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La intervención de EE UU en Haití suscita recelos

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Nueva York / París - M. Torres / Á. del Río

La pasta de dientes se ha convertido en el bien más preciado en Haití para ponérsela en el labio superior y así luchar contra el olor de los cuerpos en descomposición. En ese mismo escenario y dando una cruda fe de la paradoja de la existencia, mujeres dan a luz en la calle mientras los heridos se desgañitan pidiendo auxilio.
En este país devastado sin una estructura institucional que pueda distribuir los paquetes de la ayuda internacional, la Administración Obama ha ordenado el despliegue de más de 12.000 soldados. La iniciativa norteamericana, que pretende terminar con la ley de la selva que ahora reina en el país caribeño y garantizar un reparto equitativo de los alimentos y la ayuda, no ha sentado bien a determinados Gobiernos. A las críticas del presidente venezolano Hugo Chávez, que acusa a EE UU de «ocupar» el país, o los recelos de Brasil, se sumaron ayer las de un alto cargo francés.
Sin llegar al nivel de crisis diplomática, sí que se levantó ayer un revuelo por las palabras duras del secretario galo de Cooperación, Alain Joyandet. El francés criticó el incidente de este fin de semana en que un avión galo cargado con un hospital de campaña y diez equipos quirúrgicos fue desviado a la República Dominicana. Horas después pudo aterrizar, pero gracias a su mediación personal y a una negociación a pie de pista con el personal norteamericano que gestiona «de facto» el aeropuerto haitiano, y tras la que el dirigente aseguró haber «protestado oficialmente» ante la embajada estadounidense.


«De lo que se trata es de ayudar a Haití, no de ocuparlo. De hacer lo posible para que reviva», dijo, incisivo, y recién regresado del devastado país caribeño en donde «la situación es peor incluso que la que describen los medios».

Definir la misión

No es la primera crítica que le llueve a la superpotencia y para evitar nuevos encontronazos Joyandet confía en que Naciones Unidas defina su papel. «La ONU está trabajando. Espero que haya pronto una decisión y que las cosas se precisen en relación al rol de EE UU, declaraba, pese a las tentativas de sus superiores de minimizar las fricciones.
Éste fue el caso del jefe de la diplomacia gala, Bernard Kouchner, quien restó importancia a la polémica después de que su Ministerio desmintiera al secretario de Estado asegurando que no se había cursado ninguna protesta oficial ante Washington. «Lo importante es el futuro de los haitianos», subrayó en una entrevista en la que calificó de «positiva» la competición entre ONG para hacer llegar su ayuda. «El esfuerzo de solidaridad internacional es gigantesco –dijo– y es preferible que se compita para asistir a las víctimas a que nadie lo haga».
Oficialmente, el liderazgo estadounidense no generaría suspicacias. De hecho, la coordinación de la ayuda «es una decisión afortunada», reconocía este domingo el secretario general del Elíseo, Claude Gueant. Según la mano derecha de Nicolas Sarkozy, «no es momento de manifestar rivalidades entre países». Sobre todo entre aquellos que ya están preparando el terreno para la reconstrucción de la isla.
Desde EE UU, se intentó acallar la críticas con un comunicado conjunto con el Ejecutivo haitiano en el que se aseguraba que el país caribeño considera «esenciales» sus esfuerzos y, por ello, había solicitado su asistencia.
En este sentido, el responsable adjunto de la embajada de EE UU en Haití, David Lindwall, aseguró que la presencia estadounidense se debe a una solicitud directa del presidente del país. «El presidente Preval nos pidió desde el principio que fuéramos y que lleváramos toda la asistencia posible. Que lleváramos a gente que tuviera la capacidad de hacer bien el trabajo y que no necesitara dos o tres días o una semana para hacerlo». «El Ejército de EE UU tiene una gran experiencia en Haití y tiene recursos que otras agencias tardarían días en movilizar», dijo.
Mientras, el teniente general norteamericano Ken Keen admitió que Puerto Príncipe es menos violenta que antes del desastre natural. «¿Hay bandas? Sí. ¿Había antes del terremoto? Por supuesto», destacó el mismo comandante general del Ejército del Comando Sur. A primera hora de ayer, había sobre el terreno un total de 5.800 soldados estadounidenses, aunque se esperaba que se superen los 12.000 efectivos entre el país del Caribe y las diferentes embarcaciones que ha enviado Washington.
El ex presidente Bill Clinton también se desplazó ayer a Haití como enviado especial de Naciones Unidas para citarse con el presidente y otras autoridades del Gobierno y hacer entrega de la ayuda humanitaria. «Como enviado especial de la ONU, siento que tengo la obligación de visitar el país y reunirme con su presidente para asegurarme de que nuestra asistencia se coordina de forma efectiva», destacó el ex presidente demócrata.
Su esposa, la secretaria de Estado Hillary Clinton no rehuyó la polémica y negó la supuesta «ocupación» militar y desmintió, a su vez, que hubiese situaciones de caos en el aeropuerto.


«Hay que pensar en los haitianos»
El ministro de Exteriores francés, Bernard Kouchner, quiso ayer minimizar la polémica por las palabras de su secretario de Estado contra la iniciativa americana e insistió en que «lo importante es el futuro de los haitianos». Kouchner aparece en la imagen recibiendo a los damnificados del terremoto de Haití el pasado sábado.

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