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La luz vuelve a Puerto Principe

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2010-02-14_ima3
"Se están haciendo muchas cosas, pero falta una organización global, un sitio en la Red donde se centralicen los puntos de reparto de comida, los centros de asistencia y los puntos donde hay población para que todas las organizaciones gestionen su ayuda de forma más eficaz". Rafael, médico dominicano, lleva en Leogane más de tres semanas. Reconoce los esfuerzos de la ONU, pero según recabas testimonios de voluntarios, da la sensación de que los proyectos concretos, menos globales y organizados, los de llegar a un punto de la ciudad y pumba, comenzar a ayudar con asistencia inmediata, son más eficientes.

Cada ONG o grupos de voluntarios hace la guerra por su cuenta. Los lazos parecen muy estrechos. Se presta material, y agua, pero dicen que hay poblaciones pequeñas que apenas reciben ayuda. "Tratamos de ayudar a toda la población en todos los lugares bajo los principios de la ONU, sin discriminaciones de religión, clases sociales y sexo", explica Michael, un trabajador de Naciones Unidas bajo una carpa con mapas informativos de la zona.

Estamos en su campamento, donde el satélite nos permite tener Internet. Los soldados canadienses tienen instalada aquí su base. A veinte metros de la mesa de madera donde trabajan empleados de Naciones Unidas, médicos y voluntarios, una excavadora remueve las tripas de un gran edificio de hormigón. La pala va abriendo huecos mientras varios haitianos recogen los intestinos del inmueble. Trabajamos con mascarillas para evitar el polvo. No parece el mejor sitio para montar un campamento con hospital.

René, un estudiante de enfermería haitiano, ayuda a subirse a una camioneta a una anciana que ha venido a cambiarse el vendaje en una pierna en la que sufrió un desgarro durante el seísmo. "La avalancha de heridos ya pasó, ahora es sobre todo seguimiento de los afectados para que no se les infecten las heridas", explica el estudiante, que está recibiendo en tres semanas las prácticas de dos años. Niños de Leogane observan detenidamente a la soldado canadiense a la entrada del campamento. Más allá, soldados de Sri Lanka de la ONU, sentados a la sombra, vigilan las tiendas de Unicef. Al otro lado de la calle, cientos de vecinos acuden a una de esas misas maratonianas que se celebran estos días en el país.

La ayuda a corto plazo es efectiva en Leogane, pero, ¿q¿Se construirán casas similares a las que no aguantaron el terremoto? ¿Para cuándo estarán listas? La época de lluvias empieza en un mes y las riadas, en un terreno desforestado como éste, pueden llevarse cientos de vidas por delante. "Hace falta un plan Marshall con una buena planificación de la ONU y las autoridades locales, que contraten a los haitianos para construir casas. Se genera empleo y se construyen viviendas", explica otro cooperante un poco hastiado con las autoridades locales.

"Estuvimos en la casa del alcalde, una mansión donde tenía varios jeeps de lujo y nos pedía comida para su pueblo, ¡pero si la comida no les falta! hace falta otro tipo de ayuda", se indigna el sanitario, que apunta que la corrupción de los altos cargos del Gobierno minará toda ayuda que se les dé si no está auditada.

Nos dirigimos a continuación hacia Petit Goave, donde se encuentran los soldados españoles del buque Castilla, a una milla de la costa. Hay grietas en la carretera y paredes rocosas se han desplomado sobre la vía, que en algunos puntos sólo es transitable en un sentido. En un primer momento era imposible llegar allí por carretera. Se ven numerosas casas destrozadas.

Aquí los soldados españoles reparten agua y están desescombrando una de las iglesias que se vino abajo a plomo. Comerciantes venden en la calle pasteles y bebidas. En los huertos se ven canales de riego. Hay mucha más vegetación que en la mayoría de zonas del país, pespunteadas por unas colinas llenas de palmera. Cuesta, el fotógrafo, recuerda que cuando vio estas tierras Colón dijo que eran las montañas del paraíso.

Vecinos de las afueras del pueblo, lleno de casas de estilo colonial con amplios portones y vivos colores, dicen que desconocen que se estaba repartiendo ayuda. A la vuelta a Leogane, los bomberos alemanes se ofrecen a traer al campamento de los niños del colegio de San Gerardo que Madrid Rumbo al Sur está montando 3.000 litros de agua para empezar a ponerlo en funcionamiento. No ponen pegas. Todos quieren ayudar. Gonzalo junto con trabajadores locales ha terminado de alisar el terreno y colocar las tiendas de campaña que faltaban mientras Cuesta y Sevillano, el jefe del Gera, de la Comunidad de Madrid, instalan el depósito y el sistema de canalización para que los niños puedan tener duchas.

De vuelta a Puerto Príncipe nos sorprende que ha llegado el alumbrado a algunos barrios de la ciudad. Los puestos de comida inundan la calle e incluso hay música que retumba en algunas calles. La vida va volviendo poco a poco a la capital.

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