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Discapacitados, la ficha más débil en el tablero de la crisis

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En 2009 su tasa de paro alcanzó el 40%, nivel que se elevó al 60% para aquellos que tienen una minusvalía intelectual

Se acuerdan de Izaskun Buelta? Ahora, quizá este nombre no les diga mucho, pero hace poco más de un año esta joven con síndrome de Down desencadenó un auténtico aluvión mediático. Su participación en el programa 'Tengo una pregunta para usted' se convirtió en el 'minuto de oro' del programa. En él, aprovechó para recriminar al presidente del Gobierno el incumplimiento de la LISMI, la ley de integración social de los minusválidos que obliga a las empresas con más de 50 trabajadores a reservar el 2% de sus puestos a discapacitados. Izaskun aprovechó para pedir un trabajo en La Moncloa y, ya entre bambalinas, pasó su currículo a José Luis Rodríguez Zapatero.

Unos meses después, el jefe del Ejecutivo recogió el guante; porque, si bien no le proporcionó una plaza en La Moncloa, en la actualidad esta madrileña de 33 años está empleada en la Fundación Ideas, una institución ligada al PSOE que dirige el ex ministro de Trabajo Jesús Caldera. En la Fundación Aprocor, un centro concertado de la Comunidad de Madrid donde Izaskun vive y sigue formándose, confirman que la joven «está encantada» en su puesto de auxiliar de apoyo, porque gana más y prefiere las funciones propias de una oficina a las que desempeñaba en la bombonería donde trabajaba cuando conoció a Zapatero.

El año pasado, por tanto, fue bueno para ella. Sin embargo, para el conjunto de los discapacitados el balance es bien distinto. «En 2009 se concretaron y confirmaron los malos presagios que ya teníamos al comienzo de la crisis. Las personas con discapacidad alcanzan una tasa de desempleo cercana al 40%, y esta cifra asciende hasta el 60% en el caso de los intelectuales», dice Alexandre Martínez, presidente de Afem, la asociación para el empleo de la confederación Feaps, que colabora con discapacitados intelectuales.

Los datos del Servicio Público de Empleo estatal también confirman que la ya de por sí mala relación entre mercado de trabajo y discapacidad ha vuelto a empeorar. En el último ciclo de bonanza económica, al aumento de la contratación indefinida se sumó un menor índice de rotación entre puestos, pero 2009 ha dejado una retahíla de datos negativos, como el descenso de la contratación, que el Servicio Público de Empleo Estatal cifra en un 7,4% respecto al año anterior, y las dificultades de los centros especiales de empleo, espacios clave para la integración laboral, porque el 70% de su plantilla ha de ser discapacitada.

El informe 'El impacto de la crisis en las personas con discapacidad y sus familias', elaborado por el Comité Español de Representantes de Minusválidos -Cermi-, la gran plataforma en defensa de estas personas que aglutina a más de 4.500 asociaciones, desvelaba que, en el primer trimestre del año pasado, el 40% de los centros especiales había destruido empleo. «2009 arrancó fatal, luego empezó a recuperarse, y este año lo hemos inaugurado con datos positivos», apunta Pepa Torres, directora de formación y empleo de la Fundación Once.

En los dos primeros meses de 2010 el número de contratos firmados por discapacitados aumentó un 12,74% respecto a 2009. Se trata de una buena noticia que, en parte, se debe a las nuevas ayudas públicas concedidas a los centros de empleo, destino del 60% de las incorporaciones laborales en lo que llevamos de año. Para contrarrestar los efectos de la crisis, el pasado mes de noviembre el Congreso de los Diputados aprobó una medida de urgencia; hasta el 31 de diciembre de este año, la subvención salarial que reciben los centros especiales de empleo por cada trabajador con discapacidad pasa del 50% del salario mínimo interprofesional, la cantidad que antes percibían, al 75%.

Un actor ocasional

Pablo Pineda, primer titulado universitario europeo con síndrome de Down y Concha de Plata al mejor actor en el Festival de San Sebastián de 2009, imparte conferencias de la mano de la Fundación Adecco para sensibilizar a las organizaciones -que en el argot se conocen como «empresas ordinarias»- sobre los beneficios que entraña la contratación de discapacitados. «Siempre he dicho, y lo mantendré, que los empresarios y la sociedad parten de un inicio equivocado, de aquello que los discapacitados no sabemos hacer, pero habrá que empezar por aquello que sabemos para buscar el trabajo más adecuado a cada uno», explica el joven..

