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El maná americano

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C. M. Acebes/L. R. I

Washington, Puerto Príncipe- Tras una semana de desconcierto e impotencia –«se nos han venido al suelo casi todos los edificios oficiales»– el Gobierno haitiano, en la figura de su presidente, Rene Preval, comienza a dar señales de vida. Sus primeras entrevistas han tratado de quitar hierro a la cuestión de la intervención estadounidense en el país. «No tenemos ningún problema ideológico. Toda la ayuda es bienvenida. Los norteamericanos han conseguido reabrir el aeropuerto, nos proporcionan ayuda y seguridad».
Claro que no toda intervención es bienvenida. El presidente ha rechazado el ofrecimiento de un batallón de soldados dominicanos. La historia de los dos países que comparten la Española no da para experimentos, por buena voluntad que se ponga en ello.


Pero, preguntado por las protestas de algunos jóvenes haitianos, que no vieron con buenos ojos el aterrizaje de los paracaidistas en la explanada del palacio, Preval apela a la sensatez: «Hay muchos heridos y hay que buscar lugares para alojarlos. Si el césped del palacio sirve, se utiliza». Tampoco tiene quejas sobre la rapidez de la ayuda y asume su propia responsabilidad: «No teníamos infraestructuras; ni almacenes ni camiones. Ahí están las causas del retraso y de las dificultades para repartir los socorros. En poco tiempo hemos sufrido dos ciclones y el peor terremoto registrado en la región... Pero no estamos acabados. Un pueblo no muere. Resurgiremos». El ánimo de Preval no oculta la enorme tarea que queda. Primero, la seguridad. Aunque los casos de violencia y saqueo han sido muy escasos para la magnitud de lo sucedido, el presidente advierte de que se han escapado 8.000 presos de la cárcel destruida, entre ellos algunos jefes de bandas. «No nos quedan más que dos mil policías. También han sufrido las tropas de la ONU. Pero, a medida que los haitianos van comprendiendo la magnitud de la tragedia, empieza a surgir un clima de solidaridad y apoyo».
Junto a los problemas de seguridad, aún aislados –ayer hubo disparos de un francotirador contra miembros de una ONG francesa– , el gran problema es la falta de infraestructuras para desplegar la ayuda y acceder a los pueblos y barrios dispersos.


Y mientras el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, pidió ayer un gran esfuerzo internacional de reconstrucción de Haití similar al «Plan Marshall», EE UU anunció que abrirá otras dos pistas de aterrizaje y arrojará más suministros desde el aire para aliviar la presión sobre el aeropuerto de Puerto Príncipe, donde la asistencia se acumula sin ser repartida. Los marines han de-sembarcado en Leogane, al oeste de la capital, donde ocupan una playa por la que introducirán asistencia. Asimismo, se abrirán dos nuevos aeropuertos en un plazo de 48 horas. El primero, en el municipio Jacmel, epicentro de la réplica de ayer, para asistir a las provincias del sur. El segundo, en el centro, en San Isidro.

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