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Condiciones para aliviar la tensión en Gaza

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La iniciativa del Gobierno israelí de Benjamín Netanyahu de suavizar las condiciones en que se aplica el bloqueo judío a la franja de Gaza, permitiendo la entrada franca de alimentos, además de cemento con el que reparar los daños en las viviendas ocasionados por la guerra de diciembre de 2008 y enero de 2009 supone una inflexión de signo positivo incuestionable.

Para este logro ha resultado decisiva la gestión de el ex premier británico Tony Blair, comisionado para el problema árabe-israelí, que ha logrado que Israel abra la mano a la entrada de un amplio abanico de productos prohibidos. Pero si es cierto que la diplomacia ha conseguido aquello que la presión mixta de las ONGs no lograron, no lo es menos que sin esta presión de las llamadas “flotillas de la paz” la diplomacia tampoco hubiera conseguido nada.

Esta evolución política de la postura israelí en el concreto escenario de Gaza ha venido a demostrar también que sin la implicación de los Estados, las aventuras humanitaristas de asociaciones internacionales variablemente benéficas, acaso por lo variopinto de sus componentes, tienen una utilidad muy limitada y que, en muchos casos, no suele compensar el nivel de riesgos internacionales que generan.

A lo considerado hasta aquí habría que añadir la observación de que el revelado propósito iraní de armar su propia flotilla ha sido un dato que ha pesado notablemente en el cambio judío sobre el bloqueo a Gaza. Si Irán consiguió armar en Líbano, contra Israel, al partido guerrilla de Hezbolá, también podría haber hecho lo mismo, con o sin flotilla, en la parte de Gaza.

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