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«La dictadura guineana ha cerrado el país a cal y canto»

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- Según lo que leemos en su libro, tuvo usted que salir de Guinea por la puerta de atrás.

- Fui retenido sin haber hecho absolutamente nada. Se me tachó de espía y se urdió una teoría kafkiana según la cual yo era una especie de empotrado del CNI en el seno de una ONG. Al verme ir y venir, sacar fotos, hacer preguntas… la Policía guineana se puso nerviosa y me retiró el pasaporte. Tuve que sobornar a un soldado para que me diera un visado de salida con el que pude volver a España. Por desgracia, Guinea es un país hermético que vive bajo el yugo de una dictadura férrea que lo mantiene cerrado a cal y canto.

-Tampoco parece que los guineanos sientan un especial cariño por los españoles.

-Aún queda el resentimiento que viene de la época colonial, algo que el Gobierno guineano potencia cuando le interesa. Empezó con Macías y ha continuado con Obiang. Ambos han saqueado el país y asesinado a miles de guineanos, pero recurren al pobre argumento de culpar a Occidente.

-A pesar de que propició la conquista y colonización de África, Iradier mostró gran respeto por la cultura de las etnias que poblaban el país del Muni.

-Comparado con sus contemporáneos, mostró el mayor respeto posible. Habla de las distintas etnias con la distancia propia de un científico. Sólo en algunas ocasiones, en momentos concretos, se escapa el desprecio. Son sólo retazos, frases sueltas, pero están ahí.

-Además de la de explorador, Iradier tuvo otra vertiente menos conocida pero igualmente llamativa, la de inventor.

-Como inventor, mejoró el papel fotográfico y simplificó el proceso de impresión; también creó un contador de agua y diseñó un trazado para el ferrocarril Vasco-Navarro. Desgraciadamente para él, estas iniciativas no obtuvieron ningún resultado económico.

-¿Considera que su figura está suficientemente reivindicada?

-En absoluto. A Iradier se le ha tildado de «explorador de quimeras» porque, en comparación con otros aventureros de la época, no recorrió un territorio extenso. Pero fue el responsable de un milagro, de un milagro vitoriano: Iradier y otros crearon, aquí en Vitoria, cuatro años antes de que se creara la de Madrid, la primera sociedad geográfica de España: La Exploradora, que con otro nombre continúa existiendo hoy. Y publicó una obra imprescindible, 'África Tropical', un compendio de sus estudios en múltiples campos.

 

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