómeno mediático? ¿Quedará algo o no quedará nada? ¿Quién se acordará de África, no ya de aquí a veinte años, sino el próximo mes de septiembre, por poner una fecha? No quiero ser agorero, pero con toda seguridad no se va a acordar nadie, y eso, aún dando por supuesto que España puede hacer un buen papel.

Me dicen los que saben, o lo que es lo mismo, los misioneros, los que trabajan en Cáritas Internacional, en Manos Unidas y en algunas -pocas- ONGs serias y de fiar, que los grandes retos que tienen hoy los africanos son tres. Tres nada más, pero ¡ojo! temibles, insalvables o cuando menos de muy difícil remonte los tres. Y son -por este orden- la carencia de gobernantes de solvencia, el papel de la mujer y la construcción de la paz. De los casi sesenta países que componen el continente africano, unos por arriba, otros por abajo, prácticamente todos tienen sin resolver sus formas concretas de gobierno, el gran problema de la situación de la mujer y no digamos nada lo que afecta a la paz. Se están matando entre ellos de forma espectacular, con el agravante de que los medios de comunicación -las grandes agencias occidentales- no han querido informar nada de nada. Hoy mucho fútbol, mañana, me temo, el ostracismo más escandaloso.

Todavía hay más. De África se está dando una imagen sesgada, manipulada, quebradiza, en la que lo más frecuente es la muestra de los clásicos clichés negativos y dramáticos. Apenas se habla nunca, y menos en las primeras páginas de nuestros periódicos o en las primicias de nuestros telediarios, de las muchas y buenas noticias que alberga este «continente de oportunidades», como ha sido llamado recientemente. Ha tenido que ser la Iglesia católica, posiblemente la única institución realmente preocupada por lo que allí hay y sucede, la que ha venido insistiendo en que «hay que decir la verdad sobre África con amor».

Un periódico español de contenido futbolero ha afirmado recientemente que «es algo muy lamentable que el mundo rico esté dando una imagen basada en las vuvuzelas y esté privando a la opinión pública mundial de la dura realidad africana».

¿Quieren un consejo desinteresado y muy práctico para conocer de verdad esa realidad? Lean despacio las informaciones que nos llegan de nuestra Delegación de Misiones. Nuestro buen amigo Jesús María Peña, muchos años misionero en Benín y hoy responsable de esta importantísima y vital faceta de la Iglesia, nos manda a todos los riojanos información detallada y puntual de lo que hacen nuestros misioneros riojanos repartidos por todo el continente africano. Así verán lo que hay. Y más todavía. Existe una publicación que se llama 'Mundo Negro' y que mensualmente ofrece estupendos reportajes de todos los países africanos.

Algo bueno nos puede quedar del Mundial, aunque 'la Roja' no se lo lleve y las vuvuzelas dejen de sonar.

 

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