Pineda, que acaba de viajar a Polonia para presentar la película 'Yo, también', se considera un tipo con suerte -«mi madre me dice que tengo 'estrella'»-, aunque carezca de la estabilidad laboral que le gustaría a sus 35 años. «¿Qué cómo me veo dentro de cinco años? Como a todo el mundo, me gustaría independizarme, crear mi propia familia y tener un trabajo estable. Pero, al paso que voy -esto es más lento que una procesión de Semana Santa-, me veo colaborando con distintas iniciativas, dando conferencias y buscando un trabajo fijo desesperadamente», contesta el malagueño con sentido del humor, el mismo del que echa mano una y otra vez para demostrar que «sí puede hacerlo». «No es que tengamos que demostrar más, es que tenemos que hacerlo todos los días, y eso, a veces, cansa», se lamenta Pineda, que sueña con el día en que las etiquetas pesen menos que el talento.

«Todos necesitamos recursos para poder vivir, pero el trabajo también proporciona otros sentimientos más íntimos, como el de utilidad, y eso para el discapacitado es tan importante que puede suponer hasta reducciones considerables de la medicación. En el momento en que, junto a la nómina de su padre o su hermano, llega a su casa la suya, se produce una relación de igualdad que, sobre todo para los discapacitados intelectuales, es vital», dice Alexandre Martínez, presidente de Afem, la asociación para el empleo de la confederación Feaps, que colabora con discapacitados intelectuales.

En Afem calculan que en España viven alrededor de 230.000 personas con discapacidad intelectual. De todas ellas, 50.000 están en condiciones de trabajar, aunque sólo 15.000 lo hace, las 35.000 restantes no tienen empleo. Pablo Pineda, maestro de formación y actor por casualidad, está a caballo entre uno y otro grupo, porque, sin un empleo fijo, sus ingresos proceden de los 'bolos' que le salen como conferenciante. «Creo que poco a poco vamos avanzando. Los de síndrome de Down seremos los últimos en reverdecer, porque los ciegos y los que tienen deficiencias físicas ya lo han conseguido. Nosotros seremos los últimos. Pido turno», exclama mientras acompaña su rico vocabulario con gestos no menos elocuentes.

Otras variables

A Pineda no le falta razón, porque en el empinado acceso al mercado laboral con que se encuentran los discapacitados, hay variables que complican una ya de por sí penosa situación. Lo más irritante es que, en ocasiones, esas variables no tengan que ver con el grado de minusvalía, sino con factores tales como el sexo y el entorno. Por ejemplo, la situación de las discapacitadas en el medio rural pasa de mala a patética. De ahí que el programa 'Por Talento', una iniciativa auspiciada por el Fondo Social Europeo que este año ha puesto en marcha la Fundación Once, aplique la discriminación positiva. «Sí, porque hemos mejorado algo, pero la participación de la mujer discapacitada en el entorno laboral todavía es alarmante», sostiene Pepa Torres, directora de Formación y Empleo de la Fundación Once.

Torres también reconoce que, «por tradición y la sobreprotección» de la familia, la demanda de empleo entre las mujeres es inferior. Si a esto unimos que su nivel de formación -uno de los problemas asociados a este colectivo- está por debajo del masculino, todo parece confabularse en su contra. Y ahí están las cifras; por cada tres contratos a hombres con discapacidad que registró el Servicio Público de Empleo entre enero y octubre del año pasado, sólo se registraron dos a mujeres.

En este período de tiempo, las personas discapacitadas firmaron 5.091 contratos menos que en el mismo período del año anterior. En porcentaje, esa cifra representa un -11,38%. El informe 'El impacto de la crisis en las personas con discapacidad y sus familias' de Cermi hace hincapié, además, en que las mayores reducciones se han dado en aquellos contratos que implican más estabilidad, como el indefinido para personas con discapacidad.

El programa 'Por Talento' parece una excepción en este sombrío panorama. Según Pepa Torres, su evolución ha sido buena. El año 2009 terminó con un balance de 3.546 puestos de trabajo creados y se estima que, hasta 2015, esta cifra llegará a 17.500. Como advierte Torres, el programa tiene la particularidad de que a cada participante se le diseña «un itinerario personalizado de inserción laboral». «Hay personas que sólo necesitan un empleo puro y duro, mientras que otras necesitan cualificarse antes, ya sea en conocimientos técnicos o en habilidades sociales», explica.

La mayor parte de los contratos se ha cerrado con empresas del «mercado ordinario», un enorme campo de trabajo que todavía no les abre del todo sus puertas. La Ley de Integración Social del Minusválido (Lismi) obliga a las organizaciones con más de 50 trabajadores a reservar el 2% de sus plazas a discapacitados. Pero en 2007 un estudio del Observatorio del Grupo Sifu -un grupo de centros especiales- alertaba de que siete de cada diez empresas españolas no cumplen la ley, que data de 1982.

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